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Territorios sonoros

Les invitamos a sumergirse en Territorios Sonoros, un espacio para escuchar y descubrir cómo suenan los ecosistemas de nuestro país. En esta oportunidad, viajamos a un bosque seco del Valle del Cauca, donde el canto de las aves nos guía al corazón de uno de los ecosistemas más diverso, fascinante y amenazado de nuestro territorio. Escucharlas es escuchar al bosque: cada canto, llamado y aleteo revela la vida que lo habita y las interacciones que lo sostiene. Porque mientras el bosque suena, el territorio sigue vivo. https://youtu.be/Rgsbwx3ucBI?si=-kbol2PToFhNR0YXDale play y acompáñanos a celebrar nuestros 35 años escuchando y sintiendo nuestros territorios sonoros. ¡Por las aves, con la gente!  Para más información:   Dina Luz estupiñán Investigadora asociada dina.estupiñan@calidris.org.co

¡La tángara con nombre de cristal! 

¡Hola! Soy la Tángara Rastrojera (Stilpnia vitriolina), pertenezco a una familia famosa por sus colores estridentes y tropicales, pero yo prefiero cautivar con un plumaje más sutil, elegante y misterioso. Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris De hecho, mi nombre científico es pura poesía: Stilpnia viene del griego y significa «brillante» o «reluciente», y vitriolina viene del latín para referirse a los tonos del cristal o el vidrio. Si me miras con atención bajo el sol, descubrirás que mi plumaje no es gris opaco, sino que destella hermosos tonos verde plateado y azul cristalino. Para completar mi atuendo, llevo una elegante frente de color rufo y un «antifaz» negro alrededor de mis ojos.    Mido apenas 14 centímetros y, a diferencia de mis primas tángaras que siempre andan en ruidosas y enormes bandadas, yo soy más reservada. Me encanta la tranquilidad de moverme sola, en pareja o con mi pequeño grupo familiar.    Vivo en los Andes de Colombia y Ecuador. Originalmente prefería los valles secos y las zonas de matorral, pero soy sumamente resiliente y adaptable. A medida que los paisajes cambian, he aprendido a colonizar nuevas zonas más húmedas y altas. ¡Imagínate que en los años 60 llegué a la Sabana de Bogotá y hoy ya estoy más que establecida allí, al igual que en los alrededores de Cali! Me verás feliz en pastizales, zonas agrícolas, rastrojos y muy cerca de las casas humanas. Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris A la hora de comer, soy muy meticulosa: salto entre las ramas buscando insectos y artrópodos ¡a veces me pongo de cabeza para revisar las hojas!, aunque también disfruto de ricas frutas y bayas melastomatáceas. ¡Y somos una especie muy dedicada a la familia! Podemos criar casi todo el año. Nos esforzamos creando un nido en forma de copa abierta con musgo y fibras finas en las ramas de los árboles, donde ponemos por lo general dos huevitos blancos o azulados con manchas cafés.    Afortunadamente, mi estado de conservación es de «Preocupación Menor» (LC). Al ser un ave común y fuerte que se adapta bien a los entornos transformados, no me encuentro bajo amenaza inmediata. La próxima vez que camines por un sendero o mires un arbusto en el jardín y veas un destello plateado con antifaz, ¡salúdame!    Sigue nuestro vuelo en Cali, Ciudad de las Aves, y, descubre la increíble diversidad de formas y colores que habitan a nuestro alrededor. ¡Conocer es el primer paso para conservar!    ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co

“Pajareando a lo bien”

