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¡Con ustedes, el Periquito de Anteojos!

¡Hola! Soy el Periquito de Anteojos (Forpus conspicillatus), aunque tal vez me conozcas como periquito cascabelito. Si miras bien mi nombre científico, entenderás mi secreto: conspicillatus viene del latín y significa «con gafas». Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Y es que, ¡vaya que las llevo con estilo! Si soy macho, notarás que alrededor de mis ojos y en mi rabadilla llevo un hermoso tono azul. Si soy hembra, no llevo azul, pero presumo unas «gafas» de un verde esmeralda deslumbrante alrededor de mis ojos.    Somos los más pequeños de la familia de los loros, pero lo compensamos con mucha personalidad y volumen. Rara vez nos verás solos; nos fascina andar en bandadas numerosas y ruidosas, charlando y trinando incesantemente mientras volamos de manera ondulada y rápida de árbol en árbol.    Nos encanta vivir en zonas semiabiertas, cultivos, pastizales, parques y áreas urbanas con árboles dispersos. Nos encuentras desde las tierras cálidas (100-900 msnm), hasta en zonas altas (1000 – 2600 msnm).    A la hora de comer, nos fascinan las semillas de pastos, los brotes tiernos de las plantas y las flores de algunos arbustos. Al caer la tarde, nos reunimos en grandes grupos para dormir todos juntos en las copas de los árboles, compartiendo las anécdotas del día.  Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Caldris Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Caldris Cuando llega la época de hacer familia (entre diciembre y abril), buscamos cavidades a baja altura: huecos en postes de cercas, ramas secas o hasta en termiteros, donde la hembra pone unos 4 huevitos blancos, que cuidamos con mucho celo.    Lamentablemente, por nuestro tamaño y canto, muchas personas han querido tenernos encerrados en jaulas. Pero nuestra verdadera belleza brilla cuando estamos volando en libertad, cumpliendo nuestro papel en el ecosistema.    Afortunadamente nuestras poblaciones son fuertes y estamos en categoría de Preocupación Menor (LC), ¡pero necesitamos que los cielos sigan siendo nuestro único hogar! La próxima vez que escuches un alboroto alegre en lo alto de un árbol, mira bien… ¡podría ser una bandada de nosotros saludándote con nuestras gafas puestas!    Sigue nuestro vuelo en Cali Ciudad de las Aves y descubre la increíble diversidad de formas y colores que habitan a nuestro alrededor. ¡Conocer es el primer paso para conservar!    Para más información:   Luis Carlos Mora Biólogo Asociación Calidris lcmora@calidris.org.co  

Territorios Sonoros 2

Las ciudades también son territorios sonoros: espacios donde conviven voces, memorias y formas de vida que dan identidad a cada lugar.  Las aves, con sus cantos, nos lo recuerdan cada día. El oeste de Cali despierta al ritmo del pellar, las guacharacas, el bichofué, la guacamaya cariseca, los canarios y muchas otras especies de pájaros, que con sus aleteos y cantos le ponen ritmo a la ciudad. No te pierdas este segundo episodio de Territorios Sonoros y descubre cómo suena nuestra ciudad de aves. https://youtu.be/Z2Ho83R5tcI ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Fernando Castillo Director Asociación Calidris calidris@calidris.org.co 

Más de tres décadas tejiendo conservación

Nuestra historia es la historia de una convicción que ha crecido con el tiempo: conservar la naturaleza es también cuidar la vida, la memoria de los territorios y el futuro de las comunidades que los habitan. Desde mediados de los años 80, Calidris ha recorrido humedales, manglares, sabanas, costas y montañas de Colombia, con un propósito claro: contribuir a la conservación de las aves y de los ecosistemas de los que depende la biodiversidad y el bienestar de las personas.   Es así como, a lo largo de más de treinta años, hemos construido un camino en el que se entrelazan la generación de conocimiento, la participación, el trabajo comunitario y las alianzas con actores locales, nacionales e internacionales. Durante ese camino se han llevado a cabo procesos de gobernanza, acuerdos de conservación, festivales, tesis, publicaciones, reconocimientos y proyectos que han dejado huella en distintos territorios del país.   Los hitos que presentamos a continuación son una muestra de esa trayectoria. Más que una sucesión de fechas, cuentan nuestra evolución y crecimiento; en donde hemos sabido adaptarnos, aprender y ampliar el pensamiento, manteniendo intacto el compromiso con la conservación y con la construcción de territorios más sostenibles. ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Fernando Castillo Director Asociación Calidris calidris@calidris.org.co

