Cuando los biólogos entramos al monte, algunos soñamos y otros se aterrorizan con la idea de encontrar un animal grande, ya sea un oso de anteojos, una danta o un tigre. Entre nuestras anécdotas de campo estas experiencias son más bien escasas, principalmente porque nuestros bosques colombianos han sido deforestados hasta el punto de extinguir localmente a estas especies.

Cuando fuimos por primera vez a Anchicayá en junio de 2010 pensábamos que la experiencia más asombrosa sería ver el Correcaminos escamado o el Paragüero del Pacífico por primera vez, para algunos de nosotros, en su hábitat natural. Siete meses después, los caminos que atraviesan el Parque Nacional Natural Farallones de Cali en los alrededores de la represa del Alto Anchicayá no nos dejan de sorprender, y es que aunque los ornitólogos estamos acostumbrados a observar aves, es imposible no desviar la mirada cuando otros animales no menos asombrosos cruzan nuestro camino.

Durante nuestros recorridos hemos tenido la oportunidad de observar una gran variedad de mamíferos. Las ardillas no pasan desapercibidas debido a que son muy abundantes y en el parque encontramos dos especies, además de la “típica” ardilla roja (Sciurus granatensis) se observan también las pequeñas grises de cola corta (Microsciurus mimulus). Otro reporte recurrente son los Maiceros capuchinos o cariblancos (Cebus capucinus), individuos solitarios y grupos pequeños de estos monos se observan con facilidad saltando entre los árboles junto a la carretera o atravesándola. Por otra parte, aunque es fácil y muy común escuchar a los Monos aulladores (Allouata palliata) ninguno de los miembros del equipo ha tenido el chance de observarlos hasta ahora.

Otros mamíferos presentes en la zona pero menos comunes son el Perezoso de dos dedos (Choloepus hoffmanni) y el Oso hormiguero (Tamandua mexicana) que hemos registrado en dos y cuatro oportunidades, respectivamente. Al contrario de los Mono araña (Ateles geoffroyi), la Tayra (Eira barbara), los Tatabro o Pecarí (Tayassu tajacu) y el Guatín (Dasyprocta punctata) este último encontrado con dos pequeñas crías, que sólo han sido registrados en una ocasión. Sin embargo, el encuentro más emocionante por no decir emotivo hasta ahora ha sido nada menos que con un Venado de cola blanca (Odocoileus virginianus) en enero de 2011, mientras caminábamos junto a la carretera y entre los arbustos se encontraba este venado, tan sorprendido como nosotras. Ninguna lo había visto antes pues es una especie escasa debido a la cacería y la destrucción de su hábitat.

Sabemos que estos no son los únicos encuentros que podemos tener, según funcionarios de EPSA, y sus  anécdotas, en el área se puede observar el Puma (Puma concolor) y el Tigre mariposo (Panthera onca), y la huella de felino grande sugiere que alguna de estas especies o ambas recorren los mismos senderos que nosotros en Anchicayá.

El Parque Farallones es uno de los pocos resguardos de biodiversidad que conserva todas estas fantásticas especies. Estos encuentros nos dan solo una idea de lo significativas que son las áreas protegidas y lo importante que es conservar los bosques y el agua, para que estos animales tengan tanto chance como nosotros de sobrevivir.

Eliana Fierro Calderón

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