Escrito por: Rocío Moreno
Esta crónica surge de la colaboración entre la Asociación Calidris y BirdLife International en el proyecto Impulsando a las mujeres para la conservación de la biodiversidad. Durante su pasantía en Colombia, Rocío Moreno,estudiante de la Universidad de Cambridge, acompañó al grupo Mujeres como Agentes de Cambio en Casanare, participando en un proceso de reflexión colectiva y fortalecimiento de capacidades locales.
Ya en Cambridge, donde cursaba el Máster en Liderazgo para la Conservación, las conversaciones sobre justicia ambiental y liderazgo transformador despertaron una idea persistente: volver a América Latina para trabajar junto a mujeres que cuidan la naturaleza desde sus propios territorios y saberes.
BirdLife International abrió esa posibilidad, y poco a poco comenzó a tomar forma una colaboración con la Asociación Calidris, organización colombiana con más de tres décadas dedicadas a la conservación y al fortalecimiento del papel de las mujeres en ese proceso. Las primeras reuniones, los correos, las llamadas. Todo se fue hilando con ilusión, pero también con dudas.
El desafío era grande: integrarme en una organización nueva, en un territorio desconocido, y construir en poco tiempo un trabajo que tuviera sentido para ambas partes. Me acompañaban las palabras de Carlos y Yanira, quienes recordaban que trabajar con comunidades requiere escuchar primero, comprender los procesos y llegar con humildad. Volvía a mi memoria la llamada “ciencia helicóptero”, tan evidente en ciertos momentos de mi pasado: personas que llegaban con sus propios objetivos, sin enraizarse ni dejar nada real. Ahora era yo quien llegaba desde fuera, intentando no repetir esos errores.
Al llegar a Bogotá, llevaba conmigo una mezcla de entusiasmo y precaución. Pero bastó un desayuno con Yanira y Carlos para que la incertidumbre se disolviera. En esa primera mañana, entre tazas de café y conversaciones sinceras, entendí que había llegado al lugar correcto.
En Yopal y luego en Trinidad, ambos municipios de Casanare, conocí a Amparo, Yanire, Libia, Patricia, Rocío, Karym y Karina: mujeres extraordinarias, protagonistas de la conservación desde sus fincas, sus familias y su comunidad.
Hablamos de cómo muchas habían tenido que transformar modelos patriarcales presentes en sus hogares y entornos, y de las tensiones que ello implicaba. Vi orgullo en sus palabras, pero también vulnerabilidad. Mencionaban a los padres que enseñaron a sus hijas a ser libres, a los maridos que hoy las acompañan con respeto tras un proceso de cinco años, y a las hijas que crecen con una fuerza nueva, sin miedo a ocupar el lugar que les pertenece.
Llegó el momento de los talleres con el grupo Mujeres como Agentes de Cambio.
Propusimos dos metodologías participativas: el análisis DOFA (Debilidades, Oportunidades, Fortalezas y Amenazas) y el Mapa de los Sueños. Entre ambas dinámicas, las mujeres ordenaron sus aprendizajes, compartieron lo que las fortalece y lo que aún duele, y plasmaron sus anhelos en composiciones visuales con recortes, palabras y dibujos. Volaron aves, germinaron semillas, nadaron tortugas. Sus símbolos hablaban de esperanza, unión y arraigo. Aquellos días mostraron que la conservación nace del vínculo. Y que los sueños colectivos pueden ser tan valiosos como los datos científicos.
Cuando el taller terminó, quedó una calma precisa, casi física, la de saber que algo se había colocado en su sitio. Había sido una apuesta incierta por parte de Asociación Calidris, de BirdLife y, sobre todo, de las propias mujeres, pero el proceso se sostuvo gracias a una confianza silenciosa. No hubo grandes discursos, pero sí muchos gestos. Uno de ellos fue un collar tejido esa misma tarde, que me entregaron al despedirnos: un instante que condensó el trabajo colectivo, el cariño y la generosidad. No era un cierre, sino una forma de continuidad, el símbolo visible de un proceso que lleva años creciendo junto a Asociación Calidris.
Durante cinco años, la Asociación las ha acompañado en su camino de fortalecimiento colectivo. Hoy, varias de ellas lideran iniciativas productivas, proyectos comunitarios y espacios de conservación reconocidos en la región. Verlas hablar de sus logros con la misma serenidad con que antes compartían sus dudas reveló un liderazgo en su sentido más profundo: el que se ejerce desde la constancia, la escucha y la cooperación.
Desde los Llanos, queda claro que el verdadero impacto de la conservación no se mide solo en especies protegidas o hectáreas restauradas, sino en las capacidades que permanecen cuando las organizaciones se retiran. Asociación Calidris ha sabido acompañar sin sustituir y orientar sin imponer, un equilibrio tan difícil como necesario para que los procesos sigan vivos. En esas mujeres está la prueba de que la conservación, cuando nace de vínculos genuinos, tiene raíces mucho más profundas que cualquier plan o metodología.
Para más información:
Carlos Ruiz Guerra
Investigador Asociación Calidris
cjruiz@calidris.org.co
Yanira Cifuentes – Sarmiento
Investigadora Asociación Calidris
ycifuentes@calidris.org.co