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“Pajareando a lo bien”

La observación de aves no solo constituye un pasatiempo placentero, sino también una oportunidad para contribuir al conocimiento, la protección de los hábitats y la preservación de los servicios ecosistémicos. Foto: archivo fotográfico del manual «pajareando a lo bien» La Asociación Calidris comparte el primer manual de buenas prácticas para la observación de aves en el Valle del Cauca, que subraya la necesidad de llevar a cabo una actividad responsable, que reduzca las perturbaciones y favorezca la construcción de conocimiento para fortalecer la conservación. De esta forma, cada observador se convierte en un aliado para la preservación de esta riqueza avifaunística para las generaciones futuras.   “Pajareando a lo bien” ha sido elaborado para ofrecer lineamientos orienten la observación de aves en el Valle del Cauca, tomando como base recomendaciones internacionales y adaptándolas al contexto local. Con este esfuerzo, se busca fortalecer la práctica de la observación de aves en el Valle del Cauca y consolidar al departamento como un destino de referencia en Colombia, promoviendo un turismo armónico con la naturaleza y la conservación de su patrimonio. Rupornis magnirostris. Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Colaptes punctigula. Foto: Dina Luz Estupiñán / Asociación Calidris La observación de aves no solo constituye un pasatiempo placentero, sino también una oportunidad para contribuir al conocimiento, la protección de los hábitats y la preservación de los servicios ecosistémicos. En este sentido, nuestro departamento es un territorio privilegiado por la diversidad de ecosistemas que alberga una extraordinaria variedad de aves. Con cerca de 1.000 especies registradas, entre ellas endémicas y migratorias, el departamento se ha consolidado como un destino de gran relevancia para la observación de aves.   Sin embargo, su expansión conlleva retos y responsabilidades, por lo que resulta necesario adoptar buenas prácticas que minimicen los impactos ambientales, garantizando una observación respetuosa y sostenible.   Este manual ha sido elaborado con el propósito de ofrecer lineamientos claros que orienten la observación de aves en el Valle del Cauca, tomando como base recomendaciones internacionales y adaptándolas al contexto local. Está dirigido a toda la comunidad de observadores, tanto profesionales como aficionados, comprometidos con el ejercicio de esta actividad de manera ética y responsable. Descarga “Pajareando a lo bien”, manual de buenas prácticas para la observación de buenas prácticas en el Valle del Cauca.   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Fernando CastilloDirectorAsociación Calidriscalidris@calidris.org.co

