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Aves de la llanura, la sierra y el mar

Foto Compás (Semnornis ramphastinus). Pedro Arturo Camargo El pasado mes de agosto y luego de un largo proceso de gestación, fue publicado en la revista Biota Colombiana, del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el artículo titulado Aves del departamento del Valle del Cauca, Colombia. La citada publicación nació como fruto del compromiso de nuestra organización con la región, pues estamos asentados en ella y gran parte de nuestra historia y trabajo están aquí. El proceso fue asumido por cinco de nuestros investigadores, varios de ellos forjados en las entrañas de la organización, para los cuales significó un reto profesional pues a diferencia de otros departamentos, el Valle del Cauca se ha caracterizado por su liderazgo en temas relacionados con la ornitología y la observación de las aves, razón por la cual existe un importante acervo de información que era necesario buscar, recopilar y analizar.   Desde el principio se pensó en que la publicación no sería solo un listado de las especies de aves reportadas para el departamento, sino que la idea era ir más allá y analizar la presencia de las especies en los biomas y la cobertura geográfica de la información.   Además de contribuir al conocimiento de la avifauna de la región, se quiso llamar la atención sobre los vacíos de información existentes y sugerir algunas ideas para orientar los esfuerzos de investigación y conservación en el Valle del Cauca por parte de diferentes actores. Más allá de los números y de las eventuales discrepancias que se puedan dar con relación a estas cifras (algo propio del gremio pajarero), lo más importante es entregarle a la región un documento actualizado que recoge y analiza la información de registros de avifauna desde finales del siglo XIX.   Haber compilado y sistematizado la información generada por naturalistas, investigadores, observadores de aves, universidades, ONG’s, comunidades, entre otros; da cuenta de la interesante dinámica que este campo del conocimiento tiene en nuestra región y la importancia de articular esfuerzos para poder seguir dando a luz más y mejor conocimiento, algo fundamental para la sociedad civil, tomadores de decisiones y para la planificación del territorio.   Para descargar el artículo clic aquí

Un canto a la conservación de la sabana

A través de unos versos que se asemejan a un contrapunteo llanero, Eduar Parada, plasma su amor y preocupación por las aves de la sabana inundable del Casanare: el Paujil colicastaño (Mitu tomentosum) y el pato carretero o ganso del Orinoco (Oressochen jubatus)

El moriche: palma de vida

Foto del ganso del Orinoco (Oressochen jubatus). Carlos Ruiz-Guerra Al visitar por primera vez las sabanas inundables de los Llanos colombianos, es posible perder la vista en el horizonte, y solo detallar en el paisaje las palmas de moriche (Mauritia flexuosa), las cuales desafían la gravedad y se erigen como los guardianes celosos de la sabana. Esta palma nativa, conocida como moriche, canangucha, aguaje o buriti se encuentra en nuestra Orinoquia y Amazonía.   Los morichales, como se llama a los grupos de palmas de moriche, son refugio de fauna y reservorios de aguas donde diversas formas de vida proliferan, es por ello que también la llaman “la palma de la vida”. En lo que respecta a las aves, el moriche ofrece alimento, sitio de descanso y reproducción para varias especies, entre las que se destaca el vencejo palmero (Tachornis squamata), que siempre ronda los morichales en busca de insectos y se refugia en las hojas de esta palma. Así como este vencejo, atrapamoscas, azulejos, loros, guacamayas y rapaces encuentran en los moriches una gran cantidad de usos. Sin embargo, hay una especie de ave que usa las palmas incluso cuando estas ya no cuentan con hojas y su tronco es hueco, se trata del ganso del Orinoco (Oressochen jubatus), una especie que anida en cavidades de árboles y por ello depende de esta palma en los Llanos.   El moriche es un recurso que valoran los habitantes del Llano, pues son varios los usos que se les puede dar a sus frutos, hojas y tallo en la alimentación y en la construcción de techos y artesanías. No obstante, las palmas de vida, no son ya un elemento del paisaje muy común en muchas zonas de la sabana inundable, de hecho, los casanareños cuentan frecuentemente como han desaparecido morichales en cuestión de décadas. Hoy muchos llaneros que extrañan sus morichales y ven con preocupación cómo algunas de sus tradiciones se esfuman con esta palma. Es por ello que desde 2015, la Asociación Calidris de la mano de la comunidad local del Área Importante para la Conservación y la biodiversidad-AICA Reservas de la vereda Altagracia en Trinidad-Casanare, diseñó de manera conjunta un programa de restauración de morichales. Gracias al ingenio de las familias Arismendi, Parada, Salazar-Duarte y Morales, se establecieron encierros para palmas de moriche en sus predios que evitan que tanto semillas como plántulas sean consumidas por el ganado, picures (Dasyprocta fuliginosa) chigüiros (Hydrochoerus hydrochaeris), venados (Odocoileus virginianus), cerdos silvestres (Sus scrofa), entre otros animales. Encierro de moriche Lagunazo en el AICA Reservas de la vereda Altagracia Gracias al esfuerzo, dedicación y cuidados de las familias de esta AICA, en febrero de 2020 se contabilizaron más de 1000 palmas de más de 2 metros de alto. Los retos de este programa de restauración han sido muchos, algunos astutos roedores nos llevaron a implementar refuerzos periódicos en la malla y alambre para evitar su acceso. El fuego y las extensas temporadas secas, nos llevaron a optar por el riego con bombas hidráulicas solares para aprovechar de forma eficiente el agua en época de sequía. Varios insectos estaban dificultando el crecimiento de las palmas en los encierros, y la alternativa fue hacer control manual de las plantas enfermas y así no afectar el crecimiento de las palmas.   El monitoreo anual de los encierros de moriche son uno de los aspectos clave para el éxito del programa de restauración, y gracias al apoyo de diferentes instituciones se ha podido evaluar año tras año el crecimiento de las palmas de vida. Hoy las familias de esta AICA muestran con orgullo esas palmas que superan la altura de varios de los niños de la vereda y entre sonrisas esperan seguir viendo crecer el moriche que disfrutarán las siguientes generaciones de llaneros.

