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El águila andina, rapaz emblemática de los Andes colombianos

Mediante las acciones que implementamos en el marco del proyecto “conservando el águila andina en Colombia”, aprovechamos una gran oportunidad para conocer más sobre esta especie y entender, cómo su presencia, puede también conectarnos con nuestras necesidades ambientales Risaralda, Colombia. Recuerdo la primera salida de campo en busca de la rapaz más amenazadas de Colombia, el águila real de montaña (Spizaetus isidori). El punto fue la Empalada, un área clave para la diversidad (KBA, por su sigla en inglés), ubicada en el departamento de Risaralda. Ese día, los primeros rayos de sol nos dieron la señal para salir en su búsqueda, vamos acompañados de dos avistadores locales con “ojos bien entrenados” que hacen parte de procesos de conservación del territorio.   Llegando al sitio, encontramos un gran parche boscoso con árboles emergentes, laderas escarpadas y húmedas. La zona está rodeada de cultivos de café, plátano y potreros donde esperamos pacientemente en un sitio estratégico. Pasaron algunos minutos, mientras mirábamos hacia el cielo, pescando alguna señal del águila. Luis Fernando Ortega / Asociación Calidris De repente, entre las montañas y el cielo despejado, se esbozó la silueta de lo que a primera vista me pareció un gallinazo; en ese momento, alguien gritó ¡águila¡, y con asombro, observamos un majestuoso adulto de Spizaetus isidori planeando entre las corrientes térmicas. En definitiva, me sentí privilegiado en poder observar esta ave catalogada en Peligro a nivel mundial.   Este recuerdo me permite reconocer la importancia de esta rapaz para nuestros bosques andinos, y también, reflexionar sobre lo que perderíamos si desapareciera. En primer lugar, el águila real de montaña necesita contar con bosques en buen estado de conservación para su supervivencia. Bosques donde haya recursos tales como presas, sitios de anidación y percha entre otros.   De esta manera, su presencia regular en los bosques, indica que dichos espacios mantienen su integralidad y continúan ofreciendo servicios ecosistémicos para las comunidades y los animales que dependen de estos. Gilder González-Montenegro / Fundación Águilas de los Andes Spizaetus isidori es un depredador tope, es decir, que influye en la estructura de las poblaciones de presas. En este sentido, se sabe que la especie consume una variedad de presas silvestres como pavas, tórtolas, iguanas, serpientes, perezosos, monos y chuchas, entre otros. En algunos casos también consume gallinas, lo que puede ocasionar conflictos con las comunidades, sin embargo, este comportamiento puede estar relacionado con la desaparición de algunas presas naturales como son las pavas o algunos mamíferos.   De este modo, la ausencia de este depredador podría desencadenar el incremento de algunas poblaciones de presas, ocasionando un desequilibrio, especialmente aquellos grupos con mayor tasa reproductiva.   Al ser una especie de gran movilidad, el águila andina se considera una “especie sombrilla”, es decir, que al conservar amplias áreas de ecosistemas naturales para que esta ave pueda subsistir, también se estaría conservando otros grupos de animales y plantas que se distribuyen en la misma área.  Luis Fernando Ortega / Asociación Calidris Luis Fernando Ortega / Asociación Calidris Por otro lado, aunque en algunas zonas existen conflictos entre las personas y el águila, debido a la depredación de gallinas, también es cierto que nuestra águila es una especie carismática, ya que su comportamiento, aspecto y tamaño imponente, atrae el interés de muchas personas. Estos rasgos posibilitan emprender campañas de educación ambiental, procesos de conservación y manejo en torno a la especie, razones por las cuales se podrían gestionar fondos, vincular a la sociedad civil y entidades ambientales y autoridades administrativas.   Al descender de la montaña, con el corazón satisfecho por el privilegio de ver esta importante especie, me siento más convencido de la importancia de que cada vez más personas y organizaciones apostemos por conservar esta magnífica especie. Saber que somos más quienes queremos conocerla y cuidarla, me da esperanza de que, a futuro, nuestros hijos puedan conocer y mantener viva a esta emblemática rapaz de los andes colombianos.   Este proceso hace parte de la implementación del proyecto “Conservando el águila andina en Colombia”, que cuenta con el apoyo financiero del Fondo de Alianza para Ecosistemas Críticos (CEPF por sus siglas en inglés) y del Fondo Patrimonio Natural para integrar el trabajo con socios #CEPF a nivel del Corredor y a nivel regional, con el aporte de organizaciones de #Perú, #Bolivia y #Ecuador, así como de grupos locales a lo largo del territorio.   Escrito por: Luis Fernando OrtegaSocio InvestigadorAsociación Calidrislfortega@calidris.org.co

El Torito Cabecirrojo te cuenta su historia

Mi nombre científico es (Eubucco bourcierii), pero puedes llamarme Torito Cabecirrojo. ¿Sabes qué significa mi nombre? Torito Cabecirrojo (Eubucco bourcierii). Foto: Asociación Calidris / Luis Carlos Mora Viene del griego eu (hermoso) y del latín bucco (barbudo), así que básicamente soy un «barbudo hermoso»🐦. ¡Y con esta cabecita roja, no me queda duda, aunque si soy hembra, llevo tonos más discretos en verde y amarillo!! 😎   Me encanta vivir en los bosques húmedos de montaña, especialmente en los Andes colombianos. Si madrugas y caminas por los bordes de los bosques, cerca de Cali, quizás me veas revoloteando entre los árboles. Me encanta recorrer los árboles en busca de mi comida favorita: frutas jugosas y pequeños insectos como saltamontes, escarabajos y hasta arañas. ¡Soy un acróbata del follaje! Revoloteo entre las ramas y hasta busco bichitos escondidos entre hojas secas. 🍃A veces voy solo, pero otras veces me junto con mis amigos en grupos de hasta 8 toritos. ¡Somos una banda divertida! 🎉 Torito Cabecirrojo (Eubucco bourcierii) Fotos: Asociación Calidris / Luis Carlos Mora Si me buscas entre marzo y julio, quizás me encuentres construyendo mi nido. Ambos, mi pareja y yo, excavamos un hoyo en un tronco viejo o usamos uno que dejaron los carpinteros. Allí ponemos de 2 a 5 huevos, y en unos 15 días ya tendremos polluelos. ¡Los alimentamos con insectos hasta que estén listos para volar! 🐣   Aunque por ahora no estoy en peligro de extinción, siempre es importante cuidar nuestros bosques para que siga habiendo lugares donde pueda vivir y revolotear feliz. 🌳   Así que, si vienes a Cali, y estes en la zona rural, abre los ojos y para oreja… quizás te sorprenda con mi canto y mi colorido plumaje. 🕊️   Para más información: Luis Carlos Mora MedinaBiólogo MSc.Asociación Calidrislcmora@calidris.org.co