Cada paso cuenta para las aves que anidan en las costas 

Al llegar mayo, aumenta la posibilidad de que si caminas por una playa, un playón o por la orilla de un humedal de nuestras costas e islas, te sorprenda un acto increíble de un ave muy particular. Nido de chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris  Sí, el asombro y la incertidumbre puede apoderarse de ti al ver cómo, un ave de patas largas arrastra un ala sin cesar, mientras se mueve por el suelo y emite sonidos imposibles de ignorar.  Estás siendo testigo de lo que en biología llamamos “despliegue de ala rota”, un comportamiento propio, tanto de aves terrestres como acuáticas, durante su reproducción.     En nuestro caso, podrías estar presenciando el despliegue de ala rota de un alcaldito (Himantopus mexicanus) en el Caribe colombiano. Y si esa acción te hizo pensar que el ave estaba herida, entonces cumplió su cometido. El despliegue de ala rota evitó que pisaras un polluelo o te acercaras demasiado a un nido con sus huevos. Una vez te hayas distanciado los suficiente, la actuación del alcaldito habrá terminado.    Cabe anotar que no todas las aves construyen sus nidos sobre los árboles. Algunas especies como el alcaldito, el ostrero (Haematopus palliatus), el chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia), el gaviotín enano (Sternula antillarum) y el gaviotín blanco (Geochelidon nilotica), entre muchas otras que habitan nuestros litorales, prefieren el suelo para poner sus huevos.   Nido de ostrero (Haematopus palliatus). Foto: Luis Fernando Castillo / Asociación Calidris Nido de alcaldito (Himantopus mexicanus). Foto: Yanira Cifuentes Sarmiento / Asociación Calidris Al vuelo de pájaro, el suelo tal vez parecería el sitio menos seguro para anidar, no solo porque pueden ser hallados por depredadores, sino también porque cualquier persona distraída podría pisarlos. Sin embargo, en áreas abiertas como playas, playones salinos y humedales costeros, los árboles no necesariamente abundan. Además, los nidos en un manglar o en un herbazal de las costas tampoco están libres de riesgos, quizá solo más ocultos a nuestros ojos.    Los huevos y polluelos de aves como el alcaldito o el chorlito piquigrueso, presentan una coloración tan especial que se confunden fácilmente con el entorno.  La mayoría de aves que anidan en las playas tienen polluelos nidífugos, es decir, crías que abandonan el nido poco tiempo después de romper su cascarón. En cuestión de horas los polluelos pueden caminar e incluso buscar alimento en compañía de sus padres.     Aun así, los nidos si enfrentan múltiples riesgos. Los depredadores naturales, las inundaciones y tormentas son apenas algunos de los tantos desafíos que estas aves enfrentan en cada temporada reproductiva. Y como no fuese suficiente, nosotros los humanos con nuestras actividades nos sumamos a los desafíos.     La suela de nuestros zapatos, la llanta de nuestra bicicleta, motocicleta o de cualquier otro vehículo; nuestras mascotas y nuestra basura representan un riesgo enorme para las aves que anidan en nuestras costas e islas. Los perros y gatos pueden detectar nidos mucho más fácilmente de lo que nosotros podemos lograr con binoculares o a simple vista.     Por consiguiente, si entre abril y julio visitas las costas Caribe o Pacífica de Colombia para observar aves, tomar fotografías o simplemente para disfrutar del mar y la brisa, recuerda que a tus pies la vida lucha constantemente por salir adelante. Aquellos sitios menos frecuentados por turistas suelen ser precisamente los lugares elegido por tortugas y aves para reproducirse. Y, cada vez más, esos espacios alejados de la gente son escasos en las costas colombianas.    https://www.youtube.com/watch?v=Fa28fyMurWc   Recomendaciones para visitar áreas de anidación de aves en las costas e islas colombianas    Camina preferiblemente por las áreas húmedas de la playa, cerca del agua. Evita las zonas secas pues suelen ser los sitios usados por las aves para anidar. En humedales costeros, las orillas también pueden acoger nidos, así que transita con mucho cuidado.  Evita llevar mascotas, si lo haces, procura mantenerlas con collar y bajo tu control.  No permitas que perros o gatos, sin un dueño aparente, te sigan y te acompañen a zonas donde pueda haber nidos. Tampoco maltrates a los perros o gatos que encuentres en las áreas de anidación, ya que puedes incluso exponerte a ser atacado por estos animales.  La distancia es clave. Si notas que un ave intenta alejarse de ti, corre o tiene algún comportamiento para atraer tu atención, probablemente estas demasiado cerca, así que debes alejarte o cambiar tu recorrido.  El tiempo que permanezcas en el sitio también importa. Procura obtener fotos sin perturbar de manera significativa a las aves.  Reconoce el impacto de tu presencia. Evita publicar fotos de aves en estado de alarma o en despliegue de ala rota; las mejores imágenes son aquellas en las que las aves lucen tranquilas sin ninguna señal de estrés.  No importa si eres biólogo, observador de aves, fotógrafo de naturaleza, bañista o un visitante casual del sitio, recuerda que, para las aves, eres un intruso en su área de reproducción.  Evita usar playback o drones en áreas de anidación. Una misma playa puede ser usada por más de una especie e individuos para anidar.   Procura no ingresar a estas áreas en grupos grandes, menos de cinco personas para algunos sitios muy abiertos puede resultar más conveniente.  No tomar polluelos o huevos del suelo. En lo posible no toques adultos o polluelos muertos ya que puedes poner en riesgo tu salud. Si encuentras un nido o polluelo aléjate lo más rápido posible.   Documenta el hallazgo: no es necesario la fotografía del nido o del polluelo, simplemente escribe lo que observaste.  No arrojes basura y, si puedes tomar algunos residuos del lugar, hazlo.  Informa al resto de tu grupo que en un área de anidación nuestra presencia puede tener un impacto negativo sobre las aves.  Si encuentras una bandada de aves, evita asustarlas o hacerlas volar. Puedes optar por cambiar tu recorrido o abandonar el sitio.   Si notas algún comportamiento de personas que pone en riesgo a las aves, de manera respetuosa, explica cómo podemos reducir nuestro impacto sobre la reproducción de las especies del sitio.    ¡Por las aves, con la gente! Para más información: Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

