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Una danza en la sabana después de la lluvia

Octubre llega a su final. Las lluvias pronto cesan y la sabana inundada deja al descubierto los pastos de los que el ganso del Orinoco (Oressochen jubatus) se alimenta. Es entonces cuando comienza la danza. https://youtu.be/DRwooHpSxkc Generalmente es la hembra quien da el primer paso. Estira el cuello y acerca la cabeza al suelo. El macho responde de inmediato: avanza hacia ella con su pecho inflado y sus alas hacia atrás. La danza se repite una y otra vez, mientras la sabana comienza a secarse y el agua se retira lentamente del suelo del bosque.   Después de la danza, la pareja necesita una cavidad en un árbol para anidar. El macho vuela cerca de un sitio que conoce perfectamente y que, además, está habitado por  humanos. Allí, en un viejo árbol de mango (Mangifera indica) el macho elige anidar. Este árbol cuenta con una cavidad justo en el punto donde nacen las ramas más grandes, lo cual brinda la protección necesaria para ocultar a la hembra y su nido. La hembra sube al árbol mientras el macho permanece abajo. Ella comienza a tapizar la cavidad con hojas y sus propias plumas.   La hembra pone ocho huevos que solo ella incubará. Su compañero permanece en el suelo, desde allí vigila que los intrusos no se acerquen demasiado. El macho está preparado para usar los espolones de sus alas como armas cortopunzantes para defender su territorio. A punta de aletazos ahuyenta a otros machos que también buscan donde anidar.   Durante el día, tanto el macho como la hembra permanecen alerta ante el asedio de rapaces como el carraco (Caracara plancus) y el chiriguare (Milvago chimachima). Por la noche también deben estar vigilantes, pues un reptil como el mato (Tupinambis teguixin) puede escalar sin dificultad el árbol en busca de los huevos. No obstante, la hembra estará allí para propinarle una lección al osado lagarto.   A medida que se acercan las últimas semanas de diciembre, y mientras la hembra calienta y protege sus huevos, las lluvias se vuelven cada vez más escasas en la sabana. En turnos muy cortos, ambos miembros de la pareja aprovechan para alimentarse del verde pasto que crece cerca del viejo mango.   Después de cuatro semanas, seis gansitos están listos para dar su gran salto. Tres metros los separan del suelo.  Uno tras de otro, los pequeños se lanzan para reunirse con sus padres. El macho los conduce hacia la orilla del humedal, mientras la hembra permanece detrás del grupo.  El chiriguare y el carraco ya no son la principal amenaza. En la orilla, algunos pacientes cachirris (Caiman crocodilus) esperan cualquier descuido de las familias de gansos, que empiezan a visitar con mayor frecuencia el humedal. Foto: Yanira Cifuentes – Sarmiento / Asociación Calidris Foto: Yanira Cifuentes – Sarmiento / Asociación Calidris Para febrero, el humedal tiene cada vez menos agua, no solo para los cachirris, sino para los gansos. El pasto escasea y las aves deben compartirlo con un número creciente de vacas, venados (Odocoileus cariacou) y chigüiros (Hydrochoerus hydrochaeris), que también acuden al sitio acompañados de sus crías.   Esta sabana, cada vez menos verde, ha sido testigo del crecimiento de los gansitos. Ahora solo quedan dos bajo el cuidado de sus padres. Los plumones de sus cuerpos han dado paso a las plumas verdaderas, lo que les confiere un aspecto más parecido al de los adultos. Con la escasez de alimento y de agua surge la necesidad de buscar otros lugares a los que no es posible llegar caminando.   En las dos semanas siguientes deben aprender a volar para acompañar a sus padres en busca de nuevos lugares para sobrevivir. Los intentos por volar inician corriendo con rapidez, para luego dar pequeños saltos y finalmente lograr ganar algo de altura. Poco después, consiguen volar con sus padres. https://youtu.be/YYjkL_J__8c Aunque los nuevos sitios visitados cuentan con suficiente agua y pasto, marzo es un mes particularmente seco, lo que obliga a muchos gansos a agruparse alrededor de lagunas que no alcanzan a secarse por completo. En las últimas semanas de abril llegan las primeras lluvias. La sabana recupera poco a poco su color verde.   No todas las parejas lograron reproducirse con éxito. Algunos gansos perdieron sus huevos, pese a haber intentado anidar en más de una ocasión. Otros lucharon infructuosamente para que sus crías no fueran presa de otros animales. Los dos jóvenes gansos de la pareja del viejo mango, en cambio, lucen sanos y fuertes. Sin embargo, el agua que inundará la sabana los obligará a abandonar el sitio donde vieron por primera vez la luz del sol. Los gansos deben partir a otros rincones del Llano.    Pasarán dos o tres años antes de que estos jóvenes gansos tengan su primera danza nupcial bajo las últimas lluvias. Tal vez alguno de ellos regrese al viejo árbol de mango, fiel testigo de la lucha de sus padres por sacar adelante a sus crías en medio de la sabana inundable de los Llanos colombianos.   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información: Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Cada paso cuenta para las aves que anidan en las costas 