¿Qué hacer si encuentras un ave débil, herida o muerta en la costa del Pacífico colombiano?

Durante junio y julio de 2026 se ha incrementado el número de registros de aves consideradas errantes o raras en la costa del Pacífico colombiano. Gaviota reidora (Leucophaeus atricilla). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris La mayoría de estos registros corresponde a especies asociadas al ambiente marino, como pardelas y gaviotines, observadas con mayor frecuencia en las costas de Ecuador, Perú y Chile. También se han registrado espátulas (Platalea ajaja), y es posible que existan hallazgos de otras especies poco frecuentes en la región, como ibis y otras aves acuáticas.    Estos registros inusuales podrían estar relacionados, entre otros factores, con el fenómeno de El Niño (ENSO, por su sigla en inglés), el cual puede modificar la temperatura del océano y la disponibilidad de alimento para las aves acuáticas, así como alterar sus movimientos y distribución. Además, este fenómeno puede afectar el éxito reproductivo y la supervivencia de algunas colonias de aves marinas.    Aunque la presencia de estas especies en nuestras costas e islas representa una oportunidad para ampliar el conocimiento sobre su biología y sobre los efectos de El Niño, es importante recordar que un comportamiento inadecuado de nuestra parte puede disminuir las posibilidades de supervivencia de individuos agotados o lesionados e, incluso, representar un riesgo para nuestra salud.    Pelícano café (Pelenacus occidentalis). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Gaviota reidora (Leucophaeus atricilla). Foto: Carlos Ruiz – Guerra /Asociación Calidris Antes de intervenir, observe al ave al menos por cinco minutos    No todas las aves que permanecen en un ambiente costero necesitan ayuda. Algunas simplemente están descansando, recuperando energía o esperando mejores condiciones para continuar su desplazamiento o reanudar la búsqueda de alimento.   Si el ave permanece alerta, mantiene una postura normal y no presenta lesiones evidentes, lo más recomendable es mantener la distancia y evitar cualquier manipulación. Solo si presenta heridas visibles, no puede mantenerse en pie, no responde a la presencia de las personas o se encuentra en un sitio donde corre un riesgo inminente, será necesario contactar a la autoridad ambiental. Por consiguiente, en estos casos, la acción más recomendada es que comparta su registro en eBird o Inaturalist.    Si encuentra un ave viva pero muy débil:    Mantenga la distancia. Evite acercarse demasiado o manipular el ave, ya que esto incrementa su estrés.  Documente el hallazgo. Tome fotografías o videos, registre la fecha y la ubicación exacta, y comparta la observación en plataformas como eBird o iNaturalist. Mientras lo hace, evite que otras personas se aglomeren alrededor del individuo encontrado.  No la alimente ni le suministre agua. Un manejo inadecuado puede empeorar su condición. Comuníquese con la autoridad ambiental de su municipio o departamento para recibir orientación.  Mantenga alejados a perros y gatos. Si es posible, evite que animales domésticos se acerquen al ave.  En caso de un riesgo inminente, como el ataque por personas o animales, traslade el individuo cuidadosamente a una caja de cartón con orificios para ventilación y colóquela en un lugar tranquilo, sombreado y silencioso, mientras llega la autoridad competente.  No intente liberarla por su cuenta. Si el ave llegó por sus propios medios al sitio, es posible que esté descansando o recuperándose. Trasladarla o intentar que vuele puede aumentar su estrés o agravar su condición.  Si tuvo contacto con el ave, lave muy bien sus manos con agua y jabón y evite tocarse los ojos, la nariz o la boca.  Si encuentra un ave muerta:   Piquero patiazul (Sula nebouxii). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Piquero patiazul (Sula nebouxii). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris No la manipule directamente.  Tome fotografías y registre la ubicación del hallazgo.  Informe el caso a la autoridad ambiental correspondiente, indicando el número de aves observadas y, si es posible, la especie.  Si tuvo contacto con el ave, lave inmediatamente sus manos con agua y jabón.    Su reporte puede aportar información valiosa para el monitoreo de estos eventos y contribuir a la conservación de las aves de la región.    ¡Por las aves, con la gente!   Para más información: Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Territorios sonoros