La observación de aves no solo constituye un pasatiempo placentero, sino también una oportunidad para contribuir al conocimiento, la protección de los hábitats y la preservación de los servicios ecosistémicos. Foto: archivo fotográfico del manual «pajareando a lo bien» La Asociación Calidris comparte el primer manual de buenas prácticas para la observación de aves en el Valle del Cauca, que subraya la necesidad de llevar a cabo una actividad responsable, que reduzca las perturbaciones y favorezca la construcción de conocimiento para fortalecer la conservación. De esta forma, cada observador se convierte en un aliado para la preservación de esta riqueza avifaunística para las generaciones futuras.   “Pajareando a lo bien” ha sido elaborado para ofrecer lineamientos orienten la observación de aves en el Valle del Cauca, tomando como base recomendaciones internacionales y adaptándolas al contexto local. Con este esfuerzo, se busca fortalecer la práctica de la observación de aves en el Valle del Cauca y consolidar al departamento como un destino de referencia en Colombia, promoviendo un turismo armónico con la naturaleza y la conservación de su patrimonio. Rupornis magnirostris. Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Colaptes punctigula. Foto: Dina Luz Estupiñán / Asociación Calidris La observación de aves no solo constituye un pasatiempo placentero, sino también una oportunidad para contribuir al conocimiento, la protección de los hábitats y la preservación de los servicios ecosistémicos. En este sentido, nuestro departamento es un territorio privilegiado por la diversidad de ecosistemas que alberga una extraordinaria variedad de aves. Con cerca de 1.000 especies registradas, entre ellas endémicas y migratorias, el departamento se ha consolidado como un destino de gran relevancia para la observación de aves.   Sin embargo, su expansión conlleva retos y responsabilidades, por lo que resulta necesario adoptar buenas prácticas que minimicen los impactos ambientales, garantizando una observación respetuosa y sostenible.   Este manual ha sido elaborado con el propósito de ofrecer lineamientos claros que orienten la observación de aves en el Valle del Cauca, tomando como base recomendaciones internacionales y adaptándolas al contexto local. Está dirigido a toda la comunidad de observadores, tanto profesionales como aficionados, comprometidos con el ejercicio de esta actividad de manera ética y responsable. Descarga “Pajareando a lo bien”, manual de buenas prácticas para la observación de buenas prácticas en el Valle del Cauca.   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Fernando CastilloDirectorAsociación Calidriscalidris@calidris.org.co

Una danza en la sabana después de la lluvia

Octubre llega a su final. Las lluvias pronto cesan y la sabana inundada deja al descubierto los pastos de los que el ganso del Orinoco (Oressochen jubatus) se alimenta. Es entonces cuando comienza la danza. https://youtu.be/DRwooHpSxkc Generalmente es la hembra quien da el primer paso. Estira el cuello y acerca la cabeza al suelo. El macho responde de inmediato: avanza hacia ella con su pecho inflado y sus alas hacia atrás. La danza se repite una y otra vez, mientras la sabana comienza a secarse y el agua se retira lentamente del suelo del bosque.   Después de la danza, la pareja necesita una cavidad en un árbol para anidar. El macho vuela cerca de un sitio que conoce perfectamente y que, además, está habitado por  humanos. Allí, en un viejo árbol de mango (Mangifera indica) el macho elige anidar. Este árbol cuenta con una cavidad justo en el punto donde nacen las ramas más grandes, lo cual brinda la protección necesaria para ocultar a la hembra y su nido. La hembra sube al árbol mientras el macho permanece abajo. Ella comienza a tapizar la cavidad con hojas y sus propias plumas.   