Al llegar mayo, aumenta la posibilidad de que si caminas por una playa, un playón o por la orilla de un humedal de nuestras costas e islas, te sorprenda un acto increíble de un ave muy particular. Nido de chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris  Sí, el asombro y la incertidumbre puede apoderarse de ti al ver cómo, un ave de patas largas arrastra un ala sin cesar, mientras se mueve por el suelo y emite sonidos imposibles de ignorar.  Estás siendo testigo de lo que en biología llamamos “despliegue de ala rota”, un comportamiento propio, tanto de aves terrestres como acuáticas, durante su reproducción.     En nuestro caso, podrías estar presenciando el despliegue de ala rota de un alcaldito (Himantopus mexicanus) en el Caribe colombiano. Y si esa acción te hizo pensar que el ave estaba herida, entonces cumplió su cometido. El despliegue de ala rota evitó que pisaras un polluelo o te acercaras demasiado a un nido con sus huevos. Una vez te hayas distanciado los suficiente, la actuación del alcaldito habrá terminado.    Cabe anotar que no todas las aves construyen sus nidos sobre los árboles. Algunas especies como el alcaldito, el ostrero (Haematopus palliatus), el chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia), el gaviotín enano (Sternula antillarum) y el gaviotín blanco (Geochelidon nilotica), entre muchas otras que habitan nuestros litorales, prefieren el suelo para poner sus huevos.   Nido de ostrero (Haematopus palliatus). Foto: Luis Fernando Castillo / Asociación Calidris Nido de alcaldito (Himantopus mexicanus). Foto: Yanira Cifuentes Sarmiento / Asociación Calidris Al vuelo de pájaro, el suelo tal vez parecería el sitio menos seguro para anidar, no solo porque pueden ser hallados por depredadores, sino también porque cualquier persona distraída podría pisarlos. Sin embargo, en áreas abiertas como playas, playones salinos y humedales costeros, los árboles no necesariamente abundan. Además, los nidos en un manglar o en un herbazal de las costas tampoco están libres de riesgos, quizá solo más ocultos a nuestros ojos.    Los huevos y polluelos de aves como el alcaldito o el chorlito piquigrueso, presentan una coloración tan especial que se confunden fácilmente con el entorno.  La mayoría de aves que anidan en las playas tienen polluelos nidífugos, es decir, crías que abandonan el nido poco tiempo después de romper su cascarón. En cuestión de horas los polluelos pueden caminar e incluso buscar alimento en compañía de sus padres.     Aun así, los nidos si enfrentan múltiples riesgos. Los depredadores naturales, las inundaciones y tormentas son apenas algunos de los tantos desafíos que estas aves enfrentan en cada temporada reproductiva. Y como no fuese suficiente, nosotros los humanos con nuestras actividades nos sumamos a los desafíos.     La suela de nuestros zapatos, la llanta de nuestra bicicleta, motocicleta o de cualquier otro vehículo; nuestras mascotas y nuestra basura representan un riesgo enorme para las aves que anidan en nuestras costas e islas. Los perros y gatos pueden detectar nidos mucho más fácilmente de lo que nosotros podemos lograr con binoculares o a simple vista.     Por consiguiente, si entre abril y julio visitas las costas Caribe o Pacífica de Colombia para observar aves, tomar fotografías o simplemente para disfrutar del mar y la brisa, recuerda que a tus pies la vida lucha constantemente por salir adelante. Aquellos sitios menos frecuentados por turistas suelen ser precisamente los lugares elegido por tortugas y aves para reproducirse. Y, cada vez más, esos espacios alejados de la gente son escasos en las costas colombianas.    https://www.youtube.com/watch?v=Fa28fyMurWc   Recomendaciones para visitar áreas de anidación de aves en las costas e islas colombianas    Camina preferiblemente por las áreas húmedas de la playa, cerca del agua. Evita las zonas secas pues suelen ser los sitios usados por las aves para anidar. En humedales costeros, las orillas también pueden acoger nidos, así que transita con mucho cuidado.  Evita llevar mascotas, si lo haces, procura mantenerlas con collar y bajo tu control.  No permitas que perros o gatos, sin un dueño aparente, te sigan y te acompañen a zonas donde pueda haber nidos. Tampoco maltrates a los perros o gatos que encuentres en las áreas de anidación, ya que puedes incluso exponerte a ser atacado por estos animales.  La distancia es clave. Si notas que un ave intenta alejarse de ti, corre o tiene algún comportamiento para atraer tu atención, probablemente estas demasiado cerca, así que debes alejarte o cambiar tu recorrido.  El tiempo que permanezcas en el sitio también importa. Procura obtener fotos sin perturbar de manera significativa a las aves.  Reconoce el impacto de tu presencia. Evita publicar fotos de aves en estado de alarma o en despliegue de ala rota; las mejores imágenes son aquellas en las que las aves lucen tranquilas sin ninguna señal de estrés.  No importa si eres biólogo, observador de aves, fotógrafo de naturaleza, bañista o un visitante casual del sitio, recuerda que, para las aves, eres un intruso en su área de reproducción.  Evita usar playback o drones en áreas de anidación. Una misma playa puede ser usada por más de una especie e individuos para anidar.   Procura no ingresar a estas áreas en grupos grandes, menos de cinco personas para algunos sitios muy abiertos puede resultar más conveniente.  No tomar polluelos o huevos del suelo. En lo posible no toques adultos o polluelos muertos ya que puedes poner en riesgo tu salud. Si encuentras un nido o polluelo aléjate lo más rápido posible.   Documenta el hallazgo: no es necesario la fotografía del nido o del polluelo, simplemente escribe lo que observaste.  No arrojes basura y, si puedes tomar algunos residuos del lugar, hazlo.  Informa al resto de tu grupo que en un área de anidación nuestra presencia puede tener un impacto negativo sobre las aves.  Si encuentras una bandada de aves, evita asustarlas o hacerlas volar. Puedes optar por cambiar tu recorrido o abandonar el sitio.   Si notas algún comportamiento de personas que pone en riesgo a las aves, de manera respetuosa, explica cómo podemos reducir nuestro impacto sobre la reproducción de las especies del sitio.    ¡Por las aves, con la gente! Para más información: Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