La chisga negra, memoria emplumada del Llano

Aunque décadas atrás, la chisga negra o tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus), causaba preocupación entre los arroceros de Meta, Casanare y Arauca, debido a que cientos de individuos arrasaban con sus cultivos, hoy en día es un ave que pasa casi desapercibida en la Orinoquia. Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris La chisga negra es una especie de ave migratoria que cruza la cuenca del río Orinoco al final de la temporada seca, entre abril y mayo, antes de regresar a sus áreas de reproducción en los Estados Unidos y Canadá.  Actualmente es considerada casi amenazada a escala global, ya que sus poblaciones han disminuido significativamente por la pérdida de su hábitat, tanto en Norteamérica, donde se reproduce, como en Suramérica, a donde migra a partir de agosto.    Justamente, la concentración de muchos individuos en los cultivos de arroz llevó a que la chisga negra fuese considerada una plaga por agricultores en diferentes lugares del continente. El impacto económico sobre este cultivo fue tan fuerte en Casanare y Arauca que, en diferentes reuniones realizadas por la Asociación Calidris, algunos arroceros mencionaron que modificaron la cronología de sus cultivos, para que, a la llegada de la chisga, las plantas de arroz aun no tuvieran granos que pudieran consumir.  Este cambio también estuvo condicionado por la restricción del uso del agua durante la temporada seca por parte de Corporinoquia, autoridad ambiental de la región.    Años atrás, mientras estudiábamos que aves visitaban los cultivos de arroz en Casanare, presenciamos como los granos eran consumidos por cientos de chisgas negras que se unían a bandadas del arrocero migratorio (Spiza americana). De hecho, para muchos agricultores ambas especies correspondía a una sola, por lo que simplemente las llamaban chisgas.     No obstante, otros agricultores sí reconocían diferencias entre las chisgas, tanto en el comportamiento como en la época en que llegaban a los cultivos e incluso que tipo de grano preferían consumir. De allí surgieron los nombres de chisga negra (Dolichonyx oryzivorus) y chisga mona (Spiza americana).    Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris El plumaje no reproductivo del macho y la hembra es, en parte, la razón por la cual la chisga negra suele confundirse con el arrocero migratorio y con el soldadito o bayetón (Leistes militaris). Este plumaje se caracteriza por tonos crema, amarillos y grises presentes en jóvenes, hembras y machos. Sin embargo, a finales de abril, es posible encontrar algunos machos que adquieren su plumaje reproductivo, en el que el color negro predomina en casi todo el cuerpo y contrasta con la rabadilla blanca y el amarillo de la parte posterior de la cabeza y el cuello.     Cabe anotar que, para la chisga negra y otras especies de aves, los arrozales y otros monocultivos, pueden funcionar como un restaurante de comida rápida. En estos sitios, el alimento se concentra en un espacio limitado, lo que permite a las aves alimentarse con mayor facilidad al permanecer, buena parte del día, en el cultivo, en lugar de recorrer varios kilómetros en busca de alimento en las sabanas.    El precio que estas aves deben pagar por usar un hábitat artificial puede ser alto, debido a las posibles afectaciones para su salud, asociadas al uso excesivo de agrotóxicos en la mayoría de los arrozales. A ello se suma que, en el pasado, algunos agricultores tomaron medidas extremas para ahuyentar o eliminar a las aves con granos envenenados, mientras que otros recurrieron al uso de fuegos pirotécnicos para espantarlas. Por fortuna, los arrozales de Arauca y Casanare ya no congregan grandes cantidades de chisgas debido a las modificaciones en los cultivos antes mencionadas.      https://youtu.be/Z27P2vIxtV8 En su paso rápido por el Llano, la chisga negra cada vez encuentra menos sabanas donde alimentarse, al punto que cada vez es más difícil registrarla. La chisga negra evidencia cómo el Llano ha cambiado debido al avance de los monocultivos y a su manejo inadecuado. Por eso, registrar su presencia en sus hábitats naturales en la Orinoquia devuelve la esperanza a quienes tenemos la fortuna de estudiar la migración de las aves en esta región.     No deja de sorprender que un pájaro de menos de 50 gramos logre sobrevivir a los innumerables riesgos que enfrenta en su migración sin mencionar los desafíos propios de la reproducción. Solo si la chisga negra supera todos esos retos podrá el próximo abril o mayo adornar nuevamente con su belleza las verdes sabanas del Llano.     ¡Por las aves, con la gente!    Para más información:   Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociaado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Guacharaca Colombiana: ¡La alarma natural de nuestras montañas! 

