Bitácora de un viaje a Iscuandé

El viaje inicia en Cali desde donde tomamos un avión rumbo al municipio de Guapi, para desde allí embarcarnos por el río hasta llegar al territorio del Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador, Ensenada de Iscuandé, Pacífico nariñense.

Nuestra tarea enfrentaba un gran reto: procurar que los pobladores de las veredas de Cuerval, Juanchillo, Ensenada, Las Varas, Bocas de Guaba, Estero largo, Soledad Pueblito, Soledad Pesquera y Macharal, imaginaran a partir de sus intereses y conocimientos, el futuro de sus bosques de manglar; la expresión técnica de este propósito se denomina “zonificación ambiental” pero en términos prácticos se buscaba inspirar a los participantes, a observar, recordar y reconocer esa porción de territorio que han elegido para vivir en comunidad, construir sus casas, enfrentar las vicisitudes del tiempo y los desafío propios de vivir en una de las regiones de mayor biodiversidad de Colombia, el pacifico colombiano.

Manglares y comunidades, una relación con historia

Desde los lejanos archipiélagos colombianos, pasando por la Guajira hasta los límites con Ecuador, el gran tejido manglares atraviesa ensenadas, bahías, golfos, desembocaduras y humedales, adaptándose a las mareas, las corrientes marinas, los vientos, las lluvias y la sedimentación de los ríos.

La costa Pacífica colombiana tiene aproximadamente 292.724 hectáreas de manglar, de acuerdo a estudios del Invemar, dada su alta productiva y su gran biodiversidad, son muchos los esfuerzos institucionales y comunitarios para trabajar en la elaboración de acciones estratégicas que garanticen su conservación, tanto para las comunidades como para la diversidad de especies que encuentran en el manglar, su hábitat y medio de vida.

Hace ya 24 años, la Constitución Política Colombiana declaró un marco legal para que las comunidades afrodescendientes, pobladores históricos de las costas colombianas, pudieran ejercer el derecho a tomar decisiones en cuanto a lo que atañe a su territorio y sus implicaciones en la vida cultural, económica, social y ambiental. Una perspectiva sin duda atractiva, deseable y justa, que en la práctica ha significado un largo camino, no sin sobresaltos, limitaciones y retos.

Ser pobladores y administradores de su territorio como lo expresa la ley requiere acceder a los instrumentos propios de la gestión política administrativa.

Imaginar su territorio

Reconocer las experiencias, revisar las prácticas, valorar los saberes y ponderar los intereses, fueron las claves iniciales para animar una conversación, que proyectará un acuerdo grupal respecto a las formas de relacionarse con el manglar, relación de por si histórica y ya dada en este contexto. Decir manglar en las veredas de Consejo Comunitario Esfuerzo Pescador, es decir pesca, trabajo, techo, alimento, protección, agua, brisa, paisaje y fauna. Decir manglar es nombrar lo que está fuera y dentro de sus experiencias, es visitar la memoria, pues llevan gran parte de sus vidas familiarizados con las formas y sonidos de este gran tejido que atraviesa las dos costas de nuestro país. Imaginar entonces la técnica y el instrumento para la gestión ambiental de sus manglares tiene profunda vinculación con el apego y la pertenencia con su territorio, esa porción de país que habitan.

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