¡Vuelve pronto canelo sabanero!

Hace más de una década aprendimos en la Asociación Calidris, que la sabana inundable de Casanare es una parada obligatoria en la migración al norte del continente de Calidris subruficollis. Foto: Yanira Cifuentes / Asociación Calidris El canelo sabanero, también conocido como correlimos escamado, es una especie vulnerable a la extinción a escala global. Durante la época seca en la cuenca del Orinoco, de febrero a abril, visita esas porciones cóncavas de sabanas conocidas como bajos que en época lluviosa se inundan, pero retienen gran humedad durante la época seca.   Esta ave limícola deja sus cuarteles de invierno en el sur de Suramérica para regresar a sus áreas de reproducción en Norteamérica.  Sin embargo, antes debe realizar varias paradas en el continente para acumular grasa, el combustible necesario para su largo viaje. Justamente, la sabana inundable ofrece los recursos que necesita para continuar su migración hacia el norte.   Por ello, cada año estudiamos los hábitats usados por las poblaciones del canelo sabanero en varias Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (AICA) del departamento de Casanare. Tres de estos sitios, el AICA Reservas de la vereda Altagracia, el AICA Reserva Puerto Rico & La Polonia y el AICA Chaviripa-El Rubí, acogen el 1% de la población mundial de esta especie.   Sin embargo, esta tarea no la hacemos solos. Nuestros principales aliados son los ganaderos y propietarios de los predios visitados por el canelo. Con gran compromiso, ellos nos informan sobre la llegada y partida de estas y otras aves migratorias en las AICA. Incluso, don Víctor Salazar, don Genri Parada, don Luis Eduardo Arenas y Eduar Parada, junto a sus respectivas esposas, participan activamente en la toma de datos y el seguimiento de las especies objeto de estudio.   A este grupo también se suma don Francisco Sandoval del AICA Fundo Flor Amarillo, quien, además de estar atento a lo que ocurre con el canelo en su propiedad, nos acompaña en los recorridos por el Casanare con su vehículo llamado La Zamurita. Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris En la Reserva Natural de la Sociedad Civil Hato el Boral, que hace parte del AICA Reservas de la Vereda Altagracia, Policarpo Arenas Arizmendy y sus tías, Libia Arizmendi y Yanire Arizmendy, nos informan sobre la presencia del canelo en su predio, y nos permiten visitar uno de los sitios preferidos del canelo: un bajo de más de 1.000 hectáreas rodeado de morichales y espesos bosques a orillas del río Meta.   No obstante, este año otro sitio clave para el canelo sabanero, el AICA Wisirare, enfrentó un voraz incendio que devastó grandes extensiones de sabanas justo durante la migración de esta ave limícola. Lo preocupante es que el inadecuado manejo del fuego en la sabana, algunas prácticas agrícolas y la perturbación humana ponen en riesgo, no solo la migración de esta especie, sino de otras aves como la chisga negra o tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus), una especie casi amenazada globalmente que depende igualmente de las sabanas del Llano.    El canelo sabanero se ha convertido en un mensajero alado de las sabanas, pampas y pastizales en las Américas, paisajes en los que llaneros, gauchos y vaqueros han construido modos de vida ligados a la ganadería. Tal conexión implica una responsabilidad compartida, trabajar juntos para que, al dejar el Ártico donde se reproduce, el canelo llegue al sur de Suramérica y meses después, vuelva a visitar los Llanos en su viaje de regreso a Norteamérica.   Los Llanos no son la única región clave para el canelo en Colombia; la Amazonia también es fundamental para esta ave. Pero esa es otra historia.   ¡Por las aves, con la gente!   Fuentes: https://www.iucnredlist.org/species/22693447/256354281 https://www.iucnredlist.org/species/22724367/136679828   Para más información:   Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociaado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

¿Cómo diferenciar las especies del género Tringa presentes en Colombia?

