Mirando afrecheritos, arrieritos y siriríes en cafetales

Puntualmente llegaron al sitio de la reunión y después de una breve introducción escucharon atentos lo que veníamos a contarles1. La mayoría era gente mayor con miradas llenas de la sabiduría que otorgan los años y con los surcos en el rostro que acogen la experiencia de muchos días soleados. No obstante, sus sonrisas siempre fueron espontáneas y las ganas de contar historias hicieron que en más de una ocasión cerrara mi boca y escuchara atentamente lo que me querían compartir.

Brotaron historias de caucheras usadas para matar aves con precisión o de como un coclí2 era el plato apetecido por su infancia. No había oportunidad para juzgar ni horrorizarse por las historias contadas, era tiempo solo de aprender. Después ellos mismos daban juicios a sus acciones y continuaban relatando como un barranquero3 de una de las fincas deja que se aproximen para que le den de comer de la propia mano de uno de ellos. Concluyen que ya no hay tantos pájaros como antes y algunos han desaparecido mientras que otros cada vez son más abundantes. Que la lora maicera4 es una plaga para los cultivos, las guaguas5 y los gurres6 nos acaban la yuca, son frases comunes. Es inevitable que los niños, algunos nietos o hijos, se mezclen en este grupo de caficultores. Con ojos ansiosos ellos también tímidamente intervienen y ríen con varios chascarrillos que resultan de la conversación.

Caminamos cerca de los cultivos y con binoculares sobre su pecho, comenzaron a dejar su incredulidad de lado y a mirar con atención los pájaros que han acompañado su vida y la de sus abuelos. Discusiones bizantinas sobre los colores de las aves se dan en todo momento pero el juego de salir a ver pájaros les parece divertido. Algunos aprovechan la oportunidad de usar los binoculares para ver las casas cercanas y discutir cómo se llama cada propiedad. No obstante, para varios los años les pesan en los ojos y les es inútil usar tales artefactos que les provoca náuseas y falta de equilibrio. El tiempo se escurre entre sus palabras y al finalizar uno a uno estrecha mi mano mientras se despiden e invitan a sus respectivas fincas.

A través de la ventana del vehículo diviso guaduales, cafetales y potreros, el paisaje tiene un manto verde que se confunde con otros colores de flores y nubes bajas. Hemos dejado atrás varias veredas del municipio de Alcalá, en el Valle del Cauca pero cada historia y palabra de los caficultores retumba en mi cabeza al punto que me hacen imaginar cómo era esta tierra antes de ser transformada por la acción del hombre.

Estos caficultores aman su tierra, agradecen la lluvia y el sol, y se evidencia como ellos se esfuerzan por dejar en cada grano de café parte de su sangre y sudor. Con la mirada franca afirman que desean abrigar a cada ave que ronda sus fincas y desean conocer más de estos animales alados. Son esas voces las que te devuelven la fe en la humanidad y suena curioso que justo llegues a esa conclusión en un recorrido por los cafetales en los que solo buscas mirar afrecheritos7, arrieritos8 y siriríes9 con un grupo de labradores auténticos.

Finalmente, me doy cuenta que nunca vimos afrecheritos en ninguna de las visitas realizadas a Alcalá, ellos tienen razón, esta especie ha sido extirpada de sus veredas y según estos caficultores el uso excesivo de pesticidas es la principal causa de ello. Puede ser un interrogante interesante de responder y una buena excusa para volver a visitarlos.

  1. Taller sobre importancia de la biodiversidad asociada a cafetales: Actividad enmarcada en el Proyecto Conservación de la biodiversidad en agroecosistemas colombianos financiado por Environment Canada liderado por la Asociación Calidris.
  2. Theristicus caudatus
  3. Momotus aequatorialis
  4. Pionus menstruus
  5. Dasyprocta punctate
  6. Dasypus novemcinctus
  7. Zonotrichia capensis
  8. Pipraeidea melanonota
  9. En esta región la gente llama a dos especies por un mismo nombre común Tyrannus melancholicus o Pitangus sulphuratus
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