Sexto censo urbano de aves de Cali

Conectarnos, más allá de la virtualidad, es una necesidad creciente a raíz de todos los cambios impuestos por el Covid-19 en nuestra cotidianidad. Acciones tan sencillas como reunirnos en un parque con amigos durante un

¿Qué hacen las aves playeras por nosotros?

Desde la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio publicada por las Naciones Unidas en 2005, comenzó hacerse evidente los beneficios que la biodiversidad otorga a la humanidad. Este enfoque nos está permitiendo conectar con las diversas comunidades que se benefician de la presencia de las aves en sus territorios, así seguimos sumando aliados para su conservación y beneficiando a las poblaciones humanas. Si hablamos de aves en general, esta relación nos resulta mucho más sencilla de percibir. Reconocemos la función de los colibríes en la polinización de las plantas o las loras y pavas que dispersan semillas a largas distancias. Sin embargo, cuando tratamos de pensar qué hacen las aves playeras por nosotros, las ideas ya no surgen tan fácilmente. Comenzando porque son un grupo de aves que no todos han visto o reconoce con facilidad.   Las aves playeras son muy abundantes en las costas colombianas por ello, decidimos indagar sobre los servicios ecosistémicos de los ecosistemas asociados a este importante grupo de aves en dos comunidades de la costa del Pacífico; una en el Valle del Cauca, Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la Isla de Punta Soldado y otra en Nariño, Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador.   Los servicios ecosistémicos son los bienes y servicios de los ecosistemas naturales que benefician a los seres humanos. Estos pueden ser de cuatro tipos. Servicios culturales: es el capital inmaterial las personas obtienen de los ecosistemas, como el conocimiento, la recreación, las experiencias religiosas o estéticas. Servicios de aprovisionamiento: todos los productos materiales, consumibles, como los alimentos y medicinas, los materiales de construcción, el agua o producción de energía.   Servicios de regulación: beneficios obtenidos de regulación de los ecosistemas, como la purificación del agua y el aire, el control de inundaciones, descomposición de materia.   Servicios de soporte: son los servicios que soportan a los demás: la dispersión de semillas, el ciclaje de nutrientes, la formación del suelo, entre otros. Las comunidades identificaron cerca de 57 beneficios aportados por manglares, bosques inundables, por planos lodosos y playas arenosas. Estos servicios están relacionados con recursos locales, especies de plantas y animales o servicios culturales.   Los resultados muestran que más del 80% de estos servicios que la gente reconoce se relacionan con los servicios de aprovisionamiento y culturales, en menor medida, con servicios de aprovisionamiento y culturales, en menor medida, con servicios de soporte. Los beneficios directos de las aves son menos evidentes en estas dos localidades. En relación a las aves playeras, se identificó un servicio cultural, asociado a la vocalización de estas aves. Cuando la marea empieza a subir y los sitios de alimentación se van inundando, las aves vuelan hacia sus sitios de descanso, y algunas de ellas, como los zarapitos trinadores, lo hacen emitiendo sonidos. Además de ser agradable para los oídos, las personas que están en el manglar colectando pianguas (Anadara tuberculosa), identifican que la marea está subiendo y que es hora de acabar la faena de colecta. Zarapìto trinador (Numenius phaeopus). Foto: Walter Cejas, Argentina. Aunque no es una práctica común, algunas de las personas hablaron del consumo de aves playeras grandes. No obstante, esta no es una práctica común ni representa un alto porcentaje de las necesidades de proteína animal de las comunidades de la región. La mayoría de los beneficios de este grupo son imperceptibles a simple vista. Encontramos las que airean y remueven nutrientes en el suelo con sus patas y picos, aportan materia orgánica transportan nutrientes entre sitios de alimentación, dormidero y reproducción y regulan comunidades bentónicas, entre otros aportes. Sin embargo, aún no tenemos información que nos muestre el valor de estos servicios ecosistémicos para las comunidades de la costa del Pacífico colombiano. En los próximos años queremos enfocar algunos estudios a entender la magnitud del aporte de las aves playeras en términos ecológicos, económicos y sociales. Este proyecto es apoyado por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos y la Oficina Ejecutiva de la Red Hemisférica de Reservas de Aves Playeras. Además hace parte de una iniciativa de conservación apoyada por Conservación Internacional, El Servicio Forestal de los Estados Unidos, Nia Tero, El Programa Participación Pública en la Protección Ambiental (PPPA), la Fundación Colombia Progresa y los CC Esfuerzo Pescador y CC de comunidades negras de la Isla de Punta Soldado.   Estos resultados hacen parte de la implementación de la Estrategia de conservación de las aves playeras del Pacífico de las Américas. Contribuyen a mejorar el conocimiento de los hábitats presentes y futuros y a aumentar la capacidad de los socios y partes interesadas. Así mismo, estos resultados aportan en la conservación de hábitats importantes para poblaciones de 6 especies focales: Numenius phaeopus, Haematopus palliatus, Charadrius wilsonia, Calidris pusilla, C. mauri y Limnodromus griseus.