Llamadas también andarríos en los textos y tintilines en algunas localidades del Caribe colombiano, estas aves limícolas pueden representar todo un dolor de cabeza para la mayoría de los observadores de aves al momento de tratar de diferenciarlas entre sí. El andarríos mayor (T. melanoleuca) supera en tamaño a andarríos menor (T. flavipes). Foto: Carlos Ruiz.Guerra / Asociación Calidris  En la actualidad, el género Tringa en el país incluye cinco especies pertenecientes a la subfamilia Tringinae, familia Scolopacidae: el andarríos solitario (Tringa solitaria), el correlimos errante (Tringa incana), el andarríos mayor (Tringa melanoleuca), el andarríos alinegro (Tringa semipalmata) y el andarríos menor (Tringa flavipes). Iniciaremos con agrupar al género Tringa en andarríos patimarillos, en los que incluiremos al andarríos mayor (T. melanoleuca), el andarríos menor (T. flavipes) y el andarríos solitario (T. solitaria). Cabe anotar que el andarríos solitario (T. solitaria) cuenta con patas que tienden a ser más verdosas que amarillas.   Las vocalizaciones propias de las especies del género Tringa pueden resultar muy útiles para identificarlas, no obstante, se pueden presentar situaciones en las que estas especies permanecen en silencio ante los ojos de quien pretende identificarlas. Tanto el andarríos menor (T. flavipes) como el andarríos mayor (T. melanoleuca) y el andarríos solitario (T. solitaria) pueden compartir hábitats en ambas costas colombianas, así como humedales y ríos en el interior del país. De hecho, las tres especies pueden ser encontradas en un mismo sitio al mismo tiempo y de ser así, resulta más fácil diferenciarlas si se tiene en cuenta su tamaño. En el andarríos mayor (T. melanoleuca) la longitud del pico es similar a la del tarso. Foto: Carlos Ruiz-Guerra /Asociación Calidris En el andarríos menor (T. flavipes) el tarso es más largo que el pico. Foto: Carlos Ruiz-Guerra / Asociación Calidris En el andarríos solitario (T. solitaria) la longitud del pico es similar a la del tarso. Foto: Carlos Ruiz-Guerra / Asociación Calidris A continuación mencionamos algunos elementos clave para diferenciar a estas especies:    En vuelo el andarríos menor (T. flavipes) los dedos y parte de los tarsos sobresalen claramente más allá de la cola. En vuelo en el andarríos mayor (T. melanoleuca) y el andarríos solitario (T. solitaria) apenas los dedos rebasan la cola. Las narinas en el andarríos mayor (T. melanoleuca) se ubican más alejadas de las plumas faciales que en el andarríos menor (T. flavipes), en el que se sitúan más próximas a la cara. En algunas ocasiones, el andarríos mayor (T. melanoleuca) puede mostrar una protuberancia en el cuello que recuerda una manzana de Adán. Las vocalizaciones de reclamo del andarríos mayor (T. melanoleuca) son más claras y sencillas, mientras que las del andarríos menor (T. flavipes) son más agudas y entrecortadas, generalmente de dos notas frente a las tres o cuatro del andarríos mayor. Sin embargo, el número de notas puede variar en ambas especies, por lo cual el tono es más confiable que la cantidad de notas para diferenciarlas. Bibliografía   Elphick, C. S. and T. L. Tibbitts (2020). Greater Yellowlegs (Tringa melanoleuca), version 1.0. In Birds of the World (A. F. Poole and F. B. Gill, Editors). Cornell Lab of Ornithology, Ithaca, NY, USA. https://doi.org/10.2173/bow.greyel.01 Hayman, J., T. Prater. 1986. Shorebirds: an identification guide to the waders of the world. London and Sidney: Croom Helm.   Para más información:   Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociaado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Las aves limícolas de Colombia 

