Marzo 1 de 2010 / 6:13 pm El arroz ha sido un componente importante en la dieta de cualquier colombiano y es muy probable que sea considerado el plato predilecto de muchos. En mi caso, el arroz e’ coco que me sirven acompañado de un buen róbalo y patacones en un restaurante llamado el “Mangle Colorao’” (San Antero, Córdoba), cocinado con la sazón propia de doña Yolanda, hace mi trabajo más placentero en esas tierras y tampoco puedo negar que el arroz hecho en la casa de mis padres me hace desear tener mayor capacidad en mi tubo digestivo para comer las grandes cantidades servidas sin ningún arrepentimiento posterior. Pero en los últimos años he aprendido que para que ese arroz llegue a la alacena de mi hogar ha interactuado con muchos elementos insospechados y desconocidos, entre las cuales se encuentran las aves. Para empezar hay que aclarar que el cultivo del arroz entra bajo el concepto de humedal, por lo tanto, este grano cultivado desde más de 2800 años en Oriente, ha sido hogar de grullas, patos, limícolas y variados pájaros por mencionar algunos elementos de la fauna asociada al arrozal. Así que si la mitad de la población del mundo depende del arroz, un gran porcentaje de aves acuáticas también lo hace. Entonces afirmamos que el arroz es un recurso compartido entre aves y humanos, bueno y otras plantas y otros animales, pero en esta ocasión hablemos únicamente de aves y hombre. Lo cierto es que aunque el hombre tenga variados usos del arroz adicional a los dados en la culinaria, como echarlo sobre los novios en los matrimonios, hacer papel, cremas para el acné, remedios caseros, licores, harinas y muchas cosas más, las aves también ven el cultivo del arroz como un espacio en el cual pueden desarrollar varias etapas de su vida. El género del arroz es Oryza y es una gramínea de zonas pantanosas de los países de Oriente que fue seleccionada y desarrollada por el hombre, quien la convirtió en uno de los cereales más importantes y a pesar de ser un monocultivo es muy dinámico con cambios rápidos en sus parámetros fisicoquímicos, lo cual lo hace muy atractivo para las aves en especial las acuáticas que encuentran en el arrozal un ecosistema alternativo que pueden explotar eficientemente y en forma estacional. De esta manera vemos que podría entablarse una relación en la que aves y hombre comparten un mismo recurso, pero lamentablemente no siempre es un cuento de hadas con final feliz. A veces más que compartir, hombres y aves entran a competir y muchas son las armas que se emplean en tales lides. Para empezar, los patos han sido entre otras aves, considerados como uno de los grupos de animales que más daño provoca a los arrozales, ya que la dieta de estas especies en estos cultivos la constituyen los granos de arroz y otras semillas de plantas no deseables y algunas larvas de insectos allí presentes. Esto ha hecho que patos y otras aves sean consideradas causantes de apreciables pérdidas para el cultivo, sin tener en cuenta que, también las aves son excelentes controladores biológicos, como es el caso de garzas, pollas de agua y algunas rapaces que ingieren tanto alimento de origen vegetal como animal, incluyendo peces, moluscos, insectos, arácnidos, crustáceos, anfibios y roedores. Existen reportes de cómo los patos han causado graves daños a los arrozales y algunos casos también involucran a las especies migratorias Chizga americana (Spiza americana) y Chizga negra (Dolichonyx oryzivorus). Lo cual ha llevado a que los arroceros implementen herramientas de manejo del cultivo y así evitar que las aves se conviertan en un enemigo para el arrozal. Algunas de estas medidas pueden sonar extremas y de hecho algunas lo son; al punto que cuentan que el uso de algunos químicos trae como consecuencia la muerte de un número incalculable de aves. Afortunadamente, en la actualidad estas historias de muertes masivas cada vez son menores y aunque hay mucho que acordar entre aves y arroceros para que mejore su relación, ya hay buenos ejemplos a seguir. Es frecuente observar el uso de agroquímicos y abonos inorgánicos en los cultivos de arroz, a pesar de la existencia de variedades tolerantes a insectos, abonos verdes e innumerables estrategias que permiten mantener y recuperar los suelos fértiles. Esto resulta muy importante de señalar si se considera que las aves como usuarios de estos arrozales transportan los nutrientes allí adquiridos a hábitats naturales como vegas, madreviejas o manglares, bien en forma de alimento para los polluelos o a través de sus deyecciones que pueden acumularse en las colonias o sitios de descanso. Es decir, que los nutrientes y la energía que se origina en las arroceras son llevados a las zonas naturales, por lo cual la contaminación del cultivo puede tener un impacto mucho más allá de este agroecosistema. Quizás la búsqueda de un buen arrozal o un arroz que sea amigable con las aves, será aquel en que el hombre implemente prácticas que no vayan en contra de la avifauna, ni en contra de sus hábitats naturales por muy alejados que estos estén. Un buen arrozal respetará el espacio donde está, cuidando y usando racionalmente el agua, la vegetación nativa que lo rodea, los humedales cercanos y los ríos de donde toma el vital líquido. En ese arrozal las aves no entrarán en conflicto con la producción pues habrá estrategias que ahuyentarán eficazmente a aquellas aves que se comen el grano en forma excesiva o les proporcionarán alternativas para que estas obtengan su alimento. Tendrá un suelo fértil por una adecuada labranza y una diversificación de cultivos. Las aves serán parte del control de plagas complementado con opciones amigables con el medio ambiente. Esto sumado a múltiples acciones hará que la competencia por el arroz entre el hombre y las aves sea más una opción para compartir. De esta manera, tendremos verdaderos arrozales que no sólo serán amigos de las aves sino de la fauna y flora… Seguir leyendo Un Buen Plato de Arroz y Algo Más…
Un Buen Plato de Arroz y Algo Más…