En 2006, en el marco del Encuentro Nacional de Ornitología realizado en Villavicencio, conocimos este singular personaje que hablaba de aves y arroz. Perplejos lo escuchábamos sin entender muy bien su mensaje, pero desde entonces este representante de Fedearroz nos brindó su amistad y complicidad para construir juntos una iniciativa en busca de hacer de los cultivos de arroz una oportunidad de conservación para las aves en Colombia.

Muy pronto nos abrió la puerta de su hogar en Villavicencio donde tuvimos el gusto de conocer a su hermosa familia y juntos iniciamos un recorrido por arrozales del Meta y Casanare. Sin reserva alguna desnudó los secretos que se guardan entre las espigas y como las aves resultan ser más que un simple adorno del cultivo. Pero fue con una taza de café en la mano que nos dio a conocer su locura más grande, a la cual bautizaba como las Alas del Arroz.

La sencillez y transparencia de Carlos Millán nos permitió conocer la Orinoquia y su grandeza, él un hijo adoptivo de estas tierras nos compartió sus saberes y experiencia que incluso a través de su lente quedó plasmada para la eternidad.

Sin embargo su legado más notable, las Alas del arroz hoy cruza fronteras, una iniciativa que promueve, fortalece e implementa aquellas prácticas de manejo en el cultivo de arroz que contribuyen a la conservación de la biodiversidad. Este su sueño lleva siete años en marcha y sigue creciendo y atrayendo aliados. Incluso como alguna vez él nos contaba, esta iniciativa incluye a los que Carlos denominó las hadas del arroz: los insectos, particularmente las libélulas.

El tiempo no nos permitió volver a compartir un cafecito con él nuevamente, quizás hubiéramos iniciado otra nueva locura juntos, quizás hubiéramos reído y hablado sin cesar o lo más seguro es que hubiéramos terminado pajareando y fotografiando aves, mariposas y libélulas en un arrozal.

Hoy esperamos que desde donde se encuentre vea como seguimos su legado, queremos que aprecie como su sueño sigue creciendo y con la tristeza hecha nudo en la garganta y un vacío en el pecho te decimos adiós.

A Carlos un inmenso gracias por estas ideas y conceptos, por abrir nuestros ojos y hacer de las Alas del arroz una realidad.

Porque viste alas entre espigas

y sueños entre barbechos

Porque adoptaste la belleza

de un grano y su labor

atada a un amanecer en la sabana

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