Con esta nueva publicación, la Asociación Calidris presenta los principales avances en el conocimiento de este grupo de aves acuáticas como respuesta al creciente interés que han despertado en la comunidad ornitológica colombiana y en el resto del continente.  Con esta nueva publicación, la Asociación Calidris presenta los principales avances en el conocimiento de este grupo de aves acuáticas como respuesta al creciente interés que han despertado en la comunidad ornitológica colombiana y en el resto del continente.    Actualmente, Colombia alberga 55 especies de aves limícolas. De hecho, una de ellas fue adicionada recientemente a la lista mientras que este documento se encontraba en imprenta: la aguja colipinta (Limosa lapponica). Esta especie, considerara una limícola errática en el país, fue reportada en la costa de Bolívar por Jorge Enrique Alcalá, de la Sociedad Ornitológica de Bolívar. Debido a que este registro se confirmó cuando el documento estaba en proceso de impresión, en esta edición únicamente se tratan 54 especies. Situaciones como esta no son raras en el estudio de las aves limícolas en Colombia, donde los nuevos registros son también producto del creciente números de personas interesadas en este grupo en el país.    Las dos familias más conocidas de las aves limícolas son Scolopacidae y Charadriidae. La primera incluye especies comúnmente llamadas playeros, piuritas, andarríos, becasas, agujas, tatascos, agachadizas, correlimos, chirlitas, tintilines, pirinolas, tanguitas o piragüitas. La segunda agrupa a tangas, pellares, alcaravancitos, chorlos, chorlas, chorlitos y pipiros.     Además, las aves limícolas comprenden otras familias igualmente fascinantes: los tuquituquis, gallitos de ciénaga o chequés (Jacanidae), el ostrero (Haematopodidae), los galanes, güereres o alcaravanes (Burhinidae), los alcalditos, terententenes o cigüeñuelas (Recurvirostridae) y las agachonas (Thinocoridae).  Esta es apenas una muestra de la gran variedad de nombres comunes con los que se conocen las aves limícolas en Colombia. Reunirlas bajo un mismo nombre no es una tarea sencilla, pues su distribución abarca todo el país y no se limitan exclusivamente a ambientes acuáticos. Más que el agua en sí, es su afinidad por el lodo, el barro o el limo, lo que permite agrupar aves que pueden encontrarse a orillas del mar, en un páramo o en una sabana.    Agradecemos a las más de 50 personas que participaron en la construcción de este documento, el cual busca convertirse en el principal insumo para la actualización del Plan de Conservación de aves limícolas de Colombia, proceso liderado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Gobierno de Colombia.    Para descargar, clic aquí

Guía de bolsillo: Aves de los humedales de la Orinoquia colombiana – VERSIÓN 2026

Este material es un producto del proyecto “Sitios de Importancia para la Conservación de las Aves acuáticas en los Departamentos de Meta y Casanare” y está disponible para el público en general de manera gratuita a vuelta de correspondencia, los gastos de ésta deben ser asumidos por el interesado.   Quien esté interesado en uno o más ejemplares por favor hacer la solicitud formal al correo: comunicaciones@calidris.org.co, suministrando los datos de envío.   Descarga la Guía Aves de los humedales de la Orinoquia colombiana:  Clic aquí para descargar

2025: por las aves, con la gente.

Por: Luis Fernando Castillo, director Asociación Calidris El 2025 fue un año intenso, y de balance profundo, aprendizajes y proyección estratégica para nuestra Organización. Un año para reconocer el camino andado, valorar los logros alcanzados y reafirmar, con esperanza y convicción, nuestro compromiso con la conservación de las aves y los ecosistemas, junto a las comunidades y los territorios que les dan vida. Foto: Asociación Calidris. Conteo Navideño 2025 2025 fue el año de culminación de nuestro Plan Estratégico 2020–2025, un periodo que consolidó procesos científicos, sociales e institucionales en distintas regiones de Colombia y del hemisferio. Este cierre no fue solo administrativo: fue la confirmación de una forma de trabajar basada en el conocimiento, el diálogo con las comunidades y la construcción colectiva. Al mismo tiempo, iniciamos la formulación del nuevo Plan Estratégico con horizonte al 2030, proyectando lo aprendido hacia el futuro.   El contexto del año presentó retos importantes. Los cambios en las políticas de financiación internacional afectaron el ritmo y la continuidad de algunos procesos, obligándonos a priorizar, ajustar y tomar decisiones complejas. Estos desafíos fortalecieron nuestra capacidad institucional y reafirmaron la importancia de la planificación estratégica, la diversificación de alianzas y la coherencia con nuestra misión.   A lo largo del año, Calidris desarrolló 14 proyectos de conservación, que se desplegaron en las regiones Andina, Pacífica, Caribe, Orinoquia y Llanos, abordando temas como la conservación de reinitas migratorias, aves playeras, ciencia participativa, centros de ciencia y programas de conservación de sabanas y corredores de migración.   Estas iniciativas se tradujeron en 22 intervenciones directas en áreas protegidas públicas y privadas, así como en estrategias complementarias de conservación. Gracias a este esfuerzo sostenido, fue posible incidir de manera directa en la gestión y protección de más de 327.000 hectáreas, fortaleciendo ecosistemas clave para las aves migratorias y residentes.   De manera complementaria, el trabajo territorial desarrollado durante 2025 aportó a procesos de conservación y manejo en 73.804 hectáreas distribuidas en distintas regiones del país, reflejando el alcance, la diversidad de escalas y la vocación territorial del trabajo de Calidris. Foto: Fundación BBVA Foto: Dinaluz Estupiñán / Asociación Calidris. Expedición Sanquianga 2025 El trabajo con la gente y las comunidades siguió siendo el corazón de nuestra acción. Durante 2025, cerca de 800 personas participaron directamente en procesos de sensibilización, valoración participativa, fortalecimiento de capacidades, planes de mejoramiento de medios de vida y acciones de conservación en las que las comunidades fueron protagonistas.   Estos procesos beneficiaron de manera directa a 174 familias, y de forma indirecta a 50 familias adicionales, ampliando el impacto social de nuestras acciones. La participación activa de mujeres y hombres, así como de familias completas, fortaleció el tejido social y la apropiación local de la conservación como una apuesta compartida.   Consolidamos acciones de divulgación y educación ambiental a través de publicaciones, festivales de aves y el fortalecimiento de iniciativas como Ciudad de las Aves en el Valle del Cauca. Estos espacios contribuyeron a una mayor apropiación social de la biodiversidad y al reconocimiento de las aves como indicadores de la salud de los ecosistemas.   Avanzamos también en la estructuración del Plan de Aves Limícolas de Colombia, y fortalecimos el trabajo con este grupo de aves en regiones estratégicas como los Llanos Orientales y la Amazonia. En la Cordillera Occidental del Valle del Cauca continuamos desarrollando acciones enfocadas en la conservación de reinitas migratorias y sus hábitats.   Uno de los hitos más significativos de 2025 fue sin duda el reconocimiento internacional otorgado por la Fundación BBVA de España, que concedió a Calidris el Premio a la Conservación de la Biodiversidad en Latinoamérica. Este premio reconoce años de trabajo colectivo en favor de las aves playeras migratorias de la costa del Pacífico latinoamericano y reafirma la pertinencia, la calidad y el impacto de nuestra labor.   Iniciamos el 2026 con gratitud hacia las comunidades, aliadas y aliados, donantes, voluntarias y voluntarios, y hacia todas las personas que hacen posible el trabajo de Calidris. Miramos hacia el 2030 con responsabilidad y esperanza, convencidas y convencidos de que la conservación efectiva se construye de manera colectiva, con ciencia, compromiso ético y una profunda conexión con los territorios y sus comunidades.   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información: Luis Fernando Castillo Director Asociación Calidris calidris@calidris.org.co

