Pianguar, un oficio de tenacidad

Les espera una jornada húmeda y caliente, con insectos voladores que intentarán picar todo lo que puedan, las manos estarán ocupadas y embarradas entre las raíces del manglar. La visita al raicero de un piangüero inicia cuando la marea comienza a bajar, necesitan tener el mayor tiempo disponible de agua baja para buscar entre las raíces la piangua (Anadara tuberculosa) un molusco con concha, propio del Pacífico americano, que vive allí. Cubrirse es la prioridad, camiseta manga larga, pasamontaña, guantes y botas hacen parte del traje necesario para su oficio, no solo enfrentan las picaduras de los insectos, sino que también podrían pisar peces con espinas venenosas como el pejesapo o resbalar en las raíces del manglar que pueden tener más de 2 metros de altura.

El mar sube y baja drásticamente cada seis horas aproximadamente en el Pacífico, algunos días del mes estos cambios de marea, duran más tiempo, a lo que se le conoce como puja. “A según estén las aguas” deciden cuántos días de cada puja dedican a este oficio pueden ser de 5 a 7 días. Su conocimiento es intangible, se basa en la observación desde pequeños aprenden a interpretar las corrientes y la textura del barro que les indica la probabilidad de encontrar piangua. Este oficio es considerado de mujeres, pero también se observan en los manglares algunos hombres piangueros.

Esta labor, hace unos años estaba catalogada en su estructura social, como una de las más bajas, se asociaba este oficio a mujeres sucias y de pocos recursos económicos, que carecían de implementos o de la cabeza de hogar, para mantener la economía y por ello su mayor esfuerzo recaía en sus manos, aquellas que repetidamente metían en el barro en busca de la piangua. Desde hace 20 años, la valoración de este oficio comenzó a cambiar paulatinamente, en la actualidad se reconoce a los piangueros como líderes en la conservación de sus territorios; Y es que la piangua es uno de los recursos más valiosos para la alimentación y economía del pacífico colombiano. Esta se consume localmente y es comercializada principalmente a Ecuador, municipios cercanos y Buenaventura. Los otros días pescan, jaiban, escalan pescado o visitan los poblados más grandes para vender su producción. Así pasan los días hasta que llega nuevamente la puja.

Este es un oficio que se aprende desde niños, inician visitando el raicero con sus mamás o abuelas y entre los 10 a 12 años, comienzan hacerlo con sus amigos después de las clases, un espacio de libertad sin la supervisión de los padres, cantando y riendo en el “corrinche”. Además, al llegar a casa, la mamá o el vecino les compraban lo recolectado.

Una de las comunidades que le ha estado apostando a la valoración de este recurso y su conservación, es el Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador, ubicado en el municipio de Santa Bárbara de Iscuandé, departamento de Nariño;  orgullosos de su territorio y en especial de sus manglares, desde hace 7 años decidieron implementar un programa para  frenar la disminución del recurso, asegurando el cumplimiento de las tallas de captura reglamentarias de la piangua, llamado Acuerdo de conservación del Bosque de Mangle.

Este proceso no solo se enfocó en mejorar las condiciones para la especie, la apuesta más fuerte se hizo pensando en mejorar las condiciones de trabajo e influenciar en la calidad vida de los piangueros en particular y de la comunidad en general. Las acciones han sido diversas, desde capacitaciones hasta dotaciones individuales de equipo de trabajo, además como es trabajo de todos, se han realizado inversiones en los diez poblados que conforman el Consejo Comunitario. En la actualidad, el 100% de la pianguas capturadas son mayores a 5 centímetros, a cambio la calidad de vida de la gente mejora poco a poco.

El Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador es un territorio en el que se habla de conservación, orgullosos de su bosque de mangle y preocupados por la sostenibilidad de los recursos naturales. Han logrado posicionarse nacionalmente en el tema ambiental y son reconocidos regionalmente por ser un territorio conservado, en el 2018 recibieron el premio Caracol al medio ambiente, hacen parte del Programa de Custodios de la conservación integrado por Acuerdos de más de 17 países, quienes los visitaron en 2017.

En esta nueva historia post pandemia, nos traerá retos mayores para mejorar la calidad de vida y conservar ese territorio importante para el país. Las mujeres piangueras seguirán siendo, en un contexto machista, mujeres rebeldes, tenaces y líderes que se abren camino en el desarrollo social y económico de los territorios.

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