Pianguar, un oficio de tenacidad

Les espera una jornada húmeda y caliente, con insectos voladores que intentarán picar todo lo que puedan, las manos estarán ocupadas y embarradas entre las raíces del manglar. La visita al raicero de un piangüero inicia cuando la marea comienza a bajar, necesitan tener el mayor tiempo disponible de agua baja para buscar entre las raíces la piangua (Anadara tuberculosa) un molusco con concha, propio del Pacífico americano, que vive allí. Cubrirse es la prioridad, camiseta manga larga, pasamontaña, guantes y botas hacen parte del traje necesario para su oficio, no solo enfrentan las picaduras de los insectos, sino que también podrían pisar peces con espinas venenosas como el pejesapo o resbalar en las raíces del manglar que pueden tener más de 2 metros de altura.   El mar sube y baja drásticamente cada seis horas aproximadamente en el Pacífico, algunos días del mes estos cambios de marea, duran más tiempo, a lo que se le conoce como puja. “A según estén las aguas” deciden cuántos días de cada puja dedican a este oficio pueden ser de 5 a 7 días. Su conocimiento es intangible, se basa en la observación desde pequeños aprenden a interpretar las corrientes y la textura del barro que les indica la probabilidad de encontrar piangua. Este oficio es considerado de mujeres, pero también se observan en los manglares algunos hombres piangueros. Esta labor, hace unos años estaba catalogada en su estructura social, como una de las más bajas, se asociaba este oficio a mujeres sucias y de pocos recursos económicos, que carecían de implementos o de la cabeza de hogar, para mantener la economía y por ello su mayor esfuerzo recaía en sus manos, aquellas que repetidamente metían en el barro en busca de la piangua. Desde hace 20 años, la valoración de este oficio comenzó a cambiar paulatinamente, en la actualidad se reconoce a los piangueros como líderes en la conservación de sus territorios; Y es que la piangua es uno de los recursos más valiosos para la alimentación y economía del pacífico colombiano. Esta se consume localmente y es comercializada principalmente a Ecuador, municipios cercanos y Buenaventura. Los otros días pescan, jaiban, escalan pescado o visitan los poblados más grandes para vender su producción. Así pasan los días hasta que llega nuevamente la puja.   Este es un oficio que se aprende desde niños, inician visitando el raicero con sus mamás o abuelas y entre los 10 a 12 años, comienzan hacerlo con sus amigos después de las clases, un espacio de libertad sin la supervisión de los padres, cantando y riendo en el “corrinche”. Además, al llegar a casa, la mamá o el vecino les compraban lo recolectado.   Una de las comunidades que le ha estado apostando a la valoración de este recurso y su conservación, es el Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador, ubicado en el municipio de Santa Bárbara de Iscuandé, departamento de Nariño;  orgullosos de su territorio y en especial de sus manglares, desde hace 7 años decidieron implementar un programa para  frenar la disminución del recurso, asegurando el cumplimiento de las tallas de captura reglamentarias de la piangua, llamado Acuerdo de conservación del Bosque de Mangle. Este proceso no solo se enfocó en mejorar las condiciones para la especie, la apuesta más fuerte se hizo pensando en mejorar las condiciones de trabajo e influenciar en la calidad vida de los piangueros en particular y de la comunidad en general. Las acciones han sido diversas, desde capacitaciones hasta dotaciones individuales de equipo