Iscuandé: una conquista histórica por la vida, el territorio y la naturaleza

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El pasado 25 de marzo de 2025 quedará grabado en la memoria de muchas personas y, sobre todo, en el corazón del Consejo Comunitario de Comunidades Negras Esfuerzo Pescador, en la costa pacífica nariñense. Foto: Asociación Calidris / Luis Fernando Castillo Ese día, la Corte Constitucional de Colombia, respondiendo a la tutela presentada por José Kenedy Caicedo Sinisterra, en representación del Consejo Comunitario y dio un paso histórico en la defensa de la justicia territorial y la justicia ambiental.   Mediante la Sentencia T-105 de 2025, se reconoció por fin un derecho largamente esperado: el de titular colectivamente las tierras de manglares y bajamar que ancestralmente han habitado y cuidado las comunidades negras, raizales y palenqueras.   Este fallo rompe viejas barreras jurídicas y confirma algo que siempre supimos y defendimos junto a ellos: que los territorios étnicos y los bienes comunes pueden y deben coexistir para el bien de la naturaleza y de las culturas que la habitan y la protegen.   Una historia compartida de confianza y conservación   Nuestra historia con el Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador comenzó hace ya más de 20 años. Fue en 2004 cuando llegamos por primera vez a este territorio colectivo, guiados por las voces de los funcionarios del Parque Nacional Natural Sanquianga, quienes nos hablaron de un lugar mágico: un bajo intermareal conocido como “La Cunita”, donde miles de aves playeras se congregaban para descansar.   Aquel primer encuentro con el territorio y con su gente marcó el inicio de una profunda y larga relación. A lo largo de estas dos décadas hemos compartido mucho más que proyectos y visitas de monitoreo de aves, hemos compartido la vida.   Hemos celebrado un Acuerdo de Conservación, reconocimientos nacionales e internacionales, la declaración de “La Cunita” como Sitio de Importancia para Aves Playeras. Se interiorizo y posicionó la captura de la piangua de taller reglamentaria. Hemos trabajado juntos en el campo durante cientos de horas, participando en reuniones, asambleas y buenas conversaciones.   Pero también hemos estado juntos en los momentos difíciles: desplazamientos forzados, un terremoto, una pandemia. Y hemos sido testigos de nacimientos, matrimonios, graduaciones y despedidas. Porque cuando se camina junto a una comunidad durante tanto tiempo, los lazos que se tejen van mucho más allá de lo profesional. Foto: Asociación Calidris / Luis Fernando Castillo Foto: Asociación Calidris / Luis Fernando Castillo Un sueño cumplido: el territorio es de quienes lo cuidan   Durante todos estos años, un anhelo común estuvo presente: lograr la titulación colectiva de las más de 14.000 hectáreas que hacen parte del territorio ancestral del Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador. Sabíamos que este reconocimiento no solo era un acto de justicia, sino una condición indispensable para garantizar la existencia, la autodeterminación y la autonomía de esta comunidad profundamente ligada a su territorio.   Hoy, con enorme alegría y orgullo, celebramos junto a ellos este logro histórico. Sabemos cuánto esfuerzo, paciencia y resistencia se necesitaron para recorrer este largo camino.   La decisión de la Corte Constitucional no solo reconoce derechos sobre la tierra. Reconoce también el conocimiento tradicional y el manejo ambiental que esta comunidad ha ejercido en sus manglares, sus esteros y sus planicies intermareales. Reconoce su papel insustituible en la conservación de ecosistemas estratégicos para miles de aves playeras que viajan cada año buscando un refugio, alimento o descanso.   Foto: Asociación Calidris / Luis Fernando Castillo Como amigos y socios del Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador, esperamos seguir caminando juntos, aprendiendo y trabajando por un territorio vivo, digno y libre. Porque conservar es también reconocer, valorar y defender a las personas que cuidan la naturaleza con amor y desde siempre.   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información Luis Fernando Castillo Director Asociación Calidris calidris@calidris.org.co