Les invitamos a sumergirse en Territorios Sonoros, un espacio para escuchar y descubrir cómo suenan los ecosistemas de nuestro país. En esta oportunidad, viajamos a un bosque seco del Valle del Cauca, donde el canto de las aves nos guía al corazón de uno de los ecosistemas más diverso, fascinante y amenazado de nuestro territorio. Escucharlas es escuchar al bosque: cada canto, llamado y aleteo revela la vida que lo habita y las interacciones que lo sostiene. Porque mientras el bosque suena, el territorio sigue vivo. https://youtu.be/Rgsbwx3ucBI?si=-kbol2PToFhNR0YXDale play y acompáñanos a celebrar nuestros 35 años escuchando y sintiendo nuestros territorios sonoros. ¡Por las aves, con la gente!  Para más información:   Dina Luz estupiñán Investigadora asociada dina.estupiñan@calidris.org.co

¡La tángara con nombre de cristal! 

¡Hola! Soy la Tángara Rastrojera (Stilpnia vitriolina), pertenezco a una familia famosa por sus colores estridentes y tropicales, pero yo prefiero cautivar con un plumaje más sutil, elegante y misterioso. Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris De hecho, mi nombre científico es pura poesía: Stilpnia viene del griego y significa «brillante» o «reluciente», y vitriolina viene del latín para referirse a los tonos del cristal o el vidrio. Si me miras con atención bajo el sol, descubrirás que mi plumaje no es gris opaco, sino que destella hermosos tonos verde plateado y azul cristalino. Para completar mi atuendo, llevo una elegante frente de color rufo y un «antifaz» negro alrededor de mis ojos.    Mido apenas 14 centímetros y, a diferencia de mis primas tángaras que siempre andan en ruidosas y enormes bandadas, yo soy más reservada. Me encanta la tranquilidad de moverme sola, en pareja o con mi pequeño grupo familiar.    Vivo en los Andes de Colombia y Ecuador. Originalmente prefería los valles secos y las zonas de matorral, pero soy sumamente resiliente y adaptable. A medida que los paisajes cambian, he aprendido a colonizar nuevas zonas más húmedas y altas. ¡Imagínate que en los años 60 llegué a la Sabana de Bogotá y hoy ya estoy más que establecida allí, al igual que en los alrededores de Cali! Me verás feliz en pastizales, zonas agrícolas, rastrojos y muy cerca de las casas humanas. Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris A la hora de comer, soy muy meticulosa: salto entre las ramas buscando insectos y artrópodos ¡a veces me pongo de cabeza para revisar las hojas!, aunque también disfruto de ricas frutas y bayas melastomatáceas. ¡Y somos una especie muy dedicada a la familia! Podemos criar casi todo el año. Nos esforzamos creando un nido en forma de copa abierta con musgo y fibras finas en las ramas de los árboles, donde ponemos por lo general dos huevitos blancos o azulados con manchas cafés.    Afortunadamente, mi estado de conservación es de «Preocupación Menor» (LC). Al ser un ave común y fuerte que se adapta bien a los entornos transformados, no me encuentro bajo amenaza inmediata. La próxima vez que camines por un sendero o mires un arbusto en el jardín y veas un destello plateado con antifaz, ¡salúdame!    Sigue nuestro vuelo en Cali, Ciudad de las Aves, y, descubre la increíble diversidad de formas y colores que habitan a nuestro alrededor. ¡Conocer es el primer paso para conservar!    ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co