de trabajo, además como es trabajo de todos, se han realizado inversiones en los diez poblados que conforman el Consejo Comunitario. En la actualidad, el 100% de la pianguas capturadas son mayores a 5 centímetros, a cambio la calidad de vida de la gente mejora poco a poco. El Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador es un territorio en el que se habla de conservación, orgullosos de su bosque de mangle y preocupados por la sostenibilidad de los recursos naturales. Han logrado posicionarse nacionalmente en el tema ambiental y son reconocidos regionalmente por ser un territorio conservado, en el 2018 recibieron el premio Caracol al medio ambiente, hacen parte del Programa de Custodios de la conservación integrado por Acuerdos de más de 17 países, quienes los visitaron en 2017.   En esta nueva historia post pandemia, nos traerá retos mayores para mejorar la calidad de vida y conservar ese territorio importante para el país. Las mujeres piangueras seguirán siendo, en un contexto machista, mujeres rebeldes, tenaces y líderes que se abren camino en el desarrollo social y económico de los territorios.

Un ave migratoria sigue su vuelo

Cuando las reinitas migratorias cumplen su segundo año ya han vivido muchas aventuras. Se han salvado de los peligros de vivir en un nido por dos semanas, se han salvado de los depredadores cuando apenas estaban aprendiendo a volar, han viajado con su bandada desde Estados Unidos hasta Centro o Sur América para escapar del invierno y han regresado a sus lugares de origen para reproducirse cuando llega la primavera.   La reinita de Canadá (Cardellina canadensis) es una buena representante de las características de este grupo y peligros que están corriendo en todo el continente americano. En los últimos años hemos estado trabajando en un plan de conservación para las Américas y desde el año pasado hemos estado implementando algunas de las acciones priorizadas para Colombia. En nuestro primer año trabajamos en la implementación de herramientas del paisaje para mejorar el hábitat disponible,  visitamos varias localidades en la cordillera Occidental y algunos propietarios de predios en Villacarmelo y Dapa, en los alrededores de la ciudad de Cali, estuvieron de acuerdo con sembrar árboles y arbustos que brindaran refugio y alimento para las reinitas. Sembramos 71 plantas nativas para el arreglo de jardines y 669 árboles para enriquecer los bosques. Este mes inicia el segundo año de este proyecto y también estamos llenos de aventuras. Este año vamos a realizar un estudio sobre la presencia de la Reinita de Canadá en Colombia. Queremos determinar en qué lugares ha sido observada con más frecuencia y en qué lugares ya no podemos verla más, probablemente debido a la transformación o pérdida de su hábitat. Usaremos los datos colectados en la plataforma eBird, la cual es una plataforma de libre acceso donde todas las personas sin importar su ocupación pueden contribuir mandando sus observaciones de aves.   Otra de las metas para este año es hacer más visible a la reinita, distribuiremos alguna información básica de identificación, historia de vida y  datos interesantes de la especie. Esperamos que estén atentos a esta información que estará disponible en Facebook y Twitter. Así, esperamos lograr que la reinita de Canadá sea una migratoria famosa, conocida por todos nosotros.   No podemos amar lo que no conocemos, y si amamos a la reinita de Canadá sin conocerla bien, imaginen lo enamorados que terminaremos al finalizar este segundo año.   Por: Karolina Fierro

