La bocana de Iscuandé: La conservación en medio del conflicto

Nuestro país es reconocido a nivel mundial por su rica biodiversidad y por contar con un amplio mosaico de ecosistemas y ambientes presentes a lo largo y ancho del territorio, de igual forma es considerada una nación multiétnica y pluricultural según la Constitución Política de 1991.

De otro lado, desde hace más de medio siglo vivimos un conflicto interno, que si sumamos víctimas fatales y desplazados, ha afectado ya a varios millones de compatriotas. Un elemento importante a tener en cuenta en esta situación es que muchas de las zonas donde se libran los frentes del conflicto coinciden con sitios de alta riqueza biológica o ecosistémica por lo que constituyen áreas de importancia para la conservación.

Uno de los tantos sitios que amalgama estas características es la Bocana del río Iscuandé en la costa Pacifica del departamento de Nariño, al sur oeste de Colombia. Aquí viven unas 3000 personas en su mayoría afrodescendientes dedicadas principalmente a la pesca y a la agricultura de subsistencia. Aquí se encuentran quizás los manglares mejor desarrollados de todo el Pacífico americano, combinados con extensas playas areno-fangosas, las cuales constituyen la cuna de tortugas marinas y también son usadas anualmente por miles de aves playeras durante su viaje migratorio desde Canadá y Estados Unidos. Esta última singularidad hizo que la Bocana fuera incluida como parte de la Red Hemisférica de Reservas de aves Playeras (RHRAP), siendo en la actualidad el único sitio que ostenta esta distinción en Colombia.

Todo este proceso ha sido posible gracias a la participación de la comunidad local y a su interés en administrar y conservar su territorio, una facultad reconocida por nuestra Carta Magna como parte de los derechos de los grupos étnicosminoritarios existente en nuestro país y que dio origen a los Territorios Colectivos y a los Consejos Comunitarios de comunidades negras.

Lamentablemente y tal como viene sucediendo en muchas zonas de la costa Pacifica colombiana, recientemente todas las familias de Juanchillo, una de las nueve comunidades presentes en la Bacana de Iscuandé,  tuvieron que abandonar su territorio debido a una situación de violencia generada por un actor armado que opera en la región.

Transcurrido ya un mes desde los hechos, las más de 150 personas siguen en la Cabecera municipal refugiados en un centro educativo, subsistiendo gracias al apoyo del gobierno local, las organizaciones de socorro y la solidaridad del pueblo colombiano.

Las condiciones de seguridad en el área no han sufrido deterioro, pero aun no hay fecha de regreso confirmada para estas familias, por lo que continuarán en situación de desplazamiento y con ellas todos los planes que se tienen diseñados para fortalecer el proceso de conservación en esta importante zona.

Aunque algunos conservacionistas opinan que la violencia ha sido una de las razones por la cual muchos ecosistemas del Choco biogeográfico están en relativo buen estado ya que desestimula la inversión en la región; para  nosotros esta afirmación constituye un análisis reduccionista que excluye a la gente y olvida el impacto social que los grupos armados generanen estas pequeñas comunidades (desplazamiento, desarraigo, aumento de cinturones de miseria en centros urbanos, etc).

Creemos firmemente que la conservación solo es posible involucrando a la comunidad local, quienes son los guardianes naturales de los recursos; por eso nuestra apuesta, al igual que la de nuestros socios y financiadores ha estado orientada en ese sentido y por eso buena parte de los esfuerzos desarrollados en la Bocana de Iscuandé buscan apoyar los procesos educativos y fortalecer la capacidades de los líderes locales, esto como estrategia para asegurar logros sostenibles que se reflejen en la integridad ecológica del sitio y en la calidad de vida de su gente.

Por el momento seguiremos a la espera de que todos los habitantes de Juanchillo puedan volver  a sus hogares y que este territorio, así como su forma de vida como pueblo afrodescendiente, esté al margen del conflicto armado-mercantil; nosotros estaremos atentos a seguir acompañando y exigiendo el respeto a su autonomía y haciendo visible no solo lo que pase en Juanchillo sino en cualquiera de las comunidades de la Bocana de Iscuandé, ya que como lo dice el slogan que repiten los niños del Centro educativo local, este es “un lugar para vivir y para conservar”, aunque por ahora deban hacerlo en medio del conflicto.

Por: Luis Fernando Castillo
Director Ejecutivo
Asociación Calidris

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