La hembra pone ocho huevos que solo ella incubará. Su compañero permanece en el suelo, desde allí vigila que los intrusos no se acerquen demasiado. El macho está preparado para usar los espolones de sus alas como armas cortopunzantes para defender su territorio. A punta de aletazos ahuyenta a otros machos que también buscan donde anidar.   Durante el día, tanto el macho como la hembra permanecen alerta ante el asedio de rapaces como el carraco (Caracara plancus) y el chiriguare (Milvago chimachima). Por la noche también deben estar vigilantes, pues un reptil como el mato (Tupinambis teguixin) puede escalar sin dificultad el árbol en busca de los huevos. No obstante, la hembra estará allí para propinarle una lección al osado lagarto.   A medida que se acercan las últimas semanas de diciembre, y mientras la hembra calienta y protege sus huevos, las lluvias se vuelven cada vez más escasas en la sabana. En turnos muy cortos, ambos miembros de la pareja aprovechan para alimentarse del verde pasto que crece cerca del viejo mango.   Después de cuatro semanas, seis gansitos están listos para dar su gran salto. Tres metros los separan del suelo.  Uno tras de otro, los pequeños se lanzan para reunirse con sus padres. El macho los conduce hacia la orilla del humedal, mientras la hembra permanece detrás del grupo.  El chiriguare y el carraco ya no son la principal amenaza. En la orilla, algunos pacientes cachirris (Caiman crocodilus) esperan cualquier descuido de las familias de gansos, que empiezan a visitar con mayor frecuencia el humedal. Foto: Yanira Cifuentes – Sarmiento / Asociación Calidris Foto: Yanira Cifuentes – Sarmiento / Asociación Calidris Para febrero, el humedal tiene cada vez menos agua, no solo para los cachirris, sino para los gansos. El pasto escasea y las aves deben compartirlo con un número creciente de vacas, venados (Odocoileus cariacou) y chigüiros (Hydrochoerus hydrochaeris), que también acuden al sitio acompañados de sus crías.   Esta sabana, cada vez menos verde, ha sido testigo del crecimiento de los gansitos. Ahora solo quedan dos bajo el cuidado de sus padres. Los plumones de sus cuerpos han dado paso a las plumas verdaderas, lo que les confiere un aspecto más parecido al de los adultos. Con la escasez de alimento y de agua surge la necesidad de buscar otros lugares a los que no es posible llegar caminando.   En las dos semanas siguientes deben aprender a volar para acompañar a sus padres en busca de nuevos lugares para sobrevivir. Los intentos por volar inician corriendo con rapidez, para luego dar pequeños saltos y finalmente lograr ganar algo de altura. Poco después, consiguen volar con sus padres. https://youtu.be/YYjkL_J__8c Aunque los nuevos sitios visitados cuentan con suficiente agua y pasto, marzo es un mes particularmente seco, lo que obliga a muchos gansos a agruparse alrededor de lagunas que no alcanzan a secarse por completo. En las últimas semanas de abril llegan las primeras lluvias. La sabana recupera poco a poco su color verde.   No todas las parejas lograron reproducirse con éxito. Algunos gansos perdieron sus huevos, pese a haber intentado anidar en más de una ocasión. Otros lucharon infructuosamente para que sus crías no fueran presa de otros animales. Los dos jóvenes gansos de la pareja del viejo mango, en cambio, lucen sanos y fuertes. Sin embargo, el agua que inundará la sabana los obligará a abandonar el sitio donde vieron por primera vez la luz del sol. Los gansos deben partir a otros rincones del Llano.    Pasarán dos o tres años antes de que estos jóvenes gansos tengan su primera danza nupcial bajo las últimas lluvias. Tal vez alguno de ellos regrese al viejo árbol de mango, fiel testigo de la lucha de sus padres por sacar adelante a sus crías en medio de la sabana inundable de los Llanos colombianos.   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información: Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Cada paso cuenta para las aves que anidan en las costas 

