Aunque décadas atrás, la chisga negra o tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus), causaba preocupación entre los arroceros de Meta, Casanare y Arauca, debido a que cientos de individuos arrasaban con sus cultivos, hoy en día es un ave que pasa casi desapercibida en la Orinoquia.
La chisga negra es una especie de ave migratoria que cruza la cuenca del río Orinoco al final de la temporada seca, entre abril y mayo, antes de regresar a sus áreas de reproducción en los Estados Unidos y Canadá. Actualmente es considerada casi amenazada a escala global, ya que sus poblaciones han disminuido significativamente por la pérdida de su hábitat, tanto en Norteamérica, donde se reproduce, como en Suramérica, a donde migra a partir de agosto.
Justamente, la concentración de muchos individuos en los cultivos de arroz llevó a que la chisga negra fuese considerada una plaga por agricultores en diferentes lugares del continente. El impacto económico sobre este cultivo fue tan fuerte en Casanare y Arauca que, en diferentes reuniones realizadas por la Asociación Calidris, algunos arroceros mencionaron que modificaron la cronología de sus cultivos, para que, a la llegada de la chisga, las plantas de arroz aun no tuvieran granos que pudieran consumir. Este cambio también estuvo condicionado por la restricción del uso del agua durante la temporada seca por parte de Corporinoquia, autoridad ambiental de la región.
Años atrás, mientras estudiábamos que aves visitaban los cultivos de arroz en Casanare, presenciamos como los granos eran consumidos por cientos de chisgas negras que se unían a bandadas del arrocero migratorio (Spiza americana). De hecho, para muchos agricultores ambas especies correspondía a una sola, por lo que simplemente las llamaban chisgas.
No obstante, otros agricultores sí reconocían diferencias entre las chisgas, tanto en el comportamiento como en la época en que llegaban a los cultivos e incluso que tipo de grano preferían consumir. De allí surgieron los nombres de chisga negra (Dolichonyx oryzivorus) y chisga mona (Spiza americana).
El plumaje no reproductivo del macho y la hembra es, en parte, la razón por la cual la chisga negra suele confundirse con el arrocero migratorio y con el soldadito o bayetón (Leistes militaris). Este plumaje se caracteriza por tonos crema, amarillos y grises presentes en jóvenes, hembras y machos. Sin embargo, a finales de abril, es posible encontrar algunos machos que adquieren su plumaje reproductivo, en el que el color negro predomina en casi todo el cuerpo y contrasta con la rabadilla blanca y el amarillo de la parte posterior de la cabeza y el cuello.
Cabe anotar que, para la chisga negra y otras especies de aves, los arrozales y otros monocultivos, pueden funcionar como un restaurante de comida rápida. En estos sitios, el alimento se concentra en un espacio limitado, lo que permite a las aves alimentarse con mayor facilidad al permanecer, buena parte del día, en el cultivo, en lugar de recorrer varios kilómetros en busca de alimento en las sabanas.
El precio que estas aves deben pagar por usar un hábitat artificial puede ser alto, debido a las posibles afectaciones para su salud, asociadas al uso excesivo de agrotóxicos en la mayoría de los arrozales. A ello se suma que, en el pasado, algunos agricultores tomaron medidas extremas para ahuyentar o eliminar a las aves con granos envenenados, mientras que otros recurrieron al uso de fuegos pirotécnicos para espantarlas. Por fortuna, los arrozales de Arauca y Casanare ya no congregan grandes cantidades de chisgas debido a las modificaciones en los cultivos antes mencionadas.
En su paso rápido por el Llano, la chisga negra cada vez encuentra menos sabanas donde alimentarse, al punto que cada vez es más difícil registrarla. La chisga negra evidencia cómo el Llano ha cambiado debido al avance de los monocultivos y a su manejo inadecuado. Por eso, registrar su presencia en sus hábitats naturales en la Orinoquia devuelve la esperanza a quienes tenemos la fortuna de estudiar la migración de las aves en esta región.
No deja de sorprender que un pájaro de menos de 50 gramos logre sobrevivir a los innumerables riesgos que enfrenta en su migración sin mencionar los desafíos propios de la reproducción. Solo si la chisga negra supera todos esos retos podrá el próximo abril o mayo adornar nuevamente con su belleza las verdes sabanas del Llano.
¡Por las aves, con la gente!
Para más información:
Carlos Ruiz-Guerra
Investigador Asociaado
Asociación Calidris