A mediados de los años noventa, cuando comenzamos los Censos de Aves Acuáticas en el Valle del Cauca, encontrarse en campo con un Coclí (Theristicus caudatus) era motivo de celebración. La especie había desaparecido de muchas zonas de la región y cada observación se convertía en un registro memorable.
El Coquito (Phimosus infuscatus), por su parte, parecía estar restringido a la Laguna de Sonso y algunos humedales cercanos. Encontrarlo en otro lugar era una rareza.Recuerdo que, hace un par de décadas, alguien me escribió sorprendido porque había observado en el río Cañaveralejo, en Cali, varios individuos de un “ave extraña” ¡eran Coquitos!
Actualmente, el panorama ha cambiado. Hoy, estas dos especies de la familia de los ibis (Threskiornithidae) son comunes en buena parte del Valle del Cauca y pueden observarse en humedales, potreros, cultivos y hasta en ambientes urbanos.
¿Qué pasó?
Probablemente no hay una sola respuesta. Y lo más interesante es que su aumento no parece haber sido el resultado de una estrategia de conservación diseñada específicamente para ellas.
En el caso del Coclí, diversos cambios pudieron coincidir en el tiempo: la aplicación de normas que prohíben la cacería de fauna silvestre, las restricciones al porte de armas, el aumento en el costo de la munición, la transformación de una región cada vez más urbana y la expansión de la avicultura comercial.
En muchas localidades del centro y norte del Valle, donde alguna vez era apreciado como ingrediente de sancochos y otros platos tradicionales, fue siendo reemplazado por otras presas de más fácil consecución. Nadie estaba pensando particularmente en proteger al Coclí, pero las condiciones para su supervivencia fueron cambiando.
Entonces, el paisaje también le abrió nuevas posibilidades. Palmas ornamentales, árboles aislados e incluso las torres de telefonía celular terminaron convirtiéndose en lugares de anidación.
Con el Coquito la historia fue diferente. La transformación del territorio produjo una red de ambientes, canales, reservorios, cultivos, campos de césped y otros espacios abiertos, que conectaron lugares antes aislados. El Coquito supo aprovechar esas oportunidades y fue expandiéndose gradualmente por buena parte del valle geográfico del río Cauca.
La historia de estas dos aves deja una reflexión interesante
Los cambios ecológicos rara vez responden a una sola causa. A veces ocurren lentamente, casi sin que los notemos. Y, en ocasiones, decisiones tomadas por razones completamente ajenas a la conservación, terminan produciendo efectos inesperados sobre la naturaleza.
En este caso, una suma de cambios sociales, económicos y territoriales, ninguno pensado específicamente para favorecerlas, creó las condiciones para que el Coquito y el Coclí aumentaran sus poblaciones, ocuparan nuevos espacios y pasaran de ser aves poco comunes a convertirse, nuevamente, en parte del paisaje cotidiano del Valle del Cauca.
Quizás esa sea una de las cosas más fascinantes de observar aves durante muchos años: no solo vemos especies. También podemos llegar a ver cómo cambia el territorio a través de ellas.
¡Por las aves, con la gente!
Para más información:
Luis Fernando Castillo
Director
Asociación Calidris