El camino a la conservación de las rapaces

Jason Ward, un apasionado observador de aves y activista estadounidense, quien presenta el show Birds of North America, cuenta en un artículo1 para Audubon, que su pasión por la observación de aves empezó un día a sus 14 años, cuando vio un halcón peregrino (Falco peregrinus) arrancando las plumas de una paloma que estaba a punto de comerse. Para él esta experiencia representó una escena digna de un documental de naturaleza y un punto de no retorno al fascinante mundo de las aves. Y es que las rapaces son aves que ofrecen experiencias imponentes que muchos hemos visto de niños en los documentales de vida silvestre y que afortunadamente como biólogo he vivido a través de diferentes experiencias en mi trabajo.   A pesar de su imponencia, estas aves son muy frágiles, pues muchas de ellas dependen de bosques en buen estado de conservación que les puedan proveer de presas y sitios de anidación, así como de un ambiente libre de amenazas como la cacería. Uno de los casos mejor estudiados en Colombia es el del águila crestada o águila real de montaña (Spizaetus isidori), considerada como una las especies de aves rapaz más amenazada en el país y la cual se estima ha perdido alrededor del 60.6% de su hábitat original en Colombia2. Además, estudios del investigador Juan Sebastián Restrepo y colaboradores muestran que la deforestación aumenta la depredación de aves domésticas por esta águila, lo que aumenta el riesgo de conflicto entre esta y las comunidades locales3. El conflicto entre rapaces y personas es considerado una de las principales amenazas para esta especie.   Por esta razón, en el año 2017 la Asociación Calidris y otros colaboradores diseñamos el Plan de Manejo del Águila Crestada4 con el fin de definir una hoja de ruta sobre las acciones prioritarias para aportar a la conservación de esta especie en el país. Este documento se desarrolló gracias al apoyo del Fondo de Alianzas para Ecosistemas Críticos, el cual ha sido un actor clave en el diseño e implementación este y otros planes de manejo de especies amenazadas en los que ha trabajado Calidris. Precisamente en el proceso de implementación, y después de una evaluación sobre el conocimiento y percepciones de las rapaces por parte de dos comunidades en el corredor de conservación Paraguas – Munchique en la cordillera occidental de Colombia, identificamos la necesidad de incentivar el conocimiento y la apropiación de las aves rapaces por parte de las personas en los Andes colombianos. Para ello decidimos diseñar “La Guía de las Rapaces más Comunes de los Andes de Colombia”. El propósito de esta guía es brindar información sobre las características más relevantes de las rapaces, aspectos de su diversidad, dieta, amenazas y función ecológica. Esta guía incluye ilustraciones de 28 de las 44 especies de aves rapaces que se pueden observar en la región andina de Colombia por encima de los 1500 m.s.n.m. y que consideramos como las más comunes.   Esperamos que esta guía incentive el disfrute y la curiosidad de las personas en las aves rapaces y que como a Jason, nos lleve, sin retorno, a un fascinante camino al mundo de las aves y su conservación.   Clic aquí para descargar    Fuentes https://www.audubon.org/news/from-birding-bronx-birding-your-screens-its-been-journey https://www.researchgate.net/publication/262014547_Spizaetus_isidori https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1940082919831838?fbclid=IwAR262DjEbeusytn6ElIFbmSwhqKrI5llooUbEO_fbxxAo3BYUj8CJ3_dOEw& http://calidris.org.co/plan-de-manejo-para-el-aguila-crestada-spizaetus-isidori/ Fotos: Jeisson Zamudio/Asociación Calidris

