El moriche: palma de vida

Foto del ganso del Orinoco (Oressochen jubatus). Carlos Ruiz-Guerra

Al visitar por primera vez las sabanas inundables de los Llanos colombianos, es posible perder la vista en el horizonte, y solo detallar en el paisaje las palmas de moriche (Mauritia flexuosa), las cuales desafían la gravedad y se erigen como los guardianes celosos de la sabana. Esta palma nativa, conocida como moriche, canangucha, aguaje o buriti se encuentra en nuestra Orinoquia y Amazonía.

Los morichales, como se llama a los grupos de palmas de moriche, son refugio de fauna y reservorios de aguas donde diversas formas de vida proliferan, es por ello que también la llaman “la palma de la vida”. En lo que respecta a las aves, el moriche ofrece alimento, sitio de descanso y reproducción para varias especies, entre las que se destaca el vencejo palmero (Tachornis squamata), que siempre ronda los morichales en busca de insectos y se refugia en las hojas de esta palma. Así como este vencejo, atrapamoscas, azulejos, loros, guacamayas y rapaces encuentran en los moriches una gran cantidad de usos. Sin embargo, hay una especie de ave que usa las palmas incluso cuando estas ya no cuentan con hojas y su tronco es hueco, se trata del ganso del Orinoco (Oressochen jubatus), una especie que anida en cavidades de árboles y por ello depende de esta palma en los Llanos.

El moriche es un recurso que valoran los habitantes del Llano, pues son varios los usos que se les puede dar a sus frutos, hojas y tallo en la alimentación y en la construcción de techos y artesanías.

No obstante, las palmas de vida, no son ya un elemento del paisaje muy común en muchas zonas de la sabana inundable, de hecho, los casanareños cuentan frecuentemente como han desaparecido morichales en cuestión de décadas. Hoy muchos llaneros que extrañan sus morichales y ven con preocupación cómo algunas de sus tradiciones se esfuman con esta palma.

Palmas de moriche en el AICA Reservas de la vereda Altagracia.

Es por ello que desde 2015, la Asociación Calidris de la mano de la comunidad local del Área Importante para la Conservación y la biodiversidad-AICA Reservas de la vereda Altagracia en Trinidad-Casanare, diseñó de manera conjunta un programa de restauración de morichales. Gracias al ingenio de las familias Arismendi, Parada, Salazar-Duarte y Morales, se establecieron encierros para palmas de moriche en sus predios que evitan que tanto semillas como plántulas sean consumidas por el ganado, picures (Dasyprocta fuliginosa) chigüiros (Hydrochoerus hydrochaeris), venados (Odocoileus virginianus), cerdos silvestres (Sus scrofa), entre otros animales.

Encierro de moriche Lagunazo en el AICA Reservas de la vereda Altagracia

Gracias al esfuerzo, dedicación y cuidados de las familias de esta AICA, en febrero de 2020 se contabilizaron más de 1000 palmas de más de 2 metros de alto. Los retos de este programa de restauración han sido muchos, algunos astutos roedores nos llevaron a implementar refuerzos periódicos en la malla y alambre para evitar su acceso. El fuego y las extensas temporadas secas, nos llevaron a optar por el riego con bombas hidráulicas solares para aprovechar de forma eficiente el agua en época de sequía. Varios insectos estaban dificultando el crecimiento de las palmas en los encierros, y la alternativa fue hacer control manual de las plantas enfermas y así no afectar el crecimiento de las palmas.

El monitoreo anual de los encierros de moriche son uno de los aspectos clave para el éxito del programa de restauración, y gracias al apoyo de diferentes instituciones se ha podido evaluar año tras año el crecimiento de las palmas de vida. Hoy las familias de esta AICA muestran con orgullo esas palmas que superan la altura de varios de los niños de la vereda y entre sonrisas esperan seguir viendo crecer el moriche que disfrutarán las siguientes generaciones de llaneros.

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