Algunos secretos revelados de los playerólogos – Gente que estudia las aves playeras

En Colombia y en otros países de Latinoamérica el grupo de personas que estudiamos las aves playeras es reducido, si se compara con el de otras latitudes. Los Playerólogos,  como comúnmente se nos conoce, tenemos muchas cosas en común y ciertas particularidades que hacen que nos identifiquen más fácilmente del resto de biólogos dedicados a otros grupos de aves.

En primer lugar, una característica muy propia de los playerólogos es que nuestras aves, por decirlo de alguna forma, hablan inglés. Los términos, los nombres y la jerga es totalmente traída de aquellos que han dedicado más años y personas a investigar a las aves playeras, los norteamericanos y europeos. Es entonces claro, que la palabra shorebirds se use más que su equivalente en castellano y hasta se vuelva todo un dolor de cabeza para todos los que balbuceamos el inglés y nos tropezamos con la palabra bird (/b3ːd/). De ahí que terminamos por pronunciar cosas como Shortbeard (Barba corta), Shorebear (Oso playero) o Chorebeer (Cerveza Chore), entre otras posibilidades.

Entonces una alternativa podría ser importar el término europeo para las aves playeras, que es waders (/ˈweɪdəʳ/), término que generalmente usamos para agrupa a las aves vadeadoras o zancudas como las garzas y los ibis. La ventaja de la palabra wader es que puede ser más fácilmente pronunciada por los latinos, e incluso nos podrían entender más claramente. Lo anterior tiene mucho que ver con las presentaciones de los playerólogos latinos ante público angloparlante, pues en varias ocasiones nuestra pronunciación ha provocado en la audiencia alguna que otra sonrisa cuando por ejemplo, hemos mencionado que uno de los hábitats claves para las aves playeras en nuestra área de estudio es la playa arenosa sandy beach, palabras que el desprevenido miembro de la audiencia puede tomar como que nuestra charla trato sobre una señora de mala reputación que le gusta la arena al no hacer la diferencia entre /biːtʃ/ y /bɪtʃ/.

No obstante, habría también que ponerse de acuerdo en cómo llamamos a nuestro grupo de estudio en castellano. Aves playeras, limícolas, playeros, correlimos, caicas, ojeadores, becasinas, chorlos, chorlitos, playeritos, piuras, chirlitas, chirlos, rajavientos son apenas unos de los tanto términos que existen en el país y el continente para denominar a todos los representantes o algunos grupos en particular de las aves playeras. Al tratar de usar los dos más comúnmente empleados, limícolas y aves playeras, es preciso que salte el comentario de que el pellar común (Vanellus chilensis) y el alcaraván (Burhinus bistriatus) no son las aves playeras más típicas pues son observados frecuentemente en potreros y cultivos y no cerca de playas o que el gallito de ciénaga (Jacana jacana), parece más una polla de agua que un limícola. Y sigue el listado de excepciones para las cuales no es posible aplicar un término totalmente universal.

Empezamos así a entender que somos pocos a los que nos gusta, pasar tiempo prolongado detrás de un telescopio para identificar y contar nuestras aves playeras; sin olvidar que nuestra labor implica cargar el pesado trípode, tener barro por encima de las rodillas, tener que resignarnos a identificar sólo a género aunque tengamos al ave en la mano porque las medidas coinciden entre especies o simplemente visualizar una playa como un sitio de trabajo y no de descanso.

Pero también nos alegra ver miles de aves volar en total sincronía, escuchar el sonido de sus alas a gran velocidad acompañado de fuertes vocalizaciones y entender que muchas de ellas viajan kilómetros y kilómetros desde su sitio de reproducción en un tiempo corto, o que otras son capaces de meter bajos sus alas a todos sus polluelos para protegerlos de un depredador. Resulta totalmente impresionante ver como algunas especies de aves playeras son capaces de actos heroicos durante la época reproductiva pues algunos simulan tener un ala rota y se arrastran de manera exagerada como acto de distracción para alejar el enemigo de sus hijos.

Tal vez por eso y mucho, los que estudiamos las aves playeras, shorebirds, waders o limícolas preferimos de vez en cuando hacer parte de una bandada y compartir un poco de lo que nos han enseñado estos curiosos animales.

Por: Carlos José Ruiz Guerra

Biólogo Investigador

Asociación Calidris

 

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