Al llegar mayo, aumenta la posibilidad de que si caminas por una playa, un playón o por la orilla de un humedal de nuestras costas e islas, te sorprenda un acto increíble de un ave muy particular. Nido de chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia). Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris  Sí, el asombro y la incertidumbre puede apoderarse de ti al ver cómo, un ave de patas largas arrastra un ala sin cesar, mientras se mueve por el suelo y emite sonidos imposibles de ignorar.  Estás siendo testigo de lo que en biología llamamos “despliegue de ala rota”, un comportamiento propio, tanto de aves terrestres como acuáticas, durante su reproducción.     En nuestro caso, podrías estar presenciando el despliegue de ala rota de un alcaldito (Himantopus mexicanus) en el Caribe colombiano. Y si esa acción te hizo pensar que el ave estaba herida, entonces cumplió su cometido. El despliegue de ala rota evitó que pisaras un polluelo o te acercaras demasiado a un nido con sus huevos. Una vez te hayas distanciado los suficiente, la actuación del alcaldito habrá terminado.    Cabe anotar que no todas las aves construyen sus nidos sobre los árboles. Algunas especies como el alcaldito, el ostrero (Haematopus palliatus), el chorlito piquigrueso (Anarhynchus wilsonia), el gaviotín enano (Sternula antillarum) y el gaviotín blanco (Geochelidon nilotica), entre muchas otras que habitan nuestros litorales, prefieren el suelo para poner sus huevos.   Nido de ostrero (Haematopus palliatus). Foto: Luis Fernando Castillo / Asociación Calidris Nido de alcaldito (Himantopus mexicanus). Foto: Yanira Cifuentes Sarmiento / Asociación Calidris Al vuelo de pájaro, el suelo tal vez parecería el sitio menos seguro para anidar, no solo porque pueden ser hallados por depredadores, sino también porque cualquier persona distraída podría pisarlos. Sin embargo, en áreas abiertas como playas, playones salinos y humedales costeros, los árboles no necesariamente abundan. Además, los nidos en un manglar o en un herbazal de las costas tampoco están libres de riesgos, quizá solo más ocultos a nuestros ojos.    Los huevos y polluelos de aves como el alcaldito o el chorlito piquigrueso, presentan una coloración tan especial que se confunden fácilmente con el entorno.  La mayoría de aves que anidan en las playas tienen polluelos nidífugos, es decir, crías que abandonan el nido poco tiempo después de romper su cascarón. En cuestión de horas los polluelos pueden caminar e incluso buscar alimento en compañía de sus padres.     Aun así, los nidos si enfrentan múltiples riesgos. Los depredadores naturales, las inundaciones y tormentas son apenas algunos de los tantos desafíos que estas aves enfrentan en cada temporada reproductiva. Y como no fuese suficiente, nosotros los humanos con nuestras actividades nos sumamos a los desafíos.     La suela de nuestros zapatos, la llanta de nuestra bicicleta, motocicleta o de cualquier otro vehículo; nuestras mascotas y nuestra basura representan un riesgo enorme para las aves que anidan en nuestras costas e islas. Los perros y gatos pueden detectar nidos mucho más fácilmente de lo que nosotros podemos lograr con binoculares o a simple vista.     Por consiguiente, si entre abril y julio visitas las costas Caribe o Pacífica de Colombia para observar aves, tomar fotografías o simplemente para disfrutar del mar y la brisa, recuerda que a tus pies la vida lucha constantemente por salir adelante. Aquellos sitios menos frecuentados por turistas suelen ser precisamente los lugares elegido por tortugas y aves para reproducirse. Y, cada vez más, esos espacios alejados de la gente son escasos en las costas colombianas.    https://www.youtube.com/watch?v=Fa28fyMurWc   Recomendaciones para visitar áreas de anidación de aves en las costas e islas colombianas    Camina preferiblemente por las áreas húmedas de la playa, cerca del agua. Evita las zonas secas pues suelen ser los sitios usados por las aves para anidar. En humedales costeros, las orillas también pueden acoger nidos, así que transita con mucho cuidado.  Evita llevar mascotas, si lo haces, procura mantenerlas con collar y bajo tu control.  No permitas que perros o gatos, sin un dueño aparente, te sigan y te acompañen a zonas donde pueda haber nidos. Tampoco maltrates a los perros o gatos que encuentres en las áreas de anidación, ya que puedes incluso exponerte a ser atacado por estos animales.  La distancia es clave. Si notas que un ave intenta alejarse de ti, corre o tiene algún comportamiento para atraer tu atención, probablemente estas demasiado cerca, así que debes alejarte o cambiar tu recorrido.  El tiempo que permanezcas en el sitio también importa. Procura obtener fotos sin perturbar de manera significativa a las aves.  Reconoce el impacto de tu presencia. Evita publicar fotos de aves en estado de alarma o en despliegue de ala rota; las mejores imágenes son aquellas en las que las aves lucen tranquilas sin ninguna señal de estrés.  No importa si eres biólogo, observador de aves, fotógrafo de naturaleza, bañista o un visitante casual del sitio, recuerda que, para las aves, eres un intruso en su área de reproducción.  Evita usar playback o drones en áreas de anidación. Una misma playa puede ser usada por más de una especie e individuos para anidar.   Procura no ingresar a estas áreas en grupos grandes, menos de cinco personas para algunos sitios muy abiertos puede resultar más conveniente.  No tomar polluelos o huevos del suelo. En lo posible no toques adultos o polluelos muertos ya que puedes poner en riesgo tu salud. Si encuentras un nido o polluelo aléjate lo más rápido posible.   Documenta el hallazgo: no es necesario la fotografía del nido o del polluelo, simplemente escribe lo que observaste.  No arrojes basura y, si puedes tomar algunos residuos del lugar, hazlo.  Informa al resto de tu grupo que en un área de anidación nuestra presencia puede tener un impacto negativo sobre las aves.  Si encuentras una bandada de aves, evita asustarlas o hacerlas volar. Puedes optar por cambiar tu recorrido o abandonar el sitio.   Si notas algún comportamiento de personas que pone en riesgo a las aves, de manera respetuosa, explica cómo podemos reducir nuestro impacto sobre la reproducción de las especies del sitio.    ¡Por las aves, con la gente! Para más información: Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Guía del canto de las aves migratorias