Lo más importante que debes saber de mí es que soy endémica. Esto significa que no existo en ningún otro lugar del mundo; soy un tesoro exclusivo de las cordilleras de Colombia.  Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris ¡Hola! Soy la Guacharaca colombiana (Ortalis columbiana), y si vives cerca de las montañas del Valle del Cauca o del Magdalena, seguro que me has escuchado antes de verme. Mi nombre científico, Ortalis, viene del griego y significa «gallina», ¡y es que tengo un aire a mis parientes del corral, pero con mucha más altura!  Me reconocerás por mi elegancia discreta: mi cuerpo es café grisáceo, pero tengo un detalle muy chic en el cuello y el pecho, donde mis plumas parecen escamas blancas. Además, tengo la frente clarita, patas rosadas y una cola larga de color castaño que despliego con orgullo cuando me muevo entre los árboles.    Aunque mido unos 53 cm ¡mi voz me hace parecer mucho más grande! Me encanta andar en parejas o en pequeños grupos familiares, saltando por el dosel del bosque y los bordes de los cafetales. Soy principalmente frugívora (amo las frutas), lo que me convierte en una «dispersora estrella»: al alimentarme, disperso las semillas que ayudan a que nuestros bosques sigan creciendo.    Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Soy una madre dedicada pero sencilla: construyo mi nido con ramas y hojas en lo alto de los árboles y pongo generalmente dos huevos.    A pesar de que mi estado de conservación es de «Preocupación Menor» (LC), el hecho de ser única de este país me hace muy especial. Mi supervivencia depende de que conservemos esos bosques premontanos que llamo hogar.    La próxima vez que escuches ese «guacharaca-guacharaca» al amanecer, sonríe… ¡es una especie que solo los colombianos tenemos el lujo de escuchar en libertad!    Acompaña nuestro vuelo en Cali, Ciudad de las Aves, y, descubre por qué proteger a nuestras especies endémicas es proteger nuestra propia identidad ¡Valorar nuestra fauna es el primer paso para protegerla!   Síguenos, comparte y sé parte de esta comunidad que mira al cielo con admiración y compromiso.     ¡Por las aves, con la gente! Para más información:   Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co

¡Vuelve pronto canelo sabanero!