“Pajareando a lo bien”

La observación de aves no solo constituye un pasatiempo placentero, sino también una oportunidad para contribuir al conocimiento, la protección de los hábitats y la preservación de los servicios ecosistémicos. Foto: archivo fotográfico del manual «pajareando a lo bien» La Asociación Calidris comparte el primer manual de buenas prácticas para la observación de aves en el Valle del Cauca, que subraya la necesidad de llevar a cabo una actividad responsable, que reduzca las perturbaciones y favorezca la construcción de conocimiento para fortalecer la conservación. De esta forma, cada observador se convierte en un aliado para la preservación de esta riqueza avifaunística para las generaciones futuras.   “Pajareando a lo bien” ha sido elaborado para ofrecer lineamientos orienten la observación de aves en el Valle del Cauca, tomando como base recomendaciones internacionales y adaptándolas al contexto local. Con este esfuerzo, se busca fortalecer la práctica de la observación de aves en el Valle del Cauca y consolidar al departamento como un destino de referencia en Colombia, promoviendo un turismo armónico con la naturaleza y la conservación de su patrimonio. Rupornis magnirostris. Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Colaptes punctigula. Foto: Dina Luz Estupiñán / Asociación Calidris La observación de aves no solo constituye un pasatiempo placentero, sino también una oportunidad para contribuir al conocimiento, la protección de los hábitats y la preservación de los servicios ecosistémicos. En este sentido, nuestro departamento es un territorio privilegiado por la diversidad de ecosistemas que alberga una extraordinaria variedad de aves. Con cerca de 1.000 especies registradas, entre ellas endémicas y migratorias, el departamento se ha consolidado como un destino de gran relevancia para la observación de aves.   Sin embargo, su expansión conlleva retos y responsabilidades, por lo que resulta necesario adoptar buenas prácticas que minimicen los impactos ambientales, garantizando una observación respetuosa y sostenible.   Este manual ha sido elaborado con el propósito de ofrecer lineamientos claros que orienten la observación de aves en el Valle del Cauca, tomando como base recomendaciones internacionales y adaptándolas al contexto local. Está dirigido a toda la comunidad de observadores, tanto profesionales como aficionados, comprometidos con el ejercicio de esta actividad de manera ética y responsable. Descarga “Pajareando a lo bien”, manual de buenas prácticas para la observación de buenas prácticas en el Valle del Cauca.   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Fernando CastilloDirectorAsociación Calidriscalidris@calidris.org.co