El sello musical Shika Shika presenta el cuarto volumen de su aclamada serie «Guía del canto de las aves migratorias». Este proyecto une los cantos de las aves con el talento de artistas de toda América, explorando en esta edición historias de migración, aves y músicos que comparten las mismas rutas. Incluye a nueve artistas de ocho países, entre ellos: Mas Aya y Lido Pimienta (CA/CO), Valesuchi (CL), Biomigrant (EE. UU.), Diana Gameros (MX), Lagartijeando (AR), Terror/Cactus (AR) y más, quienes comparten la migración como estilo de vida.   Además, este lanzamiento presenta algunas increíbles especies de aves, cuyos viajes reflejan los de los propios artistas: la reinita canadiense (Reinita canadiense), que recorre una enorme distancia desde Colombia hasta Canadá, tal como lo hace Lido Pimiento al viajar entre estos dos países; el correlimos rojizo, o «pájaro lunar», que ha volado una distancia equivalente a la luna, tal como la historia familiar de migración de Valesuchi a través de distintos continentes. El correlimos pechiblanco, que al igual que al igual que Biomigrant, recorre más de 30.000 km al año, y la grulla canadiense, cuya resistencia y gracia resuenan con la historia de resiliencia de Diana Gameros, como migrante que transita entre México y Estados Unidos. Robin Perkins, fundador del proyecto Birdsong En palabras del fundador del proyecto The Birdsong, Robin Perkins, conocido como El Búho: “La música, como las aves que aparecen en este álbum, no conoce fronteras, y estos nueve temas son prueba de ello”. «A Guide to the Birdsong of Migration» entrelaza historias de viajes, de dificultades, de hazañas inimaginables, de anhelo y de pertenencia, de dejar el hogar, de extrañarlo y de crear uno nuevo. La música tiene un poder increíble para transmitir estas historias de maneras que a veces las palabras no pueden. Desde su primer volumen en 2015, A Guide to the Birdsong ha tenido un impacto tangible: ha recaudado más de $100,000 para organizaciones de conservación de aves, ha superado los 3 millones de reproducciones y ha vendido más de 2,000 discos de vinilo en todo el mundo. Cada vez que reproduces y compartes este proyecto musical, apoyas a la Asociación Calidris y a su trabajo por la conservación de las aves migratorias y sus hábitats en Colombia. Para escuchar «La guía del canto de las aves migratorias» haz click aquí   ¡Por las aves, con la gente!   Para más información:   Luis Fernando CastilloDirectorAsociación Calidriscalidris@calidris.org.co