Hace más de una década aprendimos en la Asociación Calidris, que la sabana inundable de Casanare es una parada obligatoria en la migración al norte del continente de Calidris subruficollis. Foto: Yanira Cifuentes / Asociación Calidris El canelo sabanero, también conocido como correlimos escamado, es una especie vulnerable a la extinción a escala global. Durante la época seca en la cuenca del Orinoco, de febrero a abril, visita esas porciones cóncavas de sabanas conocidas como bajos que en época lluviosa se inundan, pero retienen gran humedad durante la época seca.   Esta ave limícola deja sus cuarteles de invierno en el sur de Suramérica para regresar a sus áreas de reproducción en Norteamérica.  Sin embargo, antes debe realizar varias paradas en el continente para acumular grasa, el combustible necesario para su largo viaje. Justamente, la sabana inundable ofrece los recursos que necesita para continuar su migración hacia el norte.   Por ello, cada año estudiamos los hábitats usados por las poblaciones del canelo sabanero en varias Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (AICA) del departamento de Casanare. Tres de estos sitios, el AICA Reservas de la vereda Altagracia, el AICA Reserva Puerto Rico & La Polonia y el AICA Chaviripa-El Rubí, acogen el 1% de la población mundial de esta especie.   Sin embargo, esta tarea no la hacemos solos. Nuestros principales aliados son los ganaderos y propietarios de los predios visitados por el canelo. Con gran compromiso, ellos nos informan sobre la llegada y partida de estas y otras aves migratorias en las AICA. Incluso, don Víctor Salazar, don Genri Parada, don Luis Eduardo Arenas y Eduar Parada, junto a sus respectivas esposas, participan activamente en la toma de datos y el seguimiento de las especies objeto de estudio.   A este grupo también se suma don Francisco Sandoval del AICA Fundo Flor Amarillo, quien, además de estar atento a lo que ocurre con el canelo en su propiedad, nos acompaña en los recorridos por el Casanare con su vehículo llamado La Zamurita. Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris En la Reserva Natural de la Sociedad Civil Hato el Boral, que hace parte del AICA Reservas de la Vereda Altagracia, Policarpo Arenas Arizmendy y sus tías, Libia Arizmendi y Yanire Arizmendy, nos informan sobre la presencia del canelo en su predio, y nos permiten visitar uno de los sitios preferidos del canelo: un bajo de más de 1.000 hectáreas rodeado de morichales y espesos bosques a orillas del río Meta.   No obstante, este año otro sitio clave para el canelo sabanero, el AICA Wisirare, enfrentó un voraz incendio que devastó grandes extensiones de sabanas justo durante la migración de esta ave limícola. Lo preocupante es que el inadecuado manejo del fuego en la sabana, algunas prácticas agrícolas y la perturbación humana ponen en riesgo, no solo la migración de esta especie, sino de otras aves como la chisga negra o tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus), una especie casi amenazada globalmente que depende igualmente de las sabanas del Llano.    El canelo sabanero se ha convertido en un mensajero alado de las sabanas, pampas y pastizales en las Américas, paisajes en los que llaneros, gauchos y vaqueros han construido modos de vida ligados a la ganadería. Tal conexión implica una responsabilidad compartida, trabajar juntos para que, al dejar el Ártico donde se reproduce, el canelo llegue al sur de Suramérica y meses después, vuelva a visitar los Llanos en su viaje de regreso a Norteamérica.   Los Llanos no son la única región clave para el canelo en Colombia; la Amazonia también es fundamental para esta ave. Pero esa es otra historia.   ¡Por las aves, con la gente!   Fuentes: https://www.iucnredlist.org/species/22693447/256354281 https://www.iucnredlist.org/species/22724367/136679828   Para más información:   Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociaado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

¡Calidris 35 años! Una historia que se fue volando

Era diciembre de 1991 y, en un salón de la Universidad del Valle, en Cali, un grupo de estudiantes decidió dar forma a algo que ya venía gestándose tiempo atrás: un espacio que permitiera conocer más sobre un fenómeno que los había cautivado profundamente —la migración de “los chorlos” a lo largo del Pacífico americano. Archivo fotográfico Asociación Calidris Así nacía la Asociación Calidris. Un grupo de conservacionistas movidos por la curiosidad, la pasión por el trabajo de campo y las largas jornadas compartidas, con la convicción de que conocer era el primer paso para conservar.   Lo que comenzó como una iniciativa estudiantil, se transformó con los años en una organización referente en la conservación de las aves, pionera en la generación de conocimiento y comprometida con el trabajo junto a las comunidades rurales a lo largo del país.   En más de tres décadas, el mundo ha cambiado profundamente. Han crecido las presiones sobre la biodiversidad, han emergido nuevos desafíos globales y la tecnología ha redefinido la manera en que investigamos y actuamos. Colombia también ha atravesado transformaciones sociales, ambientales y políticas complejas. Y, en medio de todo ello, Calidris ha sabido adaptarse, evolucionar y crecer, sin perder su esencia: el conocimiento, el trabajo colaborativo y la pasión por conservar la vida.   Nuestro camino reflejado en nuestro eslogan “Por las aves, con la gente”, ha consolidado una visión donde la ciencia, las comunidades y la gestión del territorio se encuentran para construir soluciones sostenibles.   Pero si algo define a Calidris, más allá de sus logros, proyectos y reconocimientos, es su gente. En estos 35 años de historia, más de 200 mujeres y hombres, en su mayoría estudiantes de últimos semestres o jóvenes profesionales, han pasado por esta casa y han hecho parte de su construcción cotidiana. Aquí encontraron una oportunidad para culminar su formación o vivir su primera experiencia laboral, pero, sobre todo, un espacio para aprender haciendo, para equivocarse con propósito y para crecer con compromiso. Archivo fotográfico Asociación Calidris Archivo fotográfico Asociación Calidris Hoy, muchos de ellos lideran procesos en otras organizaciones y territorios, llevando consigo el sello Calidris: silencioso, ético, humano y presente en su manera de trabajar y de mirar el mundo. Ese legado, tejido persona a persona, es también una de las mayores razones para celebrar estos 35 años.   Este año es, ante todo, un año de celebración y paradójicamente, también ha sido un tiempo de despedidas. Hemos visto partir a miembros queridos y fundamentales en nuestra historia. Su ausencia nos duele, pero también nos recuerda algo esencial: que la vida es dinámica, que el tiempo avanza como las aves en sus rutas migratorias, que cada paso deja una huella y que debemos horrar su legado en cada proyecto, en cada decisión, en cada nueva generación que continúa el camino.   Celebrar estos 35 años no es solo mirar atrás. Es reconocer lo recorrido, agradecer a quienes han sido parte de esta historia, quienes estuvieron, quienes están y quienes vendrán y reafirmar nuestro compromiso con el futuro.   Los desafíos son cada vez mayores, pero también lo es nuestra capacidad colectiva para enfrentarlos. Seguimos trabajando con la misma fascinación que nos vio nacer, pero con más herramientas, más aliados y una convicción más profunda: la conservación es posible cuando se construye desde el conocimiento, la colaboración y la esperanza.   Treinta y cinco años después, seguimos en vuelo  ¡Por las aves, con la gente!   Para más información: Luis Fernando Castillo Director Asociación Calidris calidris@calidris.org.co  

