Ciénaga Grande adentro

Es inevitable imaginar que mis abuelos y sus antepasados deambularon por estos lares en algún momento de sus vidas. Recorrer hoy estos caminos me hace imaginar las travesías de mis ancestros por las tierras y aguas que no conoceremos y la hermosura que nunca más veremos. Si hoy me maravillo yo con lo que veo, no puedo calcular lo que las miradas de antaño tuvieron el privilegio de presenciar.

Navegamos por la Ciénaga Grande de Santa Marta y la oscuridad empieza a desaparecer pues el sol escala la Sierra Nevada y nos lanza sus primeras luces. El destino se muestra más claramente ante nuestros ojos, son las desembocaduras de los ríos paridos por la Sierra que sucumben en la Ciénaga y colorean el paisaje con su verde característico, mientras que las voces de los monos aulladores se sincronizan con los cantos de los pájaros.

Desde las bocas del río Sevilla a las del Fundación, la pasividad es quebrada por el rey del manglar, él gobierna estos bosques, el cormorán dueño y señor de la Ciénaga Grande de Santa Marta cubre los cielos con miles de individuos e invade el aire con su voz porcina. El  manglar huele a él, las aguas las domina con nubes de individuos y aunque el flamenco y el pato careto son ya símbolos de estas ciénagas, no es posible destronar al cormorán como amo supremo.

La Ciénaga Grande es el lugar más característico de la Tierra del Olvido con sus aves, micos, caimanes, peces, gentes y mangles, no tenemos certeza de qué tanto hemos perdido y qué tanto perderemos, pero ciénaga adentro aún hay vida de la cual todos dependemos pero a la cual también aniquilaremos con galopantes amenazas por doquier. Nunca mis abuelos me contaron sobre estos rincones macondianos o si lo hicieron ya lo olvidé, quizás ellos creyeron que debía verlo con mis propios ojos para entender y apreciarlo. Poco a poco dejamos atrás las negras nubes de cormoranes, los blancos gaviotines que revolotean en estas aguas, las casas multicolores de Nueva Venecia, el rosado de los flamencos, el azul de las alas del pato careto, el verde manglar y el plateado de las lisas.

Espero volver a adentrarme nuevamente en la Ciénaga viviente en compañía de los que me han revelado sus secretos, los funcionarios del Santuario de Flora y Fauna Ciénaga Grande de Santa Marta, con quienes estudiamos las aves acuáticas de esta área protegida desde 2011.

 Por:
Carlos José Ruiz-Guerra
Biólogo Investigador
Asociación Calidris

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