La chisga negra, memoria emplumada del Llano

Aunque décadas atrás, la chisga negra o tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus), causaba preocupación entre los arroceros de Meta, Casanare y Arauca, debido a que cientos de individuos arrasaban con sus cultivos, hoy en día es un ave que pasa casi desapercibida en la Orinoquia. Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris La chisga negra es una especie de ave migratoria que cruza la cuenca del río Orinoco al final de la temporada seca, entre abril y mayo, antes de regresar a sus áreas de reproducción en los Estados Unidos y Canadá.  Actualmente es considerada casi amenazada a escala global, ya que sus poblaciones han disminuido significativamente por la pérdida de su hábitat, tanto en Norteamérica, donde se reproduce, como en Suramérica, a donde migra a partir de agosto.    Justamente, la concentración de muchos individuos en los cultivos de arroz llevó a que la chisga negra fuese considerada una plaga por agricultores en diferentes lugares del continente. El impacto económico sobre este cultivo fue tan fuerte en Casanare y Arauca que, en diferentes reuniones realizadas por la Asociación Calidris, algunos arroceros mencionaron que modificaron la cronología de sus cultivos, para que, a la llegada de la chisga, las plantas de arroz aun no tuvieran granos que pudieran consumir.  Este cambio también estuvo condicionado por la restricción del uso del agua durante la temporada seca por parte de Corporinoquia, autoridad ambiental de la región.    Años atrás, mientras estudiábamos que aves visitaban los cultivos de arroz en Casanare, presenciamos como los granos eran consumidos por cientos de chisgas negras que se unían a bandadas del arrocero migratorio (Spiza americana). De hecho, para muchos agricultores ambas especies correspondía a una sola, por lo que simplemente las llamaban chisgas.     No obstante, otros agricultores sí reconocían diferencias entre las chisgas, tanto en el comportamiento como en la época en que llegaban a los cultivos e incluso que tipo de grano preferían consumir. De allí surgieron los nombres de chisga negra (Dolichonyx oryzivorus) y chisga mona (Spiza americana).    Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris El plumaje no reproductivo del macho y la hembra es, en parte, la razón por la cual la chisga negra suele confundirse con el arrocero migratorio y con el soldadito o bayetón (Leistes militaris). Este plumaje se caracteriza por tonos crema, amarillos y grises presentes en jóvenes, hembras y machos. Sin embargo, a finales de abril, es posible encontrar algunos machos que adquieren su plumaje reproductivo, en el que el color negro predomina en casi todo el cuerpo y contrasta con la rabadilla blanca y el amarillo de la parte posterior de la cabeza y el cuello.     Cabe anotar que, para la chisga negra y otras especies de aves, los arrozales y otros monocultivos, pueden funcionar como un restaurante de comida rápida. En estos sitios, el alimento se concentra en un espacio limitado, lo que permite a las aves alimentarse con mayor facilidad al permanecer, buena parte del día, en el cultivo, en lugar de recorrer varios kilómetros en busca de alimento en las sabanas.    El precio que estas aves deben pagar por usar un hábitat artificial puede ser alto, debido a las posibles afectaciones para su salud, asociadas al uso excesivo de agrotóxicos en la mayoría de los arrozales. A ello se suma que, en el pasado, algunos agricultores tomaron medidas extremas para ahuyentar o eliminar a las aves con granos envenenados, mientras que otros recurrieron al uso de fuegos pirotécnicos para espantarlas. Por fortuna, los arrozales de Arauca y Casanare ya no congregan grandes cantidades de chisgas debido a las modificaciones en los cultivos antes mencionadas.      https://youtu.be/Z27P2vIxtV8 En su paso rápido por el Llano, la chisga negra cada vez encuentra menos sabanas donde alimentarse, al punto que cada vez es más difícil registrarla. La chisga negra evidencia cómo el Llano ha cambiado debido al avance de los monocultivos y a su manejo inadecuado. Por eso, registrar su presencia en sus hábitats naturales en la Orinoquia devuelve la esperanza a quienes tenemos la fortuna de estudiar la migración de las aves en esta región.     No deja de sorprender que un pájaro de menos de 50 gramos logre sobrevivir a los innumerables riesgos que enfrenta en su migración sin mencionar los desafíos propios de la reproducción. Solo si la chisga negra supera todos esos retos podrá el próximo abril o mayo adornar nuevamente con su belleza las verdes sabanas del Llano.     ¡Por las aves, con la gente!    Para más información:   Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociaado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

Guacharaca Colombiana: ¡La alarma natural de nuestras montañas! 

Lo más importante que debes saber de mí es que soy endémica. Esto significa que no existo en ningún otro lugar del mundo; soy un tesoro exclusivo de las cordilleras de Colombia.  Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris ¡Hola! Soy la Guacharaca colombiana (Ortalis columbiana), y si vives cerca de las montañas del Valle del Cauca o del Magdalena, seguro que me has escuchado antes de verme. Mi nombre científico, Ortalis, viene del griego y significa «gallina», ¡y es que tengo un aire a mis parientes del corral, pero con mucha más altura!  Me reconocerás por mi elegancia discreta: mi cuerpo es café grisáceo, pero tengo un detalle muy chic en el cuello y el pecho, donde mis plumas parecen escamas blancas. Además, tengo la frente clarita, patas rosadas y una cola larga de color castaño que despliego con orgullo cuando me muevo entre los árboles.    Aunque mido unos 53 cm ¡mi voz me hace parecer mucho más grande! Me encanta andar en parejas o en pequeños grupos familiares, saltando por el dosel del bosque y los bordes de los cafetales. Soy principalmente frugívora (amo las frutas), lo que me convierte en una «dispersora estrella»: al alimentarme, disperso las semillas que ayudan a que nuestros bosques sigan creciendo.    Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Foto: Luis Carlos Mora / Asociación Calidris Soy una madre dedicada pero sencilla: construyo mi nido con ramas y hojas en lo alto de los árboles y pongo generalmente dos huevos.    A pesar de que mi estado de conservación es de «Preocupación Menor» (LC), el hecho de ser única de este país me hace muy especial. Mi supervivencia depende de que conservemos esos bosques premontanos que llamo hogar.    La próxima vez que escuches ese «guacharaca-guacharaca» al amanecer, sonríe… ¡es una especie que solo los colombianos tenemos el lujo de escuchar en libertad!    Acompaña nuestro vuelo en Cali, Ciudad de las Aves, y, descubre por qué proteger a nuestras especies endémicas es proteger nuestra propia identidad ¡Valorar nuestra fauna es el primer paso para protegerla!   Síguenos, comparte y sé parte de esta comunidad que mira al cielo con admiración y compromiso.     ¡Por las aves, con la gente! Para más información:   Luis Carlos Mora Medina Biólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co