Cada paso cuenta para las aves que anidan en las costas 

Al llegar mayo, aumenta la posibilidad de que si caminas por una playa, un playón o por la orilla de un humedal de nuestras costas e islas, te sorprenda un acto increíble de un ave muy particular. Nido de chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris  Sí, el asombro y la incertidumbre puede apoderarse de ti al ver cómo, un ave de patas largas arrastra un ala sin cesar, mientras se mueve por el suelo y emite sonidos imposibles de ignorar.  Estás siendo testigo de lo que en biología llamamos “despliegue de ala rota”, un comportamiento propio, tanto de aves terrestres como acuáticas, durante su reproducción.     En nuestro caso, podrías estar presenciando el despliegue de ala rota de un alcaldito (Himantopus mexicanus) en el Caribe colombiano. Y si esa acción te hizo pensar que el ave estaba herida, entonces cumplió su cometido. El despliegue de ala rota evitó que pisaras un polluelo o te acercaras demasiado a un nido con sus huevos. Una vez te hayas distanciado los suficiente, la actuación del alcaldito habrá terminado.    Cabe anotar que no todas las aves construyen sus nidos sobre los árboles. Algunas especies como el alcaldito, el ostrero (Haematopus palliatus), el chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia), el gaviotín enano (Sternula antillarum) y el gaviotín blanco (Geochelidon nilotica), entre muchas otras que habitan nuestros litorales, prefieren el suelo para poner sus huevos.   Nido de ostrero (Haematopus palliatus). Foto: Luis Fernando Castillo / Asociación Calidris Nido de alcaldito (Himantopus mexicanus). Foto: Yanira Cifuentes Sarmiento / Asociación Calidris Al vuelo de pájaro, el suelo tal vez parecería el sitio menos seguro para anidar, no solo porque pueden ser hallados por depredadores, sino también porque cualquier persona distraída podría pisarlos. Sin embargo, en áreas abiertas como playas, playones salinos y humedales costeros, los árboles no necesariamente abundan. Además, los nidos en un manglar o en un herbazal de las costas tampoco están libres de riesgos, quizá solo más ocultos a nuestros ojos.    Los huevos y polluelos de aves como el alcaldito o el chorlito piquigrueso, presentan una coloración tan especial que se confunden fácilmente con el entorno.  La mayoría de aves que anidan en las playas tienen polluelos nidífugos, es decir, crías que abandonan el nido poco tiempo después de romper su cascarón. En cuestión de horas los polluelos pueden caminar e incluso buscar alimento en compañía de sus padres.     Aun así, los nidos si enfrentan múltiples riesgos. Los depredadores naturales, las inundaciones y tormentas son apenas algunos de los tantos desafíos que estas aves enfrentan en cada temporada reproductiva. Y como no fuese suficiente, nosotros los humanos con nuestras actividades nos sumamos a los desafíos.     La suela de nuestros zapatos, la llanta de nuestra bicicleta, motocicleta o de cualquier otro vehículo; nuestras mascotas y nuestra basura representan un riesgo enorme para las aves que anidan en nuestras costas e islas. Los perros y gatos pueden detectar nidos mucho más fácilmente de lo que nosotros podemos lograr con binoculares o a simple vista.     Por consiguiente, si entre abril y julio visitas las costas Caribe o Pacífica de Colombia para observar aves, tomar fotografías o simplemente para disfrutar del mar y la brisa, recuerda que a tus pies la vida lucha constantemente por salir adelante. Aquellos sitios menos frecuentados por turistas suelen ser precisamente los lugares elegido por tortugas y aves para reproducirse. Y, cada vez más, esos espacios alejados de la gente son escasos en las costas colombianas.    https://www.youtube.com/watch?v=Fa28fyMurWc   Recomendaciones para visitar áreas de anidación de aves en las costas e islas colombianas    Camina preferiblemente por las áreas húmedas de la playa, cerca del agua. Evita las zonas secas pues suelen ser los sitios usados por las aves para anidar. En humedales costeros, las orillas también pueden acoger nidos, así que transita con mucho cuidado.  Evita llevar mascotas, si lo haces, procura mantenerlas con collar y bajo tu control.  No permitas que perros o gatos, sin un dueño aparente, te sigan y te acompañen a zonas donde pueda haber nidos. Tampoco maltrates a los perros o gatos que encuentres en las áreas de anidación, ya que puedes incluso exponerte a ser atacado por estos animales.  La distancia es clave. Si notas que un ave intenta alejarse de ti, corre o tiene algún comportamiento para atraer tu atención, probablemente estas demasiado cerca, así que debes alejarte o cambiar tu recorrido.  El tiempo que permanezcas en el sitio también importa. Procura obtener fotos sin perturbar de manera significativa a las aves.  Reconoce el impacto de tu presencia. Evita publicar fotos de aves en estado de alarma o en despliegue de ala rota; las mejores imágenes son aquellas en las que las aves lucen tranquilas sin ninguna señal de estrés.  No importa si eres biólogo, observador de aves, fotógrafo de naturaleza, bañista o un visitante casual del sitio, recuerda que, para las aves, eres un intruso en su área de reproducción.  Evita usar playback o drones en áreas de anidación. Una misma playa puede ser usada por más de una especie e individuos para anidar.   Procura no ingresar a estas áreas en grupos grandes, menos de cinco personas para algunos sitios muy abiertos puede resultar más conveniente.  No tomar polluelos o huevos del suelo. En lo posible no toques adultos o polluelos muertos ya que puedes poner en riesgo tu salud. Si encuentras un nido o polluelo aléjate lo más rápido posible.   Documenta el hallazgo: no es necesario la fotografía del nido o del polluelo, simplemente escribe lo que observaste.  No arrojes basura y, si puedes tomar algunos residuos del lugar, hazlo.  Informa al resto de tu grupo que en un área de anidación nuestra presencia puede tener un impacto negativo sobre las aves.  Si encuentras una bandada de aves, evita asustarlas o hacerlas volar. Puedes optar por cambiar tu recorrido o abandonar el sitio.   Si notas algún comportamiento de personas que pone en riesgo a las aves, de manera respetuosa, explica cómo podemos reducir nuestro impacto sobre la reproducción de las especies del sitio.    ¡Por las aves, con la gente! Para más información: Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