Calidris en tiempos de Coronavirus

Corren tiempo inciertos, situaciones que ninguno de nosotros hubiera imaginado cuando nos dábamos el saludo de Navidad en diciembre pasado y que nos han llevado a pensar más de lo habitual en nuestros colegas, amigos y por supuesto, en la familia. Aunque llevamos tres meses en un “carrusel” de sensaciones al que aún no nos acostumbramos, por lo que todos seguimos ansiosos debido a los constantes cambios que los días y las semanas nos traen. En todo caso, es claro que lo principal y más importante ha sido y será la salud y la seguridad de todas las personas que queremos, de nuestros compañeros de trabajo y la de los aliados que hacen posible nuestro accionar.   Esta emergencia sanitaria y social nos ha llevado a tomar diversas medidas, en principio hicimos lo básico, lo obvio, pero no por ello menos importante para ayudar a detener la propagación del virus, desde el 12 de marzo cerramos nuestra oficina, suspendimos todos los viajes y actividades programadas en zonas rurales, eventos y reuniones presenciales están postergadas por ahora y hasta nueva orden. Al tiempo hemos intensificado nuestra actividad virtual a través de reuniones remotas que han permitido mantener de alguna forma las actividades de los proyectos; hemos colaborado con Autoridades Ambientales, con la Policía de Turismo y otras Organizaciones que nos han buscado para solicitar apoyo y orientación en eventos virtuales que se han organizado, espacios que durante los últimos meses han incrementado y en lo que participamos tanto a nivel local, nacional e internacional. Una de las iniciativas de la cual somos promotores es la idea “Pajareando desde mi ventana” desde el inicio de la cuarentena se empezó a proponer y acercó a muchas personas a realizar su primer avistamiento de aves desde su casa, lo que nos ha permitido conectarnos con nuevos interesados en el tema. Pero creemos que lo más valioso ha sido encontrar abrir una ventana de esparcimiento, aprendizaje y quizás ha  servido como válvula de escape, con la esperanza de proporcionar una sensación de resistencia y tal vez incluso un poco de inspiración. De otro lado y ya en lo operativo de nuestra organización, hemos logrado mantener nuestro equipo técnico, incluso el personal de campo que apoya las actividades de monitoreo en el marco del Acuerdo de Conservación del manglar en Iscuandé (Pacifico colombiano). Algunos miembros de nuestro equipo administrativo retomaron actividades de oficina una vez efectuamos las adecuaciones y definimos los protocolos de bioseguridad para garantizar su salud, esto con el fin de dar continuidad a los compromisos fiscales y administrativos que tenemos como organización. También hemos estado atentos para ayudar a las comunidades asentadas en áreas en las que trabajamos, enfocando acciones y uniendo esfuerzos con aliados como Conservación Internacional y Parques Nacionales para llegar hasta algunas comunidades de la costa Pacífica y Caribe, para entregar elementos de bioseguridad, así como mercados o recursos para la adquisición de víveres que sirvieran para mitigar un poco la difícil situación que se vive en estas apartadas localidades. Sin duda, todos enfrentamos una larga y desafiante lista de incógnitas acerca de cómo será el futuro y cómo seguiremos adelante con actividades, proyectos y en general, con nuestro accionar y sobre cuál serán las cosas en el mundo post pandemia. Por ahora en panorama se torna incierto y quizás hasta pesimista, pero estoy seguro que el trabajo en equipo y el liderazgo que ha caracterizado a nuestra organización será fundamental para tomar las decisiones adecuadas y adaptarnos a lo que muchos se aventuran a llamar ya “la nueva normalidad”. Otro rayo de esperanza que vemos en el horizonte es que muchas personas confinadas en nuestros hogares, pueden finalmente tener el tiempo que necesitan para pensar en la naturaleza. Si bien debemos retornar en algún momento al campo, esto se hará cuando existan las condiciones para hacerlo y bajo protocolos estrictos para garantizar el bienestar de las personas y de la naturaleza.   Tenemos ahora las enseñanzas que nos ha dejado la experiencia del trabajo virtual, algo en lo que seguramente nos estaremos apoyando en el futuro para llevar a cabo muchas actividades que hasta antes de esta crisis, seguramente las veíamos como utópicas realizar satisfactoriamente.   La historia nos puso en este momento cumbre, aquí estamos y seguiremos en la lucha por la conservación de la naturaleza, contamos con todos nuestros amigos y aliados para pasar este punto de inflexión crucial para el planeta.   Gracias por ayudar a hacer posible el trabajo de Calidris.   Por: Luis Fernando Castillo Director Ejecutivo

Especies invasoras y el riesgo de liberar aves

¿Sabías que las especies invasoras son una de las mayores amenazas a la biodiversidad? Junto con las enfermedades, las especies invasoras, son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad e impactos en los ecosistemas en todas las regiones biogeográficas de la tierra. Si bien los animales, las plantas y otros organismos se mueven o se dispersan naturalmente, la mayoría de las especies invasoras han sido introducidas por el humano, convirtiéndose en especies exóticas invasoras que pueden resultar muy perjudiciales para la naturaleza. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.