¡Vuelve pronto canelo sabanero!

Hace más de una década aprendimos en la Asociación Calidris, que la sabana inundable de Casanare es una parada obligatoria en la migración al norte del continente de Calidris subruficollis. Foto: Yanira Cifuentes / Asociación Calidris El canelo sabanero, también conocido como correlimos escamado, es una especie vulnerable a la extinción a escala global. Durante la época seca en la cuenca del Orinoco, de febrero a abril, visita esas porciones cóncavas de sabanas conocidas como bajos que en época lluviosa se inundan, pero retienen gran humedad durante la época seca.   Esta ave limícola deja sus cuarteles de invierno en el sur de Suramérica para regresar a sus áreas de reproducción en Norteamérica.  Sin embargo, antes debe realizar varias paradas en el continente para acumular grasa, el combustible necesario para su largo viaje. Justamente, la sabana inundable ofrece los recursos que necesita para continuar su migración hacia el norte.   Por ello, cada año estudiamos los hábitats usados por las poblaciones del canelo sabanero en varias Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (AICA) del departamento de Casanare. Tres de estos sitios, el AICA Reservas de la vereda Altagracia, el AICA Reserva Puerto Rico & La Polonia y el AICA Chaviripa-El Rubí, acogen el 1% de la población mundial de esta especie.   Sin embargo, esta tarea no la hacemos solos. Nuestros principales aliados son los ganaderos y propietarios de los predios visitados por el canelo. Con gran compromiso, ellos nos informan sobre la llegada y partida de estas y otras aves migratorias en las AICA. Incluso, don Víctor Salazar, don Genri Parada, don Luis Eduardo Arenas y Eduar Parada, junto a sus respectivas esposas, participan activamente en la toma de datos y el seguimiento de las especies objeto de estudio.   A este grupo también se suma don Francisco Sandoval del AICA Fundo Flor Amarillo, quien, además de estar atento a lo que ocurre con el canelo en su propiedad, nos acompaña en los recorridos por el Casanare con su vehículo llamado La Zamurita. Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris Foto: Carlos Ruiz – Guerra / Asociación Calidris En la Reserva Natural de la Sociedad Civil Hato el Boral, que hace parte del AICA Reservas de la Vereda Altagracia, Policarpo Arenas Arizmendy y sus tías, Libia Arizmendi y Yanire Arizmendy, nos informan sobre la presencia del canelo en su predio, y nos permiten visitar uno de los sitios preferidos del canelo: un bajo de más de 1.000 hectáreas rodeado de morichales y espesos bosques a orillas del río Meta.   No obstante, este año otro sitio clave para el canelo sabanero, el AICA Wisirare, enfrentó un voraz incendio que devastó grandes extensiones de sabanas justo durante la migración de esta ave limícola. Lo preocupante es que el inadecuado manejo del fuego en la sabana, algunas prácticas agrícolas y la perturbación humana ponen en riesgo, no solo la migración de esta especie, sino de otras aves como la chisga negra o tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus), una especie casi amenazada globalmente que depende igualmente de las sabanas del Llano.    El canelo sabanero se ha convertido en un mensajero alado de las sabanas, pampas y pastizales en las Américas, paisajes en los que llaneros, gauchos y vaqueros han construido modos de vida ligados a la ganadería. Tal conexión implica una responsabilidad compartida, trabajar juntos para que, al dejar el Ártico donde se reproduce, el canelo llegue al sur de Suramérica y meses después, vuelva a visitar los Llanos en su viaje de regreso a Norteamérica.   Los Llanos no son la única región clave para el canelo en Colombia; la Amazonia también es fundamental para esta ave. Pero esa es otra historia.   ¡Por las aves, con la gente!   Fuentes: https://www.iucnredlist.org/species/22693447/256354281 https://www.iucnredlist.org/species/22724367/136679828   Para más información:   Carlos Ruiz-Guerra Investigador Asociaado Asociación Calidris cjruiz@calidris.org.co