La chisga negra, memoria emplumada del Llano

Aunque décadas atrás, la chisga negra o tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus), causaba preocupación entre los arroceros de Meta, Casanare y Arauca, debido a que cientos de individuos arrasaban con sus cultivos, hoy en día es un ave que pasa casi desapercibida en la Orinoquia. Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris La chisga negra es una especie de ave migratoria que cruza la cuenca del río Orinoco al final de la temporada seca, entre abril y mayo, antes de regresar a sus áreas de reproducción en los Estados Unidos y Canadá.  Actualmente es considerada casi amenazada a escala global, ya que sus poblaciones han disminuido significativamente por la pérdida de su hábitat, tanto en Norteamérica, donde se reproduce, como en Suramérica, a donde migra a partir de agosto.    Justamente, la concentración de muchos individuos en los cultivos de arroz llevó a que la chisga negra fuese considerada una plaga por agricultores en diferentes lugares del continente. El impacto económico sobre este cultivo fue tan fuerte en Casanare y Arauca que, en diferentes reuniones realizadas por la Asociación Calidris, algunos arroceros mencionaron que modificaron la cronología de sus cultivos, para que, a la llegada de la chisga, las plantas de arroz aun no tuvieran granos que pudieran consumir.  Este cambio también estuvo condicionado por la restricción del uso del agua durante la temporada seca por parte de Corporinoquia, autoridad ambiental de la región.    Años atrás, mientras estudiábamos que aves visitaban los cultivos de arroz en Casanare, presenciamos como los granos eran consumidos por cientos de chisgas negras que se unían a bandadas del arrocero migratorio (Spiza americana). De hecho, para muchos agricultores ambas especies correspondía a una sola, por lo que simplemente las llamaban chisgas.     No obstante, otros agricultores sí reconocían diferencias entre las chisgas, tanto en el comportamiento como en la época en que llegaban a los cultivos e incluso que tipo de grano preferían consumir. De allí surgieron los nombres de chisga negra (Dolichonyx oryzivorus) y chisga mona (Spiza americana).    Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris El plumaje no reproductivo del macho y la hembra es, en parte, la razón por la cual la chisga negra suele confundirse con el arrocero migratorio y con el soldadito o bayetón (Leistes militaris). Este plumaje se caracteriza por tonos crema, amarillos y grises presentes en jóvenes, hembras y machos. Sin embargo, a finales de abril, es posible encontrar algunos machos que adquieren su plumaje reproductivo, en el que el color negro predomina en casi todo el cuerpo y contrasta con la rabadilla blanca y el amarillo de la parte posterior de la cabeza y el cuello.     Cabe anotar que, para la chisga negra y otras especies de aves, los arrozales y otros monocultivos, pueden funcionar como un restaurante de comida rápida. En estos sitios, el alimento se concentra en un espacio limitado, lo que permite a las aves alimentarse con mayor facilidad al permanecer, buena parte del día, en el cultivo, en lugar de recorrer varios kilómetros en busca de alimento en las sabanas.    El precio que estas aves deben pagar por usar un hábitat artificial puede ser alto, debido a las posibles afectaciones para su salud, asociadas al uso excesivo de agrotóxicos en la mayoría de los arrozales. A ello se suma que, en el pasado, algunos agricultores tomaron medidas extremas para ahuyentar o eliminar a las aves con granos envenenados, mientras que otros recurrieron al uso de fuegos pirotécnicos para espantarlas. Por fortuna, los arrozales de Arauca y Casanare ya no congregan grandes cantidades de chisgas debido a las modificaciones en los cultivos antes mencionadas.      https://youtu.be/Z27P2vIxtV8 En su paso rápido por el Llano, la chisga negra cada vez encuentra menos sabanas donde alimentarse, al punto que cada vez es más difícil registrarla. La chisga negra evidencia cómo el Llano ha cambiado debido al avance de los monocultivos y a su manejo inadecuado. Por eso, registrar su presencia en sus hábitats naturales en la Orinoquia devuelve la esperanza a quienes tenemos la fortuna de estudiar la migración de las aves en esta región.     No deja de sorprender que un pájaro de menos de 50 gramos logre sobrevivir a los innumerables riesgos que enfrenta en su migración sin mencionar los desafíos propios de la reproducción. Solo si la chisga negra supera todos esos retos podrá el próximo abril o mayo adornar nuevamente con su belleza las verdes sabanas del Llano.     ¡Por las aves, con la gente!    Para más información:   Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociaado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Guacharaca Colombiana: ¡La alarma natural de nuestras montañas! 