¡Vamos a monitorear nuestras aves y nuestras playas! 

En los ecosistemas costeros de Bocagrande y El Bajito Tumac estamos conformando un grupo de ciencia participativa para monitorear las aves acuáticas, migratorias y residentes, con el fin de fortalecer las buenas prácticas del turismo regenerativo y aportar a la sostenibilidad del territorio. Grupo de ciencia participativa Bocagrande Tumaco, Nariño. La Asociación Calidris y el programa Destino Naturaleza de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) estamos implementando el proyecto “Aves acuáticas y perturbaciones humanas en las playas de El Bajito Sanador y Bocagrande en Tumaco – Nariño: Una propuesta de turismo regenerativo y monitoreo participativo comunitario”.     En el marco de dicho proyecto, en el mes de noviembre llevamos a cabo nuestro segundo encuentro. El primer día, llegaron muy puntuales Mario, Yefferson, Diana Carolina, Sandra, Óscar, Alexis, Víctor, Lucía, Cristian, Isaul, Rosa y Nataly, quienes con buen ánimo y, desde cada una de sus organizaciones nos acogieron, y dimos así, inicio al taller en el que nos propusimos realizar un diagnóstico participativo de amenazas y oportunidades de las playas de Bocagrande.    En mapas impresos, identificamos aquellos lugares donde se pueden observar diversas especies de aves acuáticas, así como otros grupos animales como ballenas y tortugas, de igual manera destacamos la importancia de  lugares, ricos en pesca artesanal, gastronomía y espacios de conservación, entre otros. También identificamos las amenazas existentes. Este diagnóstico, es una importante herramienta para la construcción del plan de monitoreo que realizaremos en esta localidad. Para ello, el grupo propuso una pregunta orientadora, que dará paso al proceso de investigación.  Grupo de ciencia participativa Bocagrande Grupo de ciencia participativa Bocagrande Estas actividades se replicaron con los integrantes del grupo de ciencia participativa que viven en la playa de El Bajito, donde nos dieron la bienvenida y nos contaron que su barrio es reconocido localmente como El Bajito Tumac, y que así es como prefieren nombrarlo.    Acá, Héctor, Magaly, Diana Elizabeth, Lida, Kelly, Carolina, Jesús, Marcela, Magdalena, María Aide y Grimanesa, en distintas mesas de trabajo, hicieron el diagnóstico de oportunidades y amenazas del territorio, y socializaron los pasos a seguir en la construcción del plan de monitoreo.    El encuentro, tanto en Bocagrande como en El Bajito Tumac, nos permitió abordar el tema de la comunicación como un elemento fundamental en el fortalecimiento comunitario y las buenas prácticas del turismo. Como parte de las actividades, identificamos audiencias, mensajes y medios clave para fortalecer este proceso.  Grupo de ciencia participativa El Bajito Tumac Grupo de ciencia participativa El Bajito Tumac De esta manera, el grupo de ciencia participativa de Bocagrande y del Bajito Tumac, toma fuerza y se prepara para el mes de diciembre, cuando nos reencontraremos para profundizar en el plan de monitoreo y para avanzar en el diseño de una estrategia de comunicación, los cuales aporten a la conservación de las aves acuáticas y migratorias, y al fortalecimiento comunitario para la sostenibilidad del territorio.    Este proyecto, liderado por la Asociación Calidris, es financiado por el Programa Destino Naturaleza de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés).    Para más información  Dina Luz Estupiñán Investigadora Asociación Calidris dina.estupinan@calidris.org.co 