¡Calidris 35 años! Una historia que se fue volando

Era diciembre de 1991 y, en un salón de la Universidad del Valle, en Cali, un grupo de estudiantes decidió dar forma a algo que ya venía gestándose tiempo atrás: un espacio que permitiera conocer más sobre un fenómeno que los había cautivado profundamente —la migración de “los chorlos” a lo largo del Pacífico americano. Archivo fotográfico Asociación Calidris Así nacía la Asociación Calidris. Un grupo de conservacionistas movidos por la curiosidad, la pasión por el trabajo de campo y las largas jornadas compartidas, con la convicción de que conocer era el primer paso para conservar.   Lo que comenzó como una iniciativa estudiantil, se transformó con los años en una organización referente en la conservación de las aves, pionera en la generación de conocimiento y comprometida con el trabajo junto a las comunidades rurales a lo largo del país.   En más de tres décadas, el mundo ha cambiado profundamente. Han crecido las presiones sobre la biodiversidad, han emergido nuevos desafíos globales y la tecnología ha redefinido la manera en que investigamos y actuamos. Colombia también ha atravesado transformaciones sociales, ambientales y políticas complejas. Y, en medio de todo ello, Calidris ha sabido adaptarse, evolucionar y crecer, sin perder su esencia: el conocimiento, el trabajo colaborativo y la pasión por conservar la vida.   Nuestro camino reflejado en nuestro eslogan “Por las aves, con la gente”, ha consolidado una visión donde la ciencia, las comunidades y la gestión del territorio se encuentran para construir soluciones sostenibles.   Pero si algo define a Calidris, más allá de sus logros, proyectos y reconocimientos, es su gente. En estos 35 años de historia, más de 200 mujeres y hombres, en su mayoría estudiantes de últimos semestres o jóvenes profesionales, han pasado por esta casa y han hecho parte de su construcción cotidiana. Aquí encontraron una oportunidad para culminar su formación o vivir su primera experiencia laboral, pero, sobre todo, un espacio para aprender haciendo, para equivocarse con propósito y para crecer con compromiso. Archivo fotográfico Asociación Calidris Archivo fotográfico Asociación Calidris Hoy, muchos de ellos lideran procesos en otras organizaciones y territorios, llevando consigo el sello Calidris: silencioso, ético, humano y presente en su manera de trabajar y de mirar el mundo. Ese legado, tejido persona a persona, es también una de las mayores razones para celebrar estos 35 años.   Este año es, ante todo, un año de celebración y paradójicamente, también ha sido un tiempo de despedidas. Hemos visto partir a miembros queridos y fundamentales en nuestra historia. Su ausencia nos duele, pero también nos recuerda algo esencial: que la vida es dinámica, que el tiempo avanza como las aves en sus rutas migratorias, que cada paso deja una huella y que debemos horrar su legado en cada proyecto, en cada decisión, en cada nueva generación que continúa el camino.   Celebrar estos 35 años no es solo mirar atrás. Es reconocer lo recorrido, agradecer a quienes han sido parte de esta historia, quienes estuvieron, quienes están y quienes vendrán y reafirmar nuestro compromiso con el futuro.   Los desafíos son cada vez mayores, pero también lo es nuestra capacidad colectiva para enfrentarlos. Seguimos trabajando con la misma fascinación que nos vio nacer, pero con más herramientas, más aliados y una convicción más profunda: la conservación es posible cuando se construye desde el conocimiento, la colaboración y la esperanza.   Treinta y cinco años después, seguimos en vuelo  ¡Por las aves, con la gente!   Para más información: Luis Fernando Castillo Director Asociación Calidris calidris@calidris.org.co