¡El guardián de nuestros caminos y ciudades!

Mi nombre científico tiene un significado muy especial: magnirostris viene del latín y significa «pico grande».Si me miras bien, notarás que soy de color gris pardusco con un pecho barrado de blanco y café, pero miverdadera «marca» aparece cuando vuelo: un parche de color rufo (como un naranja rojizo) en mis alas quebrilla bajo el sol. Foto: Dina Luz Estupiñán / Asociación Calidris Soy un ave confiada y me verás casi siempre posado en lugares expuestos, como cables o ramas secas, vigilando todo con mis ojos amarillos. Pero no te dejes engañar por mi calma, soy un cazador experto y muy versátil. Como de todo, desde insectos y lagartos, hasta roedores. Incluso, se me ha visto capturando murciélagos desprevenidos mientras duermen ¡Nada se me escapa! Si alguna vez has escuchado un grito persistente y agudo como un «¡cuiiiiiiooo!» mientras viajas, seguramente soy yo saludando desde mi percha. Soy un ave de costumbres: me gusta planear aprovechando las corrientes de aire caliente y, cuando llega la época de tener familia (entre abril y agosto), construyo nidosvoluminosos con ramas y hojas en las copas de los árboles o incluso dentro de bromelias. Foto: Dina Luz Estupiñán / Asociación Calidris Afortunadamente, me adapto muy bien a los paisajes transformados y mis poblaciones son estables. Sin embargo, mi presencia es vital para controlar poblaciones de pequeños animales y mantener el equilibrio en nuestros ecosistemas, tanto en el campo como en la ciudad. La próxima vez que vayas por la calle o de viaje por el Valle del Cauca, mira hacia arriba. Seguro me encontrarás vigilando el camino. Si quieres conocer más sobre los vecinos alados que comparten la ciudad contigo, sigue el vuelo en Cali Ciudad de las Aves. ¡Porque valorar nuestra fauna urbana es el primer paso para protegerla!   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información: Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co Para más información:   Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co

Cartilla de monitoreo participativo en Bolívar y Jamundí: Manos a la obra por la avifauna

