El Cuervo y la Maríamulata

Alguien alguna vez afirmó en una tertulia de amantes de las aves: “en Colombia no tenemos cuervos pero no nos hacen falta pues tenemos a la maríamulata”. Frase que por años me sonó a elogio hacia las maríamulatas (Quiscalus mexicanus) hasta que conocí al cuervo (Corvus brachyrhynchus) en Norteamérica Quizás el cine y la literatura nos han mostrado con frecuencia la mala imagen del cuervo, esa ave compañera y cómplice de brujas y villanos, protagonista de terroríficos filmes como “Los Pájaros” de Hitchcock o han sido mencionadas en obras de autores como Shakespeare, Poe o Esopo quien las incluyó como personaje principal en varias de sus fábulas.

Lo interesante de todo esto, es que de tanto asociar a los cuervos con el mal, al momento de tenerlos cerca, llegué a sentir algo de temor. Tal sentimiento fue ahondado, cuando un cuervo me persiguió en un paseo matutino en bicicleta, al punto que debí aumentar la velocidad para evitar el acecho y su fuerte voz.

Pero volviendo a la maríamulata, no creo que nadie haya tenido tal sensación al conocerla o estar muy cerca de ella, así que ahora tal comparación no me parece muy acertada.

Para empezar, los cuervos pertenecen a la familia Corvidae mientras que la maríamulata pertenece a la familia Icteridae, la misma de los toches y turpiales. Es decir cuervo y maríamulata no son parientes cercanos. El cuervo tiene una amplia distribución en el mundo, pero no se encuentra en Suramérica, donde la familia Corvidae tiene como representantes a los géneros Cyanolyca y Cyanocorax, conocidos como urracas, carriquies, quenquenes o cosquiós, aves también astutas, sociales pero de llamativos plumajes y vocalizaciones.

Una de las especies de cuervos más comunes en Norteamérica es el cuervo americano, habitante tanto de áreas urbanas como rurales. Por su lado, la maríamulata, habita playas, manglares, bordes de bosque, humedales y áreas urbanas de localidades costeras en Colombia, además se restringe a las zonas bajas y costeras de nuestro país, aún no habita los Andes y se distribuye desde el sur de Estados Unidos hasta Perú.

En algunas áreas del Caribe colombiano, la maríamulata puede ser confundida con un pariente muy cercano, el tordo llanero (Quiscalus lugubris) o más frecuentemente con el garrapatero (Crotophaga major). Por eso maríamulata y garrapatero son llamadas indistintamente como cocineras o lucías. Sin embargo, hay que considerar que “la maríamulata no cocina”, es decir, la voz característica de Crotophaga major se asemeja a una olla de arroz hirviendo, mientras que una de las voces más características de la maríamulata es similar a la palabra lucía (luuuuuuCÍA) o maría (maaaaRÍA). En el Pacífico colombiano, la maríamulata es conocida como chango, fiel visitante de la cocina y la “azotea”, donde de forma atrevida se apodera de ollas y lavaplatos.  La osadía de la pedigüeña maríamulata puede ser evidenciada en cualquier restaurante o cafetería a la orilla de la playa de cualquier poblado costero.

El cuervo y la maríamulata, sin lugar a dudas, son aves muy conocidas, inteligentes, adaptables y ruidosas que aprovechan una amplia variedad de alimentos. Ambas especies parecen haberse acostumbrado a la presencia del hombre y han logrado sacarle el jugo a su cercanía para aumentar sustancialmente sus poblaciones. Por eso, el cuervo y la maríamulata son aves comunes y abundantes en su rango de distribución con una notable influencia cultural en América. Es conocido por muchos el refrán: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Aún no conozco alguno que implique a las maríamulatas, pero seguro existe alguna frase o está siendo inventada en estos momentos, algo como “Pide más que maríamulata” o “Más Cartagenera que la maríamulata no hay”.

Cabe anotar que la maríamulata ha inspirado un buen número de obras artísticas en Colombia y por eso es posible encontrar un monumento dedicado a estas aves en ciudades como Barranquilla, Cartagena, Valledupar o Cali, gracias a la admiración que el artista cartagenero Enrique Grau sintió por ella.

Cuervos y maríamulatas son aves que representan en algunos sitios una amenaza para otros animales, en especial cuando éstas son introducidas a un lugar por el hombre, han ampliado su rango de distribución o han aumentado en forma incontrolada su población. Entre sus “víctimas” algunos autores consideran principalmente a otras aves durante la época reproductiva, ya que comen sus huevos y polluelos. Los neonatos de las tortugas son otra presa para aves como las maríamulatas. Por lo tanto, la erradicación de estas dos especies en localidades específicas ha sido una medida tomada con frecuencia.

Villanos en la vida real o en la ficción, no se puede obviar estas aves de nuestro diario acontecer.  La maríamulata es símbolo actual de trópico, alegría y astucia; el cuervo símbolo de temor, inteligencia, tenacidad y muerte. Hoy este texto se adiciona al número incalculable de obras basadas en el cuervo y se suma a la lista creciente de obras elaboradas como producto de la fascinación por la maríamulata. Quizás algún día trate de emular a Esopo y escriba una fábula que las incluya como personajes principales. El inicio narraría como maríamulata y cuervo persiguen a un hombre asustado que maneja su bicicleta por un pueblo pequeño en una mañana de verano, a pesar de los esfuerzos de éste por huir, las aves logran alcanzarlo y…

Por ahora la fábula está inconclusa, ni siquiera he pensado en la moraleja, ni quien será el villano entre maríamulata y cuervo, tampoco las veo de amigas entre sí, de fábula puede pasar a ser cuento. Así que como dice ese nuevo y no reconocido refrán: “Escribe sobre cuervos y maríamulatas y será difícil terminar”.

Carlos José Ruiz
Biólogo
Asociación Calidris

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