Lo más importante que debes saber de mí es que soy endémica. Esto significa que no existo en ningún otro lugar del mundo; soy un tesoro exclusivo de las cordilleras de Colombia.  Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris ¡Hola! Soy la Guacharaca colombiana (Ortalis columbiana), y si vives cerca de las montañas del Valle del Cauca o del Magdalena, seguro que me has escuchado antes de verme. Mi nombre científico, Ortalis, viene del griego y significa «gallina», ¡y es que tengo un aire a mis parientes del corral, pero con mucha más altura!  Me reconocerás por mi elegancia discreta: mi cuerpo es café grisáceo, pero tengo un detalle muy chic en el cuello y el pecho, donde mis plumas parecen escamas blancas. Además, tengo la frente clarita, patas rosadas y una cola larga de color castaño que despliego con orgullo cuando me muevo entre los árboles.    Aunque mido unos 53 cm ¡mi voz me hace parecer mucho más grande! Me encanta andar en parejas o en pequeños grupos familiares, saltando por el dosel del bosque y los bordes de los cafetales. Soy principalmente frugívora (amo las frutas), lo que me convierte en una «dispersora estrella»: al alimentarme, disperso las semillas que ayudan a que nuestros bosques sigan creciendo.    Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Soy una madre dedicada pero sencilla: construyo mi nido con ramas y hojas en lo alto de los árboles y pongo generalmente dos huevos.    A pesar de que mi estado de conservación es de «Preocupación Menor» (LC), el hecho de ser única de este país me hace muy especial. Mi supervivencia depende de que conservemos esos bosques premontanos que llamo hogar.    La próxima vez que escuches ese «guacharaca-guacharaca» al amanecer, sonríe… ¡es una especie que solo los colombianos tenemos el lujo de escuchar en libertad!    Acompaña nuestro vuelo en Cali, Ciudad de las Aves, y, descubre por qué proteger a nuestras especies endémicas es proteger nuestra propia identidad ¡Valorar nuestra fauna es el primer paso para protegerla!   Síguenos, comparte y sé parte de esta comunidad que mira al cielo con admiración y compromiso.     ¡Por las aves, con la gente! Para más información:   Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co