Durante hace unos años hemos venido trabajando por la conservación de las Reinitas en la cordillera Occidental y nuestros esfuerzos en conjunto con los grupos locales han continuadodando frutos. Desarrollamos el proyecto “Hábitats saludables para las Reinitas en los Andes de Colombia III”, en el cual uno de nuestros productos finales ha sido publicar un protocolo de monitoreo participativo. Uno de nuestros objetivos del proyecto fue fortalecer grupos locales en realizar acciones a favor de la conservación de la Reinita de Canadá (Cardellina canadensis) y la Reinita Cerúlea (Setophaga cerulea) en Bolívar y Jamundí, municipios del Valle del Cauca en la cordillera Occidental.   En este protocolo, hemos plasmado aportes confiables sobre la relación de las aves con los usosde la tierra (zonas agrícolas y pecuarias, así como parches de bosque) y cómo estos pueden favorecer la toma de decisiones a corto, mediano y largo plazo a favor de la conservación de la avifauna. Todo el proceso lo hemos llevado a cabo junto a los grupos locales de monitoreo, desde el 2021 en Bolívar y desde 2022 en Jamundí. Clic aquí para descargar Para más información:    Diana Ramírez  Investigadora asociada  Asociación Calidris  dramirez@calidris.org.co

¡Nuestra gestión 2025!

Presentamos los indicadores de la Asociación Calidris 2025. Un balance que refleja nuestro compromiso con la conservación de las aves y sus hábitats, y el trabajo conjunto con comunidades y aliados. En 2025 trabajamos en 18 sitios de Colombia, desarrollando 14 proyectos en cinco regiones del país y aportando a cinco planes y estrategias de conservación a nivel regional, nacional y hemisférico. Nuestras acciones se enfocaron en 37 especies de aves, priorizando aquellas de mayor relevancia ecológica y en categoría de amenaza.   Este año también fortalecimos procesos educativos, promovimos alianzas internacionales para el análisis de especies migratorias y avanzamos en acuerdos de conservación con comunidades locales para la protección de especies y hábitats clave.   Consulta los resultados y conoce el impacto de nuestras acciones. Descargar Indicadores 2025 Para más información:   Luis Fernando Castillo Director  Asociación Calidris calidris@calidris.org.co

¿Un cardenal en el bosque húmedo? ¡No, es la Habia copetona! Orgullo Endémico 

Mi secreto mejor guardado es este «copete» o cresta escarlata que llevo en la cabeza. Los machos la lucen con mucho orgullo, casi siempre bien erguida, combinada con una garganta rojo brillante y un pecho gris que nos da un toque muy elegante. Las hembras somos muy parecidas, pero con la cresta un poco más corta.  Foto: Luis Carlos Mora | Asociación Calidris ¡Hola! Soy la Habia copetona conocida para algunos como Habia cristata y ahora para otros Driophlox cristata, y aunque algunos dicen que me parezco a un cardenal, soy una tángara orgullosamente colombiana o como algunos dicen, endémica, lo que significa que en todo el planeta Tierra, solo me encontrarás aquí, en las montañas de nuestro país.    Me encanta la vida en comunidad. Soy fuertemente gregaria y, para qué negarlo ¡bastante ruidosa! Rara vez me verás sola; prefiero moverme en parejas o en grupos familiares de hasta 5 amigos. Vivimos en el sotobosque (la parte baja y densa del bosque), cerca de arroyos rápidos en las montañas entre Antioquia y el Cauca, saltando rápidamente de rama en rama por debajo de los 10 metros de altura.    A la hora de comer, soy muy activa. Mis favoritos son las orugas y los artrópodos, aunque de vez en cuando me endulzo con unos frutos de arbustos del género Miconia. A veces me uno a bandadas mixtas con otras aves para buscar comida, y si hay hormigas guerreras pasando ¡allí estaré yo aprovechando el festín!  Foto: Luis Carlos Mora | Asociación Calidris Soy territorial y defiendo mi hogar con energía. Cuando llega el momento de la familia, nos ponemos manos a la obra: se nos ha visto llevando material para el nido a mitad de año, preparando todo para los nuevos integrantes del grupo.    Aunque mi estado de conservación es de «Preocupación Menor», mis poblaciones están disminuyendo. Dependo de los bosques húmedos y premontanos, y si estos se fragmentan o desaparecen, mi hogar también lo hará.    Así que, si vas pajareando por la vertiente occidental de la Cordillera Occidental y escuchas un alboroto en lo denso del bosque, busca un destello rojo escarlata en la cabeza… ¡Esa soy yo!    Si quieres descubrir más sobre las joyas aladas que solo viven en nuestro territorio, sigue el vuelo en Cali Ciudad de las Aves. Porque conocer a nuestras especies únicas es el primer paso para protegerlas.    ¡Por las aves, con la gente! Para más información: Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co