Cali, ciudad de aves y de ciencia ciudadana  

El Censo Urbano de Aves de Cali es una actividad de ciencia ciudadana que contribuye, desde hace una década, al conocimiento y monitoreo de la biodiversidad urbana y fortalece la relación de los caleños con la naturaleza. Santiago de Cali, Colombia. El Censo Urbano de Aves de Cali (CUAC) ha demostrado que la colaboración entre la comunidad, las universidades, la sociedad civil y el gobierno, puede generar importantes avances en la conservación de las aves y los ecosistemas urbanos.      El objetivo principal del Censo es identificar y cuantificar las especies de aves que habitan en la ciudad, creando un registro constante que permite observar las tendencias en las poblaciones a lo largo del tiempo. Esta información es importante para la toma de decisiones relacionadas con la conservación de la biodiversidad urbana y la promoción y el diseño de políticas que favorezcan un desarrollo más sostenible.   Iniciado hace una década, el CUAC nació de la necesidad de conocer mejor la avifauna de Santiago de Cali, al suroccidente colombiano, y entender así, cómo se relacionan las aves con el crecimiento de la ciudad, pensando en que pueden ser indicadores para medir la salud ecológica de una ciudad, pues debido a su sensibilidad a los cambios ambientales, actúan como termómetros naturales que reflejan los impactos del crecimiento urbano, la pérdida de áreas verdes, la contaminación y otros factores que alteran los ecosistemas.    Como resultado de este ejercicio, se han identificado más de 240 especies de aves dentro del área urbana de Cali (334 en total incluyendo área semiurbana).  Gracias a la constancia en la realización del censo año tras año, hemos fomentado una creciente participación ciudadana, con la incorporación en las jornadas de observación, de voluntarios, incluidos estudiantes, científicos y aficionados.     Lo anterior, ha permitido tener un mejor conocimiento de la avifauna presente en los diferentes Ecoparques y Bosques Urbanos de la ciudad.  Lo que sin duda evidencia la importancia de Cali como un sitio de valor para las aves migratorias y residentes, consolidando su reputación como Ciudad de las Aves.    El Censo Urbano de Aves de Cali ha permitido un mejor conocimiento de la avifauna presente en los diferentes Ecoparques y Bosques Urbanos de la ciudad. Del Valle del Cauca para el mundo    Cali y el Valle del Cauca se destacan por su gran diversidad de aves, lo que convierte a la región en un referente mundial. La avifauna cumple un rol crucial en el equilibrio de los ecosistemas, actuando como polinizadoras, dispersoras de semillas y controladoras de plagas, lo que es vital para la regeneración de los hábitats naturales y la agricultura local.      Además de su valor ecológico, las aves representan un recurso económico importante. El ecoturismo basado en la observación de aves atrae a visitantes nacionales e internacionales, generando ingresos y fomentando el desarrollo sostenible en la región. Las aves también son indicadores clave de la salud ambiental. Los cambios en sus poblaciones pueden alertar sobre problemas como la degradación de ecosistemas y la contaminación.     Debido a los grandes desafíos que enfrentan las aves por la transformación de los hábitats naturales, generados principalmente por la expansión urbana y las actividades agroindustriales. Su conservación requiere esfuerzos conjuntos que incluyan la creación de más áreas protegidas, la restauración de corredores ecológicos y la promoción de prácticas sostenibles.      Proteger las aves no solo es vital para los ecosistemas, sino también para el bienestar de las futuras generaciones. Involucrarse en proyectos de ciencia ciudadana y respetar los espacios naturales es esencial para garantizar que Cali siga siendo un refugio para la biodiversidad.   Foto: Asociación Calidris. Titiribí pechirojo (Pyrocephalus rubinus) El décimo Censo Urbano de la Ciudad de Cali  Este año se realizará entre el 5 y el 13 de octubre de 2024. Estaremos en 24 sitios diferentes de Cali, entre ellos los ecoparques administrados por el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, DAGMA: Cerro de La Bandera, Corazón del Pance sector el Embudo, Pisamos, Lagunas de Charco Azul y El Pondaje, Cerro de las Tres Cruces – Bataclán, Lago de las Garzas, la Reserva Natural El Danubio y el Ecoparque Río Pance. Igual que en años anteriores, realizaremos observaciones en la Ruta del Sirirí, los barrios Salomia y Bochalema, los corredores de los ríos Cali y Lili, la Hacienda Cañasgordas y los parques del Norte, del ingenio III y del acueducto de San Antonio, Bosque Escondido, La Buitrera, el Jardín Botánico y el Zoológico de Cali.   El enfoque participativo que tiene el Censo Urbano de Aves de Cali permite que la comunidad se involucre de manera directa en el conocimiento de la biodiversidad de su ciudad, fomentando una mayor conciencia ambiental. Al observar las aves en su entorno cotidiano, los ciudadanos no solo aprenden sobre la diversidad de especies que coexisten con ellos, sino que también se convierten en defensores de la protección de los espacios naturales dentro de la ciudad.     Para más información  Luis Fernando Castillo Asociación Calidris calidris@calidris.org.co